La Batalla de las Flores de Laredo

Desde hace más de cien años, el último viernes de agosto, tiene lugar una de las celebraciones más vistosas, naturales y divertidas, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, por su gran originalidad. Es la Batalla de las Flores de Laredo, que rinde homenaje a la naturaleza, pero también a la vida, a la alegría, al amor y, por supuesto, a la diversión. Su objetivo, despedir el verano con las mejores galas.

Irene González
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Desde hace 108 años, se celebra en Laredo la Batalla de Flores. Esta singular guerra, que siempre tiene lugar el último viernes de agosto, es una de las celebraciones más vistosas, bellas y divertidas de la costa cantábrica. Es tan singular y hermosa, que ha sido declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Y el objetivo de esta original beligerancia es despedir el verano. Así que la Batalla de las Flores de Laredo rinde homenaje a la naturaleza, a la vida, a la alegría, al amor y, por supuesto, a la diversión. El origen de la batalla se remonta a la Belle Époque, al verano de 1908 cuando fue se pensó que no había mejor forma para despedir el estío que aunar arte, distinción y naturaleza. En esta fiesta la carrozas se engalanan con miles de flores naturales, llegando incluso, a crear pétalo a pétalo, preciosas figuras. Aunque el día cumbre es el del desfile, los laredanos plantan sus campos con miles de flores en invierno y dedican meses a proyectar las carrozas que, en la tarde de la Batalla de Flores, lucen en todo su esplendor.

La víspera de la Batalla, la villa marinera celebra su Noche Mágica. Es una noche especial en la que miles de personas visitan los talleres donde se realizan las carrozas. Es todo un espectáculo contemplar cómo se engalanan los carros con más de 125 000 dalias, margaritas y claveles a contra reloj. Es uno de los momentos más espectaculares de la fiesta. El desfile de carrozas, decoradas en su totalidad con flores naturales, tiene lugar en la Alameda principal de la Villa, donde los vecinos y los visitantes no pierden detalle del sensacional espectáculo entre flores y guerra de confeti. Laredo es una fiesta de música, pasacalles, color, mercados tradicionales y excelentes bocartes. Una vez terminado el desfile, la guinda la ponen los extraordinarios fuegos artificiales en su famosa playa de La Salvé. Laredo mira al mar, es una villa marinera.

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Y aunque las primeras referencias como poblado de pescadores aparecen en el 757, los historiadores hablan de un Laredo mucho más antiguo, por las incursiones de celtíberos, cartagineses, romanos y visigodos. Y también por los restos prehistóricos hallados en la Cueva de la Baja. Esta Villa, que es Conjunto Histórico Artístico, guarda sorpresas por todos sus rincones. Fue uno de los principales puertos comerciales de la Edad Media, y la Puebla Vieja aún conserva su arcaico ambiente, formando una trama de calles paralelas y perpendiculares entre fachadas de los siglos XVI y XVIII. En la Villa marinera quedan lienzos de su muralla medieval del XIII, de las que se conservan dos magníficas puertas. Con una maravillosa playa y las soberbias vistas desde su Atalaya, que antaño sirvió como mirador para el avistamiento de ballenas, en Laredo te espera una gran batalla.

El Arrabal y la Puebla Vieja

El Arrabal, posterior a la Puebla Vieja, es conjunto Histórico Artístico. Es el núcleo primitivo de la Villa, cuya historia se fija en la época medieval y dónde se conservan restos de sus antiguas murallas. Aquí se encuentra la magnífica iglesia gótica de Santa María de la Asunción, del siglo XIII. A los pies de la iglesia se organiza la Puebla Vieja, que incluye un singular conjunto de edificaciones populares, tanto civiles como religiosas de la época medieval.

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La villa renacentista y barroca

Símbolo del destacado papel alcanzado por el poder civil en la villa, en el siglo XVI se levantaron las Casas Consistoriales. También casonas y palacios montañeses como las casas de los Villota, de la familia Mar, la Zaráuz y la de Diego Cacho. Todas representan a los más altos linajes con sus ricos escudos. Como no podía ser menos, también financiaron importantes conventos, iglesias y capillas.

Laredo contemporáneo

Desde finales del siglo XIX Laredo crece, al parecer, por la visita de Alfonso XIII ya fuera del recinto medieval. El monarca se hospedó en una de las casas de las Alamedas en el año 1882. Se construyeron desde industrias conserveras hasta edificios de gran valor arquitectónico, como las Casa Gereda, la de las Cuatro Témporas o el Palacio Carasa. El Mercado de Abastos, las escuelas del Doctor Velasco y el Matadero son joyas de uso público.

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La Salvé

El mar es el epicentro de esta villa marinera. El mar es el medio que ha moldeado a los laredanos y además ha sido su medio de vida con la pesca de su famoso bocarte. Si el puerto de Laredo tiene un encanto especial, su playa de La Salvé es uno de los arenales más bellos, extensos y espectaculares del país. Con casi cinco kilómetros de longitud, posee una fina arena y una simbólica forma de media luna recostada sobre la bahía.

La Atalaya

La Atalaya es un promontorio natural que se ubica en uno de los extremos de la bahía. Esta colina brinda una de las mejores panorámicas sobre la villa y sus acantilados. Desde sus miradores naturales se divisa la orografía costera de Laredo, que al caer la noche, se torna asombrosa. Antaño era el mirador de los pescadores, para avistar el paso de las ballenas.