Bagan, el atardecer más espectacular del mundo

Contemplar la caída del sol en este conjunto arqueológico de Myanmar es una experiencia que se queda para siempre en la memoria

Noelia Ferreiro
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Más de cuatro mil estupas sagradas diseminadas por una llanura sólo pueden componer uno de los conjuntos arqueológicos más impresionantes del mundo, un encuentro con la historia de varias dinastías a una escala sobrenatural: 42 kilómetros cuadrados a orillas del río Ayeyarwadi, cubiertos de ruinas campaniformes que encierran reliquias de Buda y recogen el esplendor de la antigua capital birmana entre los siglos XI y XIII. Así es, en grandes líneas, Bagan, la joya de la hoy llamada Myanmar. Un yacimiento en clara competencia con Angkor por la corona al más memorable de Asia.

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Bagan fue fundada en el siglo IX como fruto de la planificación táctica. Porque su emplazamiento no podía estar más arropado, a un lado por las montañas, y al otro, por las aguas del río más largo del país. Una posición ideal contra los ataques enemigos. 

Esplendor histórico

Así floreció esta ciudad rica en agricultura, comercio y poder militar, hasta que en el año 1044, la llegada al poder del gran rey Anawrahta acabó de rematar el esplendor. Fue él quien ordenó la construcción de las primeras pagodas en Bagan, a las que sus sucesores siguieron hasta conformar un inmenso legado arquitectónico e histórico. 

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Hoy, caminar entre los templos es una experiencia sobrecogedora. Y elegir uno para encontrarse a solas no es tarea difícil dada la profusión de edificios. Hace falta atravesar el umbral, trepar por una escalera estrecha y descubrir una sorpresa en cada interior hueco dentro de una oscuridad primigenia: a veces, estatuas de Buda; otras, muros polícromos; las menos, mosaicos de terracota. Deidades femeninas que contorsionan sus caderas, animales fantásticos que se devoran, rostros apacibles que meditan con los ojos cerrados…

Templos por aquí y por allá

Todos se parecen y cada uno es distinto: Ananda, uno de los más reverenciados, está coronado por una cúpula dorada; Thatbyinnyu, el más alto, constituye una privilegiada atalaya; Mingalazedi, cubierto de baldosas vidriadas, ofrece la mejor vista del río; Swe Zigon, con su enorme buda de oro, rezuma religiosidad intensa…

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Vistos uno por uno, resultan espectaculares. Pero lo que crea una atmósfera magnífica es la estática visión del conjunto: un horizonte plagado de ladrillos rojos y agujas que miran al cielo y que, al ser iluminadas por el sol, brillan como motas doradas. Al atardecer, con los templos a contraluz flotando sobre una bruma de polvo, las cámaras captan las mejores imágenes para la posteridad.

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Otras curiosidades

Bagán es la gran atracción de Myanmar, más allá del paisaje mítico del Lago Inle, los atractivos alrededores de Mandalay o el peregrinaje monte arriba hasta el abismo de la Roca Dorada. Y como el propio país, también estas ruinas han sido vapuleadas por la historia y sucumbido a ocupaciones, guerras, terremotos y ciclones. Por eso, su sola presencia ya constituye un milagro.

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En las proximidades, para quien aún ande corto de experiencias, no hay que perderse el mercado de Nyaung U, el más importante de los núcleos de población que se levantan junto al Bagán monumental. Se trata de un colorido y bullicioso conjunto de puestos de comida donde late la vida auténtica de Myanmar: mujeres con la cara pintada de thanaka, monjes de cabeza rapada desfilando en fila india, ancianas desdentadas fumando sus gruesos puros…

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