La Asturias que no bebe sidra: un paseo por Fuentes del Narcea

Esta comarca del suroccidente del Principado es un paraíso sin explorar

Noelia Ferreiro
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Foto: IHervas / ISTOCK

Pueblos adormilados hundidos en los valles o aferrados a las laderas. Un maravilloso entorno con algunas de las más extraordinarias muestras de la naturaleza ibérica. Un patrimonio etnográfico que hunde sus raíces en tiempos ancestrales. Unas gentes cálidas, fuertemente aferradas a la tierra, empeñadas en mantener los oficios, el folclore, los productos artesanos y la gastronomía. Todos estos ingredientes conforman la desconocida comarca de Fuentes del Narcea, el paraíso inexplorado de Asturias.

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Encajada en la cuenca de dos ríos y en pleno corazón del parque natural de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, descubrir esta esquina del suroccidente del Principado es maravillarse con un territorio que no sólo escapa a la masificación de otras regiones del norte sino que, además, presenta ciertas peculiaridades con respecto a sus vecinos.

Viticultura heroica

Una de ellas, la más curiosa, es que aquí la sidra no se concibe. Nada de “echar un culín”. Es ésta una comarca de vinos, que hasta cuenta con una Denominación de Origen Protegida: la DOP de Cangas, que recoge una tradición milenaria que ya los monjes desempeñaban, allá por el siglo IX, en el Monasterio de Corias. Convertido hoy en Parador de Turismo, este solemne edificio sigue elaborando sus caldos de reconocido prestigio.

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Por su peculiar orografía, no se trata de vinos cualquiera sino de los que resultan de lo que se ha venido en llamar viticultura heroica, es decir, la que se produce en laderas con más de 30º de inclinación, lo que origina un cultivo complicado con los viñedos en pronunciadas pendientes. El resultado son unos excelentes vinos de montaña con variedades autóctonas únicas como el albarín, el carrasquín o el verdejo negro.

Cunqueiros y ovejas xaldas

Fuentes del Narcea es también la tierra de los cunqueiros. Especialmente en las parroquias de Tablado, Sisterna, El Corralín y El Bao, donde todos los varones, hasta bien mediado el siglo XX, fueron maestros del torno. Con bloques de castaño, abedul o plágano elaboraban las concas de la vajilla tradicional (morteros, artesas, fuentes…) dando sentido a un oficio que hoy está en peligro de extinción.

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Como también lo está otra singularidad de la comarca: la de las ovejas xaldas. Una raza pequeña y de pelo largo, de la que los estudios genéticos dicen que es más primitiva que la celta. Son ovejas con una calidad increíble, tanto en la lana como en la carne, con la que se elabora uno de los platos más típicos: el cordero xaldo a la estaca, con sus seis horas de cocción.

Soledad y naturaleza

Por su carácter como de territorio detenido en el tiempo, Fuentes del Narcea es el lugar al que acudir cuando uno quiere bajarse del mundo. Para ello existen hasta 300 rutas de senderismo con las que sumergirse en la naturaleza. Entre ellas está el GR203, un sendero de gran recorrido al que se ha dado el título de “Por donde camina el oso”. Y es que, aunque toparse con el gigante cantábrico resulta harto difícil, lo cierto es que toda esta zona está considerada su hogar.

Fuentes del Narcea y del IbiasLa Reserva Natural Integral de Muniellos es un robledal asturiano, que está considerado como el más importante de Europa. Forma parte del Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibiasy para acceder a él hay que solicitar un permiso previo ya que el acceso está restringido a 20 personas por día. |

También la comarca, tristemente, es un ejemplo palpable de la España que se vacía. Sólo entre los concejos de Cangas, Legaña e Ibias existen más de cien pueblos con menos de diez casas habitadas. Ahora que el problema de la despoblación rural ha saltado a la agenda pública, es hora de luchar para que estos parajes no se conviertan en un desierto demográfico.