72 horas en Belfast

La principal ciudad de Irlanda del Norte es famosa por muchos motivos. Su dramático pasado es solo uno de ellos y, aunque la historia está muy presente en sus calles, Belfast es mucho más: una ciudad artística, dinámica y vibrante con mucho que ofrecer. ¿Te vienes?

Viajar para Turismo de Irlanda
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Cualquiera que viaje a Irlanda del Norte tendrá que darle la razón al actor Liam Neeson, uno de sus hijos más ilustres, que asegura que esta tierra es el secreto mejor guardado del mundo. No será, sin embargo, por mucho tiempo porque su capital, una ciudad sorprendente y llena de vida, está firmemente decidida a darse a conocer, a no consentir que su pasado emborrone su futuro y a convertirse en un secreto a voces. Belfast tiene el tamaño perfecto para recorrerla a pie y sin prisas, empapándose de la historia que guarda cada rincón, deteniéndose sin complejos es sus famosos pubs y disfrutando de su cocina que se ha convertido en el nuevo referente gastronómico de Europa. Hay tanto en esta ciudad que un fin de semana se quedará corto. Por eso proponemos una escapada de tres días, con una advertencia: te quedarás con ganas de más.

Día 1. Del Titanic al centro histórico

Chris Hill

El Titanic, el trágico Barco de los Sueños, se diseño y se construyó en Belfast y eso ha marcado un hito muy importante en su historia. Elevándose como un barco junto a las aguas del lago Belfast , el Centro Interactivo Titanic Belfast cuenta con el aval de haber sido reconocido como la principal atracción turística del mundo en los premios World Travel Awards. Su reluciente exterior contiene nueve galerías repartidas en seis pisos que reproducen la altura del Titanic, así como exposiciones interactivas, un cine submarino y una exposición sobre los astilleros.

Para completar la experiencia, es más que recomendable subirse a The Wee Tram Tour, un recorrido circular alrededor del barrio de Titanic Quarter en tranvías iguales a los que se usaban para transportar a los trabajadores que construían el Titanic en aquellos tiempos. Esto es historia marítima en su expresión más fascinante.

Como probablemente la visita nos habrá abierto el apetito, podemos poner rumbo hacia el Mercado de San Jorge. Se trata de un edificio victoriano de principios del siglo XIX convertido hoy en un animado punto de encuentro con más de 150 comerciantes. El mercado abre de viernes a domingo y ofrece una selección de dulces elaborados a mano, tés y cafés, además de antigüedades, ropa, joyas y arte, que lo convierten en una cornucopia de caprichos, aromas y sabores. Además, para deleite de los amantes de la música, el mercado suele ofrecer música en directo de grupos locales.

John Miskelly

Para bajar la comida, nada mejor que pasear por el casco histórico. El Ayuntamiento, destacando en Donegall Square, es todo un icono del paisaje urbano de Belfast, con su bóveda de cobre, su inconfundible estilo barroco y brillantes muros blancos: las visitas son gratuitas y merecen la pena especialmente para los interesados en la historia. Dejándonos llevar por el corazón de la ciudad encontraremos otro de sus emblemas, el Albert Memorial Clock, una torre con reloj de estilo gótico erigida en 1869, callejearemos por The Entries, estrechos callejones –los más antiguos de la ciudad–plagados de tiendas, restaurantes y pubs en los que fácilmente nos darán las tantas al ritmo del inmenso legado musical de Irlanda. 

Día 2. Arte y cultura con esencia irlandesa

Ireland's Content Pool

¿Hay algo más apetecible que comenzar la jornada con un paseo matutino entre las flores? El Jardín Botánico de Belfast, abierto desde 1828, es un lugar emblemático de la ciudad que no te debes perder. Todo el jardín es una delicia, pero sus dos invernaderos son dos auténticas joyas: The Tropical Ravine, alberga plataneras, árboles de canela y orquídeas y The Palm House, una magnífica construcción de hierro y vidrio está repleto de palmeras, cactus, helechos y tulipanes.

Chris Hill

Y ya que estamos paseando, podemos encaminar nuestros pasos a la Queen’s University, que está muy cerca y que nos dejará pasmados por su imponente arquitectura. Se trata de un conjunto de 100 edificios de estilo Tudor que se construyó tomando como inspiración el Magdalen College de Oxford. Destaca en particular la fachada de ladrillo rojo de su edificio principal, decorada con almenas y torretas. También será un placer recorrer sus patios y jardines, admirando sus magníficos magnolios.

Tony Palvin

Como es fácil que ya estemos cansados de caminar, podemos seguir visitando la ciudad a través de una de los planes más atractivos que ofrece a los visitantes: un tour en taxi negro. Se trata de una de las mejores formas de ver el famoso arte mural de Belfast y de conocer a fondo el Cathedral Quarter, epicentro de la vida nocturna de la capital y una de las visitas obligadas si vienes a Belfast.  No sólo por los numerosos pubs, restaurantes y comercios que existen en la zona, sino por la gran cantidad de arte urbano que aquí puedes ver. Tu conductor te proporcionará una instructiva clase de historia, sazonada con anécdotas locales que te ayudarán a hacerte una idea de las tradiciones de la ciudad mientras aprendes acerca de la historia de 'the Troubles', el nombre que se da en Belfast al conflicto de Irlanda del Norte. Los guías nos llevarán a través de los murales por la historia de aquellos tiempos de inestabilidad política y conflictos.

Día 3. Escapada de lujo

Arthur Ward

Hay dos cosas que no pueden faltar en cualquier visita a Irlanda: sentir el pulso de su soberbia naturaleza y visitar alguno de sus míticos castillos. Podemos cumplir con los dos objetivos en una única excursión, a tiro de piedra de Belfast, siguiendo alguno de los senderos señalizados que se adentran en el Parque Natural de Cave Hill. Su nombre se debe a las cuevas artificiales construidas en el acantilado, pero esta colina también es conocida por otro apodo: “la nariz de Napoleón”. Si la contemplas desde cierto ángulo, se apreciará que tiene un parecido cómico con una cara. Desde otro ángulo se percibe otra silueta que se cuenta que fue la que inspiró al escritor Jonathan Swift para crear al gigante dormido en “Los viajes de Gulliver”. Ascendiendo hasta la cima, a 368 metros por encima del nivel del mar, encontraremos el Castillo de Belfast. La subida no es apta para cardíacos, pero las panorámicas sobre la ciudad y el lago Neagh merecen la pena. Construido en el siglo XII, el castillo fue el hogar de la familia Shaftesbury, nobles de rancio abolengo irlandés, antes de que lo donaran generosamente a la ciudad de Belfast en la década de 1900. Actualmente, se puede visitar y cobrarse la merecida recompensa al esfuerzo del ascenso en alguno de los dos restaurantes que alberga.