Arte en tierras fronterizas

Pocos hoteles pueden presumir de estar tan bien preparados para el otoño como La Bienvenida. Cada una de sus habitaciones cuenta con una chimenea en acero y cristal que entona, sin peligro, el sueño de los huéspedes. El edificio en que se ubica, una casa labriega de principios del siglo XVII, ya ayuda a entrar en calor espiritual antes de nada. Sus paredes acogen cuadros de Diego Canovar (esposo de la propietaria, Pura Chaves), Isidro Parra, Alcaraz o Colominas. Todos ellos homenajean al más famoso artista de la región, Zurbarán. Los salones en los que cuelgan fueron antes gallineros o cuadras y conservan o recrean valiosos restos del pasado, como azulejos pintados a mano o la propia bóveda extremeña que los sostiene.

Los muebles tradicionales predominan en las zonas comunes, pero conviven con otros de diseño atrevido. En cualquier caso, en el hotel gana por goleada la sensación de regreso al pasado propia del entorno y reforzada por la visión omnipresente de la torre mudéjar de la iglesia vecina. A ello contribuyen los tapices, filigranas y bargueños que decoran las estancias.

Con nombres tan próximos como La Vera, El Espinal, Navagrulla o La Jara , las habitaciones cuentan en su estructura con suelos de terrazo, arcos y techos de vigas de madera. La apuesta por las sábanas de lino, la madera oscura y los colchones amplios y mullidos le sientan bien a la atmósfera de casona de veraneo de La Bienvenida. De las estancias quizás habría que elegir las dos que formaron parte de la zona habitada de la casa original, muy amplias. El resto, en los antiguos establos, no le va muy a la zaga. Algunas de ellas tienen vocación de loft y unen en el mismo espacio el baño y el dormitorio. El jardín se convierte en otoño en un lugar agradable por el que pasear. Las higueras, encinas y quejigos en torno a la piscina de aires moriscos adquieren la tonalidad nostálgica propia de la época. Es el momento de acercarse a alguno de los tres salones, preferentemente al abovedado, que cuenta con vistas a la plaza. Entre ellos y el comedor acristalado existe otra chimenea que invita a no alejarse demasiado de su radio de influencia. Junto a ella es difícil no dejarse seducir por las recetas extremeñas y portuguesas que ofrece a los huéspedes la cocinera y ama de llaves, Rosa Nieto.

La propietaria del hotel ayuda a organizar actividades deportivas y excursiones por la antigua zona fronteriza entre la España musulmana y la cristiana. A tiro de coche están la mina de la Jayona, Zafra, Llerena o Jerez de los Caballeros, pero también decenas de pueblecitos de adobe y piedra, que es lo que el viajero rural ha venido a buscar al fin y al cabo.

Situación: en una esquina de la plaza principal de Bienvenida (Manzarra, 40). Desde Badajoz se toma la N-432 en dirección a Zafra. Una vez allí se toma el desvío hacia Córdoba y a 20 kilómetros aparecen las señales que conducen directamente a La Bienvenida.
Habitaciones: nueve habitaciones con chimenea, baño, aire acondicionado y teléfono.
Precio: doble, 133 €, y superior, 160 €.
Servicios e instalaciones: piscina, jardín, tres salones (uno de ellos preparado para convenciones), comedor, bicicletas y tenis.
Contacto: Tel. 924 506 648 y www.labienvenida.com
Un detalle: las habitaciones cuentan con una chimenea de acero y cristal. Toda una bendición otoñal poder dormirse con el espectáculo hipnótico de los troncos consumiéndose.