Aventura en República Dominicana

Para quienes huyan del ‘dolce far niente’, hay todo un mundo de actividades en medio de una naturaleza virgen.

Noelia Ferreiro
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Foto: valio84sl / ISTOCK

Está, quién lo duda, el tumbing paradisíaco en playas deslumbrantes, con el típico vuelta y vuelta a la orilla de las aguas turquesas o sobre el lánguido balanceo de una hamaca sin más esfuerzo que el de levantar un piña colada. Todo esto es, a grande rasgos, República Dominicana, el país de la dulce cadencia tropical, el lugar donde las playas se cuelan en los primeros puestos de las más bellas del Caribe.

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Pero hay también otro rostro de la isla que está cargado de adrenalina. Ideadas para quienes no gustan de torrarse bajo el sol, hay un abanico de actividades con los que cargar a tope las pilas. Desde dar caminatas por la jungla para admirar el festín de la flora y la fauna, hasta lanzarse a los deportes de aventura o perderse por cuevas que son todo un alarde de gótico subterráneo. 

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Y todo bajo el marco de una naturaleza prodigiosa. Parques nacionales, reservas ecológicas, bosques húmedos, zonas desérticas, acantilados, cavernas, saltos de agua… conforman un mosaico de paisajes vírgenes que hace de esta tierra una explosión de color.

Go Dominican Republic

Así, en la misma Punta Cana, allí donde predominan los complejos de todo incluido para quienes prefieran un turismo de pulserita, se puede dar, de pronto, un paseo por la jungla en la Reserva Ecológica Ojos Indígenas.

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Más de 600 hectáreas de bosque, en el que las doce lagunas de aguas cristalinas dan nombre al parque protegido: para los aborígenes, por su peculiar forma, se trataba de los ojos de la selva. También existen manantiales, plantas estrambóticas y especies nativas de fauna. Y todo ello atravesado de senderos señalizados donde entrar en contacto con la naturaleza rabiosa. 

Muy cerca se esconde la laguna de Bávaro, que forma parte de una extensa zona de humedales. Aquí, en este remanso de paz de unos tres kilómetros cuadrados, se puede practicar kayak y pesca deportiva, navegar plácidamente en bote o dedicarse a la observación de las aves (unas 80 especies autóctonas, entre las que destacan las tijeretas y los playeritos) a través de los manglares.

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Y para más naturaleza, la que se esconde en las entrañas: la cueva Fun Fun es un laberinto de túneles y corredores que serpentean entre estalactitas y estalagmitas, mientras que la De las Maravillas es un museo gótico subterráneo en el que admirar los petroglifos que pintaron los indios taínos.

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Hacia el sur la isla exhibe campos áridos, terrazas marinas, costas rocosas, termas, arrecifes de coral… Es la zona de Pedernales (ya en la frontera con Haití) la que acoge el Parque Nacional de Jaragua (un conjunto de cavernas, yacimientos de la época prehispánica y playas deslumbrantes), junto a la sierra de Bahoruco y el lago Enriquillo, el mayor de República Dominicana. 

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En la región central, sin embargo, el paisaje cambia. Es lo que se conoce como los Alpes Dominicanos, ya que en ella se esconden no sólo los picos más altos del país (El Duarte, La Pelona y La Rosilla) sino también los ríos más largos (Yaque del Norte, Jimenoa, Guanajuma y Baignate), así como un rosario de cascadas y saltos de agua. Aquí la aventura está servida puesto que es el centro de los deportes por excelencia: montañismo, rafting, rapel, canyoning, parapente, mountain bike, tubing… Turismo activo en estado puro.