Bangkok en cinco visitas básicas para iniciarse en su irresistible locura

Lo que no te puedes perder cuando aterrices en la ciudad más vibrante del sudeste asiático

Noelia Ferreriro
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Foto: Dan Freeman

Pasar de una vorágine de movimiento a un idílico remanso de paz es algo que en Bangkok puede llevar apenas unos minutos, los mismos que se tarda en sumergirse en una escena futurista de rascacielos y neones para, de pronto, retroceder varios siglos hacia el esplendor del reino más influyente de oriente. Ultramoderna y ancestral, sofisticada y étnica, la capital de Tailandia camina en la cuerda floja entre pasado y fututo, entre armonía y caos. Y aunque todos sus atractivos no caben en un reportaje, estas son las cinco actividades básicas que no te puedes perder:

Empaparse de la espiritualidad de los templos

A poco que uno se mueva no tardará en comprobar los múltiples testimonios de la devoción religiosa que cunde en esta ciudad. Templos para dar y tomar que aparecen en todas las esquinas. De todos ellos, hay uno inexcusable:  Wat Phra Kaew, el enorme complejo del Gran Palacio, la atracción más célebre de Bangkok. Tan radiante como recargado, atestado siempre de gente, hay que dedicarle un par de horas para descubrir la antigua residencia real, el buda esmeralda, las estupas de bruñidos tejados, los cientos de murales, mosaicos y esculturas con deidades budistas. Menos concurridos, pero iguales de mágicos son Wat Pho, el más antiguo, famoso por su buda recostado; Wat Arun o Templo del Amanecer, con una torre central que simboliza el monte Meru y acaso el más original, Wat Yannawa, que se asemeja a un barco varado en el asfalto.

Greg Nunes

Navegar por el Chao Phraya

Es el alma de la ciudad, el río que une y divide Bangkok. Aquí, en esta autopista fluvial, en este canal soberano a lo largo de cuyo curso se erigieron otras dos capitales (Ayutthaya y Sukhotai), la vida también desfila a bordo de transbordadores que se mueven de una orilla a otra, de taxis acuáticos a los que se regatea desde el muelle, de remolques que transportan mercancías y, al caer el sol, de lujosos restaurantes flotantes donde disfrutar de una cena a la luz de las velas. Cualquier modalidad es válida, pero hay que surcar sus aguas achocolatadas para saber lo que es el auténtico Bangkok.

Enloquecer en sus mercados

Son una de las señas de identidad del país de la sonrisa y toda una experiencia sensorial para el viajero. El síntoma más evidente de una cultura que compite con los ultramodernos centros comerciales y en la que la vida se desarrolla, literalmente, en la calle. Bulliciosos, coloridos, plenos de olores y sabores, algunos se instalan a pie de calle y otros sobre las aguas que bañan los ríos y canales. Hay que dejarse tentar por los chollos del mercado de Chatuchak, los fines de semana, donde no es un tópico decir que se puede encontrar de todo: desde una correcta imitación de un bolso de Hermés hasta una adorable cría de ardilla. Tampoco hay que perderse Yaowarat, en el barrio chino, gigantesco en su extensión por avenidas iluminadas de neones. Muy recomendable es también Amphawa, un mercado flotante sobre el río Naam Tha Chin que se remonta al siglo XVIII y que abre solo sábados y domingos. 

Agasajar al estómago

Claro, porque la gastronomía tailandesa es una de las más ricas del mundo. Toda una fiebre desatan los fogones de Bangkok, que abarcan desde los sofisticados restaurantes que, con una frecuencia pasmosa, ingresan en la lista de los 50 Best, hasta los street food donde se come de lo lindo por apenas unos euros. Entre los del primer grupo destaca Gaggan, que hasta cuatro veces consecutivas (de 2015 a 2018) ha logrado posarse en la cima del mejor restaurante de Asia. Entre los segundos, el primer puesto de comida callejera que se ha alzado con una estrella Michelin. Su nombre: Jai Fai, que es en realidad el de su cocinera, una diminuta mujer de 72 años que calza un gorro de lana y unas gafas de esquí con las que protege sus ojos del humo de los woks. 

Low Ural

Tomar una copa en un rooftop

Más allá del trasiego a pie de calle, existe otro Bangkok que se desenvuelve en las alturas. Un mundo glamouroso a donde no llega el ruido, el horizonte se ensancha sobre los tejados y la panorámica se pierde entre los rascacielos. Este espectáculo acontece en los rooftop, donde la marcha consiste en empacharse de skyline mientras se toma una copa. Hay infinidad, pero nos quedamos con The Speakeasy, del Hotel Muse, o con Vertigo and Moon Bar del hotel Banyan Tree. En ambos, la noche alargará su magia al ritmo de buena música y con un desfile de cócteles a la altura de las estrellas

Braden Jarvis