Las Atlánticas, los misterios de 4 islas

El paraíso está formado por Cortegada, Sálvora, Ons y Cíes, cuatro archipiélagos cuajados de leyenda de las islas Atlánticas de Galicia. Es Parque Nacional Marítimo Terrestre desde el verano de 2002, y como no podía ser menos, es candidato a Patrimonio Mundial.

Irene González
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Foto: Txiriguili / ISTOCK

Estos cuatro archipiélagos, vinculados a las Rías Baixas, emergen del océano desde Arousa hasta Vigo. Como antaño estuvieron unidas a las sierras litorales, hoy poseen dos relieves bien distintos. Uno es bravo, abrupto y enfrentado al mar abierto. El otro mira hacia la costa, y ofrece un perfil suave, de dunas e idílicas playas. Así que esta diversidad de escenarios acoge a multitud de especies de algas donde se refugian y crían peces y moluscos. También es el vergel de la pesca de las miles de aves marinas, que anidan en las repisas de los vertiginosos acantilados. Cuando los pueblos prerromanos ocuparon toda la ría, creían que el archipiélago era un lugar sagrado de encuentro entre humanos y dioses. También los romanos las frecuentaron, como plasmaron Estrabón y Plinio. Más tarde fue un lugar de descanso para los piratas turcos, tunecinos, y más tarde ingleses, con el corsario Drake a la cabeza. Hoy, el Parque Nacional Marítimo Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia, sigue siendo un tesoro codiciado por su medio marino, de incalculable valor ecológico. En sus aguas se atesora una gran riqueza biológica con una extraordinaria diversidad de especies de flora y fauna.

Sus bosques de algas pardas son extraordinarios, y los fondos de Mäerl, únicos. Sus arrecifes, lagunas y bancos de arena son prioritarios dentro de la Directiva Hábitats de la Unión Europea. Las zonas costeras de este paraíso, son la despensa natural de la riquísima y potente gastronomía gallega. Percebes, centollos, bogavantes, berberechos, langostas, nécoras o navajas, son algunos de los productos que quitan el sentido. La lejanía y el aislamiento al que sobre todo en invierno se veían sometidos los isleños, generaron una cultura popular única. Además desarrollaron un gran conocimiento sobre plantas medicinales que mezclaban con otros elementos naturales, y en ocasiones, con ritos para asegurar el funcionamiento del remedio. La misteriosa Ons fue, hasta el año 899 propiedad de los reyes de Galicia, hasta que la donaron al arzobispo de Santiago de Compostela. Más tarde, en el XVI la iglesia la legó a una familia noble. Ons está cargada de leyendas y misterios, quizá por su ubicación, quizá por su historia. Lo único cierto es que su cultura es rica en supersticiones y mitos, como la de la Santa Compaña, una procesión de almas en pena, que anuncian la llegada de la muerte.

En Ons entra por la punta Centollo y desaparece en el cementerio. Sobre la legendaria Burato do Inferno, la entrada del infierno, dicen que, en las noches de tormenta, se escucha los lamentos de las almas de los que sufren tormento por sus pecados. Desde el Faro de Ons las vistas, acompañada por el griterío de las gaviotas, son impresionantes. Sálvora, junto con los islotes que la rodean, es un laberinto rocoso que protege la entrada norte de la Ría de Arousa. Dentro de la isla el suave y agradable, y nada mejor que realizar la senda Un paseo de Leyenda, un precioso camino que lleva hasta el faro. En Cíes, la blanca arena y el agua transparente son increíbles. En una de las joyas del Parque Nacional, las rutas de senderismo entre montañas y el océano, suponen una experiencia única en el mundo. Y la arena blanca de Rodas, quizá la haga la mejor playa del planeta. Y si en Galicia hay una isla donde el bosque huele a laurel y a marisco, esa es Cortegada, donde hay que agenciarse un transporte para llegar. En este Parque Nacional de cuento, la magia, el misterio y la más auténtica biodiversidad, van de la mano. Es, quizá, uno de los lugares más bellos y enigmáticos del planeta.

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1. Ons

La isla de Ons ya es citada por Plinio el Viejo, que la conocía como Aunios. Ons ofrece varias rutas interesantes, y unas magníficas playas. La ruta del Faro, la de Do Castelo, la Norte y la Sur, son itinerarios imprescindible. El Faro de Ons es uno de los de mayor alcance del país, y también, uno de los más grandes. Cerca, en sus acantilados, vive la colonia de gaviotas, posiblemente, más grande de Europa.

2. Sálvora

Entre las moles de Sálvora destaca la gran masa granítica de Noro, y las abruptas Sagres. Hacia el norte se encuentra la aldea de Sálvora, testigo mudo de otro tiempo en el que la isla estuvo habitada. El faro, hasta hace poco guardado por fareros, señaliza esta peligrosa zona donde acontecieron numerosos naufragios. Hasta hace poco era privada, y ha conservado su riqueza natural.

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3. Cíes

En el pasado las Cíes fueron refugio de piratas, y ahora están deshabitadas. Solo abiertas al público en verano. Así se conservan como un paraíso natural, sin prisas, sin tráfico, con el único rumor de las olas y el viento. Es la joya del parque, y tan pura, que ha sido nombrada destino Starlight. En septiembre se celebrará en Cíes un maratón mundial de fotografía nocturna.

4. Cortegada

Se ubica en la desembocadura del Ulla, por lo que está protegida de los embates del océano. En Cortegada sus centenarios árboles esconden prados y tierras que fueron cultivadas en otro tiempo. Imprescindible su ermita de la Virgen de los Milagros, del XVII, que atraía numerosos peregrinos por sus bondades curativas. Su pueblo fantasma sin habitantes, su cruceiro que lo contempla todo, y su bosque de laureles, respiran misterio.