Barcelona y los templos del "disseny"

En Barcelona, el diseño forma parte de su imagen exterior y de su realidad. Los catalanes han sabido marcar las pautas en la creación de un interiorismo vanguardista y sofisticado, que se puede apreciar también en sus originales restaurantes y hoteles.

Raquel Castillo
En la década de los 80 del siglo pasado los propietarios de bares entendieron que invertir en diseño también podía ser un buen negocio, y esta filosofía caló entre los restauradores. La Ciudad Conda cuenta con una buena muestra de restaurantes en los que la decoración, el ambiente, el mobiliario, la arquitectura del local, las luces y el color responden a una idea premeditada que apuesta por lo contemporáneo. Hay propuestas diferentes. Algunas destacan por sus soluciones arquitectónicas y por la simpleza de sus líneas puras; otras, por el minimalismo estético, por el monocromatismo o por el colorista estilo pop. El diseño de los muebles, las lámparas, los juegos de luz y sombra, el empleo de materiales nobles, incluso exóticos, la dualidad de los espacios y la versatilidad (alguno de estos locales están concebidos para distintas funciones, alternando lo gastronómico con las copas) son algunos de los recursos habituales. Pioneros en Barcelona a la hora de adaptar el diseño más actual a los restaurantes fue el grupo Tragaluz, que desde 1987 se ha caracterizado por la personalidad de sus locales (tienen once restaurantes, además de un hotel). El concepto es claro: ambientes vanguardistas, cocina actualizada de mercado u oriental -sobre todo japonesa- y precios ajustados. Así, por ejemplo, el restaurante Tragaluz adaptó una finca de tres plantas acristalando sus tejados para cubrir todas las terrazas, que se convirtieron en comedores. Su techo, de cristales móviles, permite la entrada de luz y le aporta calidez sin restarle enteros a una cocina de temporada y mediterránea. Mucho más minimalista resulta El Japonés, una taberna urbana que se inspira en las tradicionales isakayas niponas. Tiene dos barras, una de sushi y otra con planchas teppanyaki, y largas mesas de madera para compartir con otros clientes, al estilo neoyorquino. Gente heterogénea que busca un ambiente sobrio, moderno, y cocina japonesa informal basada en tempuras, sushis, sashimis, yakisoba o la típica cerveza japonesa. Uno de los locales más cosmopolitas del grupo es Negro. No es sólo restaurante sino también un bar de copas con música de dj's de moda. Ha ganado premios de decoración e interiorismo y su juego de luz hace que sus paredes creen una atmósfera especial. Dividido en dos plantas (Negro, en la entrada a la calle; Rojo, en la planta baja, decorada en ese color, que contrarresta el metálico de las mallas y las mesas de hierro), responde también a dos cocinas diferenciadas: en el primero, una cocina de fusión que mezcla lo mediterráneo (pastas, arroces y verduras) con lo oriental; en el segundo, además de desayunos, restaurante-taberna japonesa con cocina a la vista. En cualquier caso, un derroche estético, de interiorismo exquisito y vanguardista. Espacio polivalente Bajo el hotel Arts y el pez de Frank Gehry se sitúa Bestial. Unas cristaleras decoradas con el mural Bestial-bichos , de Frederic Amat, aportan luz natural. Cuenta también con terraza jardín en varios niveles, frente al mar. En el interior, una gran mesa maciza de iroko de 12 metros de largo, que se repite en el exterior, permite que sus clientes disfruten de las vistas. Mesas y sillas de diseño, colores fuertes y, como argumentos culinarios, cocina italiana, productos mediterráneos, pastas artesanas, arroces o pescados. Por las noches ofrecen copas y música en directo al aire libre. Perteneciente también al grupo Tragaluz, el hotel Omm -inaugurado en 2003 en el barrio del Ensanche- es un alarde de colores y materiales. Un espacio polivalente en la planta baja acoge el restaurante Moo (abierto al restaurante MooVida y al bar Moodern), que recibe luz natural a través de un patio inglés en el que hay instalado un pequeño bosque de cañas de bambú. Los limpios diseños de mobiliarios, las originales lámparas y los colores suaves contrastan con los perfiles metálicos de la bodega vista y los singulares bajoplatos diseñados por conocidos artistas (Miquel Barceló, Xavier Mariscal, Antonio Miró...). El envoltorio es adecuado para degustar la cocina que los hermanos Roca (El Celler de Can Roca, dos estrellas Michelin) han pensado para el restaurante: maridaje plato-vino en medias raciones, unas recetas que están pensadas en función del vino, o viceversa, y que participan de una culinaria actual, de sólida técnica, muy creativa, que se deja ver en todos los platos y especialmente en los postres, con sus recreaciones de perfumes conocidos. En la segunda planta del hotel Arts está instalado el Arola, el restaurante barcelonés de Sergi Arola. Con una estética actual -en consonancia con el hotel-, mucha luz, fantásticas vistas al mar, predominio del blanco y el azul, cojines en colores fuertes, vidrio y acero y una magnífica terraza-lounge para tomar copas y escuchar música, el cocinero catalán ha encontrado el espacio para su original propuesta: tapeo de altura, picas-picas, en pequeñas raciones -y alto precio- de su cocina moderna y de autor de raíces catalanas. Recetario actualizado Decoración moderna, colorista y de cálida iluminación es la de Comerç 24. Mezcla de restaurante y bar de tapas, ocupa un antiguo comercio de salazones y conservas reconstruido. Cocina abierta, barra -que fusiona los conceptos de barra y mesa para compartir- y sala participan del idéntico estilo y tres atmósferas diferentes. Su propietario y cocinero, Carles Abellán (ex Bulli), ha conseguido poner su local de moda gracias a su cocina moderna y atrevida, raciones pequeñas para su menú degustación o carta, elaboraciones de un recetario tradicional pero actualizado y cambiante. Una de las novedades de la temporada ha venido de la mano de Santi Santamaría y su restaurante Evo, situado sobre la torre del hotel Hesperia Tower, en L'Hospitalet. La expectación ha venido dada por dos hechos: la espectacular puesta en escena del establecimiento y el propio cocinero, Santi Santamaría, uno de los más reconocidos del país. El restaurante se ubica en una gran cúpula de cristal, auténtico platillo volante, una enorme pieza de 22,5 metros de diámetro y 115 toneladas, anclada a 105 metros de altitud. La bóveda transparente permite a todos los comensales apreciar las vistas (mejor por las noches) en 365 grados. Esa es toda la decoración (sillas y mesas son de líneas claras y sencillas), con unos ligeros cortinajes en la parte superior para evitar el calor. Y en la cocina, los exitosos argumentos del chef: gran producto, exquisitez, técnica perfecta, sabor y delicadeza. Una gran cocina moderna de acento catalán. Y los precios, a la altura del local, en todos los sentidos.