Bienvenidos a La Toscana catalana: una ruta por los pueblos medievales del Baix Empordà

Pocos lugares concentran tanta belleza como las villas de esta comarca de Gerona

Noelia Ferreiro
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Foto: ISTOCK

La Costa Brava, ese prodigio de la ribera catalana cuajado de playas, calas y acantilados, esconde en su interior un territorio moldeado por los vientos de la Tramontana y dibujado con murallas, torres y fortalezas que emergen entre viñedos. Son los pueblos del Baix Empordà, que propician un viaje al Medievo. Una aglomeración de maravillosos entramados de piedra, con los que de pronto se retrocede en el tiempo para irrumpir en un escenario de princesas y caballeros, de dragones y mazmorras.

D.R.

Hay quien ve cierta similitud entre esta comarca de la provincia de Gerona y la magia de la Toscana. Es posible. Ambas gozan de un bonito entorno natural, una gastronomía con nombre propio y un pausado modo de vida que gira alrededor de las estaciones y, con ellas, de las labores del campo.

Piedra de color miel

El Baix Empordà, que da la espalda al litoral impetuoso y se refugia bajo los Pirineos Orientales, también es, muchas veces, una especie de atalaya desde la que presentir el aroma del mar y los fríos de las cumbres. Entre ambos mundos se debaten estos pueblos que parecen auténticos baluartes, construidos con una piedra arenosa que les otorga el color de la miel.

Aquí se viene a desconectar de la rutina y a reconectar con la naturaleza. A disfrutar de una calma que ha llevado a denominar el recorrido por estos parajes como “la ruta del silencio”, puesto que es la ausencia de ruido la que marca los pasos. También se viene, claro, a comer, que para algo esta región, gracias a sus poderosos restaurantes, se ha logrado situar en lo más alto del panorama culinario mundial.

Begur es uno de los mayores centros turísticos del Baix Empordà. | GETTY

En ‘burricleta’

Y para recorrer estos parajes, nada como la burricleta. ¿Es una mezcla de burro y bicicleta? Más o menos. En realidad son bicis rurales eléctricas que se alquilan con un GPS interactivo para viajar a un ritmo pausado por estos bellos caminos. Una forma de fomentar el ecoturismo, al mismo tiempo que se aprende con audios de contenido cultural.

Con la burricleta será fácil descubrir el encanto de Pals, tal vez la localidad más famosa de este conjunto medieval. Encaramada a un monte y visible desde la distancia, esconde un trazado delicioso de callejuelas empedradas que conducen a un castillo. Desde la Torre de las Horas, construida entre los siglos XI-XIII, y desde el mirador de Josep Pla se vierten unas vistas fabulosas que llegan hasta las playas.

Toni Leon

Reconocido arroz

En Pals, donde no hay que perderse la iglesia de Sant Pere, el arroz es el producto estrella, cultivado desde tiempo inmemorial. Tal es su relevancia que todos los años (cuando la circunstancias lo permiten) se celebra la fiesta de la plantación y la de la recogida, en la que todos los restaurantes ofrecen un menú arrocero.

Villa medieval de Pals. | GETTY

Gualta, menos conocido, atesora sin embargo otra de las imágenes icónicas del Baix Empordà: la del puente románico sobre el río Daró, que data del siglo XVI y cuyo pavimento exhibe ciertas marcas que se corresponden con las ruedas de los carros que antaño lo cruzaban a diario transportando mercancías y rebaños.

Ocho apellidos catalanes

Otra grata sorpresa es el pueblo de Palau Sator, amurallado, precioso, con calles circulares que circulan en torno a la plaza del castillo. Un lugar declarado Bien Cultural de Interés Nacional y que compite en belleza con Monells y su magnífica plaza porticada, si bien este último sí que goza de mucha fama: la que le otorgó ser el escenario de la película Ocho apellidos catalanes.

También entre los más codiciados figura Peratallada, al que se acercan los turistas para conocer a la vieja dama del Empordà. Un municipio ciertamente pleno de atractivo con su embrollo de vías serpenteantes y sus elementos góticos en la piedra ocre. Vulpellac, Cruilles, Torroella de Montgrí, Rupià, Corçà… y otros tantos completan la ruta medieval por esta comarca que desafía el paso el tiempo.

Vincent van Zeijst