Bahía de Halong: navegar por el laberinto esmeralda

Este tesoro de Vietnam es una de las nuevas Siete Maravillas Naturales del Mundo

Noelia Ferreiro
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Foto: HuyThoai / ISTOCK

Siempre se ha dicho que su magia no puede ser narrada con palabras, que su enigmática belleza supera cualquier descripción, que sólo con contemplarlo se impone a los ojos del hombre un sentimiento de inferioridad ante su presencia: la de un alocado laberinto de canales e islas, una explosión de formaciones calizas como centinelas de piedra que se alzan sobre la inmensidad esmeralda del mar. Eso, durante el día, puesto que la bahía cambia de luz con el paso de las horas hasta teñirse de púrpura en la proximidad de la noche.

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Si hay una visita obligatoria en el sudeste asiático, un lugar que nadie se puede perder, este es la Bahía de Halong, el sugerente conjunto de islotes formados por la erosión constante a través de los siglos, y que conforman una de las postales más fotogénicas del mundo.

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Atractivos varios

En Vietnam hay que conocer Hanoi, la encantadora capital, que reúne el exotismo del Asia antigua con el dinamismo del Asia moderna, la historia antigua y el legado colonial con el ritmo frenético de una urbe moderna. También hay que visitar a los Hmong en Sapa, al norte, el rostro más autóctono del país. Y pasear por Hoy An.Y recorrer las cuevas del parque nacional de Phong Nha-Ke Bang. Y navegar por el Delta del Mekong. Y vivir otras muchas experiencias que a nadie dejan indiferente.

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Pero lo que no hay que perderse bajo ningún concepto es la Bahía de Halong, lo suficientemente hermosa para merecer ser descubierta por los propios ojos pese a las trilladas imágenes vistas hasta la saciedad. 

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El elefante, el gallo de pelea…

Emplazada en lo que sería la cabeza de este país con forma de dragón, esta maravilla natural se disemina sobre las aguas más pacíficas del mundo, en un recodo del Mar de China tan apacible como un lago. En realidad son más de tres mil islas, con nombres tan paradigmáticos como El Elefante, El Gallo de Pelea o La Cabeza Humana, las que surgen del golfo de Tonkín tapizadas de vegetación, esculpidas por el viento y las olas, dejando al descubierto lagunas recónditas y cuevas como Hang Dau Go, a la que muy apropiadamente se ha llamado la Gruta de las Maravillas. 

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Por el día, el silencio se rompe con el trajín de las embarcaciones cargadas de turistas que recorren la bahía a bordo de pintorescos juncos, esas barcazas de velas ocres y estriadas con las que Gengis Kas trató de conquistar Japón. Por la noche, en una paz infinita, el horizonte se perfila de sombras fantasmagóricas en un escenario onírico.

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Dormir en un barco-hotel

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Las excursiones en la bahía de Halong pueden ser de uno, dos o tres días, y en ellas siempre es recomendable coger un kayak, practicar esnórquel y bañarse en sus calas. Por eso conviene demorarse al menos un par de jornadas para instalarse en el camarote de uno de los múltiples (y equipadísimos) barcos-hotel. Es la mejor manera de explorar todos los recovecos de esta joya de la naturaleza: los atolones deshabitados donde moran iguanas, antílopes y monos, el azul infinito del mar y la única isla poblada, Cat Ba, algo alejada del meollo de pináculos, pero salpicada de playas, lagos y cascadas. 

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También hay que reservarse un tiempo de la excursión para admirar las aldeas flotantes que se cruzan en el camino sin rumbo. O para fondear junto a una cala de arena y darse un buen chapuzón en sus aguas traslúcidas. O simplemente, para disfrutar de la mera navegación por este enclave cargado de leyendas, que es el más turístico de Vietnam, sí, pero también el más deslumbrante. Un lugar que por su eterna belleza, ha sido encumbrado como Patrimonio Mundial de la Unesco y, desde 2011, como una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo.