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George Town, la ciudad malaya cuyos barrios hablan de su historia colonial

Protegida por la UNESCO desde 2008 como Patrimonio Mundial, en esta urbe cada calle es un cruce de civilizaciones.

George Town

George Town / iStock

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Frente al estrecho de Malaca, en el extremo noroeste de la isla de Penang, aparece una ciudad única, tan tradicional como cosmopolita, tan colonial como enraizada a su pasado. Se trata George Town, la capital de la isla malaya de Penang, un destino único en el planeta donde cada edificio, cada templo y cada plato cuentan una historia compartida: la persistencia de una convivencia única entre diversas comunidades que, durante siglos, han tejido una identidad común sin perder sus raíces. Ese es el motivo de que en 2008 esta ciudad fuera incluida en la lista de Patrimonio Mundial, especialmente por su rica historia y arquitectura colonial, conformada por un legado que han ido dejando por todos sus recovecos indios, chinos, árabes, malayos y europeos —principalmente británicos, pero también holandeses y alemanes—. Y no solo eso, lo particular de estas comunidades es que no solo habitaron este enclave estratégico comercial del sudeste asiático, sino que lo transformaron en un espacio donde las diferentes culturas han dialogado entre sí a lo largo de los siglos.

Una de las calle de George Town

Una de las calle de George Town / NICOLAS MCCOMBER/iStock

Raíces comerciales

La historia de George Town va irremediablemente ligada al mar. Fundada a finales del siglo XVIII como puerto comercial, la ciudad se convirtió durante más de 500 años en una escala imprescindible en las rutas marítimas entre Oriente y Occidente, y en un espacio de intercambio de productos. Al principio tan solo trabajaban las especias, la seda y la porcelana, pero más adelante, también se exportaba desde allí caucho y estaño. Estos intercambios fueron los que atrajeron a comerciantes de diferentes orígenes: primero, los chinos, quienes establecieron asociaciones comerciales con los productos locales; después, los indios, que aportaron su cultura religiosa y culinaria; más tarde, los árabes trajeron consigo tradiciones islámicas que se integraron con las locales; y, por último, los europeos, con los británicos a la cabeza, que impusieron una estructura administrativa y urbanística que todavía define el trazado de la ciudad. Sin embargo, lo más singular no fue la diversidad de culturas que fue asentándose en esta zona, sino el acogimiento que la ciudad de George Town les hacía y cómo evolucionó en un sistema de barrios interconectados donde, todavía hoy perduran intactas su historia, su cultura, su religión y hasta su gastronomía.

Una de las calles de George Town

Una de las calles de George Town / iStock

Barrios con legados históricos

Recorrer George Town a través de sus barrios es transitar los distintos capítulos de su historia, y es que entre sus calles conviven las huellas de distintas épocas y culturas. Basta doblar una esquina para que cambie el idioma de los letreros, el diseño de las fachadas y hasta el aroma que sale de sus cocinas.

Una de las zonas con más identidad es la que abarcan los antiguos barrios comerciales, donde la influencia china mantiene intactas a día de hoy las tradicionales casas-tienda (o shophouses) de los comerciantes chinos, con fachadas color pastel y persianas de madera. No hay que irse muy lejos para ver cómo los coloridos templos hindúes irrumpen en cualquier esquina de la ciudad con su explosión de formas y colores demostrando cómo su impronta espiritual y cultural sigue viva hoy en día.

El testimonio del legado árabe se atisba en sus imponentes y bellas mezquitas que con su llamada a la oración recuerdan a diario el legado cultural y religioso que todavía pervive en la ciudad. Pero también lo hacen con sus comercios locales, sus restaurantes de comida halal y su reconocible arquitectura. Por su parte, el pasado europeo se percibe principalmente en iglesias, edificios administrativos y trazados citadinos, convirtiéndose en las huellas que las potencias occidentales fueron dejando en estas tierras cuando se disputaban el control de las rutas marítimas.

Hoy, ese patrimonio sigue más vivo que nunca en George Town; una herencia cultural que abarca desde sus costumbres sociales y creencias religiosas, hasta tradiciones y normas; una ciudad en la que no existen las fronteras entre los barrios o las culturas, y en donde todo se mezcla con una cotidianidad que la convierte en única. Y es que fue precisamente esa amalgama patrimonial multicultural –la que llegó de la mano de las rutas marítimas– junto con su ‘singular paisaje urbano y cultural inigualable’, la que llevó a la UNESCO a declarar esta ciudad Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Obra de Ernest Zacharevic

Obra de Ernest Zacharevic / iStock

Street art como seña de identidad

Dentro de ese legado del que habla la organización y que buscan proteger, se encuentra un factor artístico contemporáneo que poco a poco ha ido transformando la ciudad en una galería de arte al aire libre. Se trata de su street art, un movimiento de arte visual que comenzó con el objetivo de revitalizar el centro histórico y se hizo extremadamente popular con la intervención del artista lituano Ernest Zacharevic, quién creó varios murales con temáticas cotidianas en las que combinaba pintura y elementos reales –bicicletas, motos, ventanas– que rápidamente se convirtieron en iconos de la ciudad. Y es que estas obras, desde el comienzo, invitaban al espectador a interactuar con sus murales y a disfrutar de ellos convirtiéndose en protagonistas de los mismos. Desde entonces, George Town y sus artistas invitados, han encontrado una nueva forma de contar su historia: a través del arte urbano, creando un diálogo entre pasado y presente, atrayendo a visitantes de todo el mundo y convirtiendo sus calles en una galería artística y arquitectónica plural.

Es por eso porque que se dice que en George Town la historia no está encerrada en sus museos ni en monumentos, más bien se disfruta y conoce a través de sus calles, admirando sus preciosos edificios, adentrándose en los templos, recorriendo los mercados y disfrutando de la cocina tradicional como la que se elabora en las casas. Y es que George Town, esa ciudad nombrada en honor al rey Jorge III del Reino Unido, se narra a sí misma a través de sus calles, su cultura y sus habitantes.

Cocina tradicional de Penang

Cocina tradicional de Penang / iStock

Gastronomía multicultural

De la misma forma que las calles de George Town son la amalgama perfecta entre culturas, su gastronomía no podía ser menos. La cocina que aquí se encuentra es el resultado de un intercambio entre comunidades, alimentos, tradiciones y formas de vida. Platos como el laksa, el char kway teow o el nasi kandar condensan siglos de historia, combinando ingredientes chinos, especias indias y técnicas malayas; son elaboraciones callejeras –otro rasgo de la vida local–, que se encuentran en mercados y puestos ambulantes donde la fusión culinaria se expresa con total naturalidad. Porque comer en Penang también invita a conocer este legado compartido que ha pasado de generación en generación y que pervive, por suerte, hasta hoy en día.