Aroma a salitre: cinco pueblos costeros para apurar el verano

Asomados al mar y refrescados por la brisa, en ellos la rutina parece quedar lejos

Noelia Ferreiro
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Foto: xavierarnau / ISTOCK

Tomemos aire y retengamos en la memoria las imágenes de estas bonitas localidades españolas que son pura esencia marinera. Porque en ellas, asomadas al mar bajo el rumor de las olas y azotadas por la suave brisa, la rutina del invierno aún parece muy lejana. Puede que nos acordemos después de los chapuzones, las vistas al azul, las raciones de pescadito y el aroma a salitre.

Altea (Alicante)

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Un encantador pueblo pesquero compuesto por un casco antiguo trazado de fachadas blancas y un rosario de calas de aguas cristalinas. Así es Altea, la joya más discreta de la Costa Blanca y, sin embargo, la más atractiva. Encajada entre el Mediterráneo y las montañas, este municipio tocado por un aire bohemio hace gala de un turismo tranquilo y sostenible, alejado de las grandes masas. Por eso es ideal para refugiarse en los estertores del verano. Pasear por la bahía, comerse un buen arroz, hacer una excursión a la sierra o seguir las pistas del arte en sus múltiples galerías.  

Cadavedo (Asturias)

Hermita de la Regalina, considerada como el lugar sagrado con mejores vistas de Asturias. | jarcosa / ISTOCK

Una vez se llevó el título del pueblo más bonito de Asturias. Y nada extraña ya que su entramado urbano es un maravilloso laberinto de callejuelas que serpentean entre hórreos superpuestos, casinas con esmerados jardines y suntuosas villas indianas. Y todo ello, claro, al borde de un Cantábrico impetuoso que deja resaca de espuma. Cadavero ocupa lo que antaño fuera el puerto medieval de Vallenarán, dedicado a la caza de ballenas. Y dominando todo el conjunto, está el Promontorio de la Atalaya donde, colgada sobre los abruptos barrancos y la playa de La Riberona, se asienta una pequeña ermita con la venerada imagen de la Virgen de la Regla, conocida como La Regalina.

Conil de la Frontera (Cádiz)

Alesa Raschert

La alegría gaditana explota en este municipio de la Costa de la Luz sólo con evocar su nombre. Conil es la mejor medicina para afrontar la vuelta a la rutina. Playas larguísimas y solitarias en las que dar paseos eternos y calas más resguardadas para disfrutar de un buen baño. Pero también un bonito casco encalado donde se suceden los bares con las delicias del estómago: el atún de almadraba, por encima de todo, pero también la mojama, la tortillita de camarones, el pescadito frito o las albóndigas de choco. Y todo ello regado con vino fino, las flores de las macetas, el sonido de una guitarra, la omnipresencia del mar.   

Comillas (Cantabria)

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Una aldea de pescadores trasformada en un paraje de cuento gracias al sueño modernista de un marqués. Comillas es un pueblo peculiar, un auténtico museo al aire libre repleto de monumentos firmados por arquitectos de la talla de Lluís Domènech i Montaner, Joan Martorell o el mismísimo Gaudí. En definitiva, un rincón como de cuento de hadas en el que, para añadir más misterio, las olas golpean contra los acantilados. Palacios neogóticos y exuberantes edificios modernistas colorean la esencia de esta villa playera.

Cadaqués (Gerona)

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A duras penas mantiene su esencia el que fuera para Salvador Dalí “el pueblo más bonito del mundo”. Una localidad que ha sabido resistirse a la construcción masiva para mostrarse solitaria y apacible como un cuadro en azul y blanco reflejado en el Mediterráneo desde una pequeña bahía. En Cadaqués pervive el barniz surrealista de su habitante más ilustre, cuyo universo podemos admirar en la casa-museo de la vecina Portlligat. Aquí podemos darnos el último baño de la temporada en la playa urbana de Portdoguer o  explorar la belleza de sus alrededores, muy cerca del Cabo de Creus, donde reside el punto más oriental de la península.