Bienvenidos a la asombrosa Farafra y el universo blanco egipcio

Uno de los secretos del país de los faraones

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: cinoby / ISTOCK

El río Nilo avanza majestuoso por la franja oriental del país de los faraones mientras el desierto avanza inexorablemente por todo el sector occidental, salpicado en contadas ocasiones por bellos oasis de verdor en un universo de arena.

Farafra, Egipto
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Es precisamente en uno de esos reductos de vida, de nombre Farafra, de donde parten nuestras referencias para seguir la pista de uno de los grandes secretos de esta parte del mundo que mira frente a frente a la inmensidad de este mundo de aridez.

Farafra, Egipto
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Hablamos del Desierto Blanco, un prodigio de la naturaleza ubicado en el seno de la inabarcable depresión de Farafra. Un desierto distinto a cualquier otro, en el que el paso del tiempo ha creado para nuestra sorpresa un escenario sorprendente y bello a partes iguales.

Del oasis más pequeño a una maravilla natural

A la altura central de Egipto, en el sector occidental de las tierras desérticas del país, se extiende la depresión de Farafra, una enorme superficie casi despoblada salvo por la excepción de una comunidad de beduinos de unas 5000 personas que siguen aprovechando la presencia, en este punto, de más de 100 pozos de agua que utilizan para la irrigación de las tierras.

Farafra, Egipto
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El oasis de Farafra, conocido como Ta-Iht por la población local, es el oasis más pequeño, menos poblado y más aislado de entre los oasis de Egipto, contrastando por sus características con otros como el de Dakhla y Bahariya, los más célebres de este sector desértico del país.

Entre las casas de adobe de estilo tradicional que encontramos en el entramado urbano del asentamiento de Farafra, nos topamos junto a una gasolinera con una base de visitantes de la que parten las expediciones hacia un lugar mágico de toda esta región desértica, el Desierto Blanco.

Farafra, Egipto
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El antiguo lecho del mar

El Desierto Blanco es una de las grandes atracciones de la depresión de Farafra y un destino recurrente desde el oasis del mismo nombre. Situado a unas decenas de kilómetros al norte de esta población beduina, se trata de un destino muy apreciado dentro de Egipto tanto por su belleza como por la posibilidad de acampar en él durante la noche.

Farafra, Egipto
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Poco conocido, sin embargo, fuera de las fronteras del país norteafricano, constituye una vasta extensión que destaca por su morfología y paisajes, muy diferentes a las típicas imágenes que recordamos de este tipo de espacios.

Aquí, en vez de las interminables dunas de arena amarilla, podemos admirar un escenario natural dominado por el color blanco, constituido por formaciones de piedra modeladas a lo largo de miles de años por el viento.

Farafra, Egipto
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Siendo en origen, hace millones de años, el lecho de un mar interior de escasa profundidad en el que, con el tiempo, se fueron acumulando depósitos de yeso y rocas sedimentarias de piedra caliza, posteriormente se fue transformando a medida que las aguas se fueron retirando y el viento continuara con una lenta pero efectiva acción de erosión, regalándonos en la actualidad un paisaje asombroso de una belleza incuestionable.

La herencia de aquel mar interior permite que aún encontremos abundantes fósiles de animales marinos en las rocas que conforman esta área protegida. Unas rocas redondeadas que se asemejan a pequeños montículos en forma de media luna, entre los que sobresalen impresionantes esculturas que pueden alcanzar alturas de hasta veinte metros de altura, - como la conocida como “Al Qubar” -, con formas caprichosas y en ocasiones difíciles de creer de acuerdo a la lógica.

Farafra, Egipto
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Un desierto impactante en el que la luz del sol refleja sus rayos creando diferentes tonalidades, como ocurre en las franjas horarias cercanas a la puesta del sol y el amanecer, cuando se dan los momentos más apreciados por los visitantes para admirar la belleza de este increíble lugar.

Es por ello que son frecuentes las pernoctaciones en el mismo sitio, con el valor añadido de poder disfrutar de las noches estrelladas bajo la atmósfera sobrecogedora del desierto.