Ayuthaya: La antigua capital del reino de Siam

Enclavada también a orillas del Chao Phraya, pero unos 80 kilómetros más al norte del Golfo de Tailandia, Ayuthaya se mantuvo durante 417 años como capital del reino hasta el asalto birmano que en 1767 la dejó convertida en las ruinas que mucho más tarde, en 1981, serían declaradas por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Durante el siglo XVI, en el apogeo de su esplendor, alcanzó reconocimiento mundial como núcleo comercial cortejado por mercaderes holandeses, portugueses, franceses, ingleses, chinos y japoneses, y gran cantidad de misioneros. A finales del XVIII su millón de habitantes superó la cifra de población de Londres. Hoy, convertida en Parque Histórico de Sukhotai, ofrece en un radio de cinco kilómetros la posibilidad de admirar una veintena de lugares interesantes con varios de sus edificios exquisitamente restaurados. Sorprende la superabundancia de santuarios y pagodas, y la maravillosa arquitectura de las residencias reales.
Las construcciones más importantes -y por ello precisamente las que sufrieron mayor grado de destrucción- quedan al resguardo de una pequeña isla central junto a los templos más sagrados, formando un conjunto nuclear cercado por varios cursos fluviales. Este diseño mítico se imitó en la fundación de Bangkok, en un intento por mitigar la nostalgia de una de las épocas más dorada del reino. Dentro de la isla también se puede visitar el antiguo Pueblo Portugués, el cercado de troncos de teca donde se celebraba el encierro anual de elefantes salvajes traídos del norte, y un par de museos dedicados al arte. En las afueras destaca un maravilloso pabellón de cuento de hadas construido en medio de un lago ornamental.
Pero aunque la ciudad perdida hubo de ser abandonada a su suerte entre la progresiva maleza invasora, nunca perdió su brillo y hoy las solemnes ruinas de templos y palacios consolidan uno de los retratos más representativos de alma tailandesa. Serenos budas desprovistos de sus envolturas doradas meditan inmutables entre empingorotadas torretas y pagodas. Algunos de ellos, decapitados durante el violento asalto, mantienen su impasible postura como mudos testigos de la barbarie, ajenos a las luchas de la humanidad.

Fruto también de la destrucción, la bella cara de un buda de piedra quedó atrapada entre las raíces de un vetusto árbol tropical, convirtiéndose en uno de los rostros más fotografiados, con sus pétreos párpados entornados entre el abrazo delicado que sujeta sin velar su leve sonrisa de inalterable paz. Para ir y venir en el día, se puede hacer en los trenes que parten cada hora en punto de la estación de Hualamphong, en el centro de Bangkok, con retorno desde la de Ayuthaya. Hacen el viaje en una hora y media. También se puede venir en una excursión organizada en la mayoría de las agencias de viaje o en los hoteles de lujo. Por si no fuera suficiente la impresionante cantidad de ruinas y monumentos que se pueden visitar en la antigua capital, al conjunto le ha sido añadido, junto a la orilla fluvial, un ambicioso complejo con el doble propósito de atraer turistas y procurar empleo a los campesinos de provincias encargados de retomar las artesanías más tradicionales. El tejido y teñido de sedas y algodones, y los procesos de elaboración de muñecas, cestos, flores de seda y mobiliario pueden seguirse en directo como atractivo añadido a su posible adquisición. En otra zona se ha levantado una aldea con casas construidas en diferentes estilos arquitectónicos populares, y se ha habilitado un pequeño parque de aves exóticas y un acuario de agua dulce donde nadan especies del Chao Phraya y del Mekong. En enero se organizan espectáculos y exposiciones de arte folclórico, y durante el festival de la Luna Llena de noviembre el río se convierte en protagonista de todas las celebraciones, con carreras de barcos, mercado flotante y linternas flotando en el río desde el anochecer.