Argelès-sur-Mer: donde el Mediterráneo se enamora de los Pirineos

Un idilio perfecto con paisajes dispuestos a conquistar

José Miguel Barrantes Martín
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Aterrizamos nuestras miradas en una comuna francesa junto a la frontera española, en una franja del territorio vecino donde los Pirineos descienden desde las alturas para zambullirse en el mar Mediterráneo, en un encuentro idílico del que se desprenden paisajes costeros bellísimos.

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Llegamos hasta el final de la costa Bermeja para abrirnos paso a través del histórico Rosellón y descubrir los encantos de Argelès-sur-Mer, donde kilómetros de playas, litoral rocoso y bosques confluyen en una localidad que destaca como centro turístico por méritos propios.

Aires catalanes al otro lado de los Pirineos

Subimos por el Alto Ampurdán y atravesamos Portbou creyendo que al otro lado de la frontera comienza un territorio completamente ajeno a la cultura y tradiciones catalanas, pero lo que encontramos es un sur de Francia donde las semejanzas con estas tierras se palpan a cada paso.

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En efecto, la historia ligó durante siglos, de una u otra manera, ambos lados de la línea divisoria entre ambos países. Ya fuera en la Edad Media o, más recientemente, tras la Guerra Civil en España, ese vínculo se fue fraguando hasta dejar en la actualidad unas huellas cuyos trazos se distinguen de manera inequívoca en algunas festividades.     

Es en este contexto en el que se envuelve la población de Argelès-sur-Mer, una comuna cuyo territorio se extiende al norte de los Pirineos abrazando el mar Mediterráneo justo donde la costa Bermeja toca a su fin.

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Una división administrativa de los Pirineos Orientales que se ha hecho famosa tanto por su abundancia de horas de sol al año como por sus extensos y bellos arenales a los pies del macizo de Albères.

Aquí la unión entre mar y montaña alcanza cotas impresionantes, brindándonos paisajes que mezclan de forma sublime elevaciones que superan los mil metros de altitud y un litoral abierto a las aguas del golfo de León.

Kilómetros de vistas excepcionales

Argelès-sur-Mer es una localidad volcada en el turismo cuyo barrio antiguo nos sorprende gratamente con estrechas calles de encanto especial. Las rúas paralelas de la Fraternité y Vermeille son buenos ejemplos de ello, además de conducirnos hacia el principal templo del casco viejo, la iglesia de Santa María d’Argelers y, un poco más abajo, orientarnos en dirección al memorial que homenajea a los cientos de miles de ciudadanos españoles que huyeron durante la Guerra Civil y que fueron confinados en esta población.

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Mientras, la zona del puerto está llena de vida. Numerosas embarcaciones deportivas se suceden tras los diques y un buen número de locales de restauración y boutiques animan el ambiente.

Pero no son estos locales sino las magníficas playas de la zona lo que realmente atrae a los visitantes. Se trata de siete kilómetros de arenales de una calidad extraordinaria, divididos por el puerto en dos partes bien diferenciadas. Por un lado, la playa de Argelès-sur-Mer propiamente dicha, la porción más larga y por donde se extiende un cuidado paseo marítimo que hace las delicias de los turistas. Por otro lado, el espacio más emblemático de la población, la playa de Racou, donde los Pirineos acaban por sucumbir bajo las aguas del Mediterráneo dominando toda un área de masa boscosa de varias hectáreas donde los pinos toman todo el protagonismo.  

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Aquí el tiempo se ralentiza considerablemente entre el tacto de la arena y las vistas de la montaña, siempre ante la estampa de las pequeñas casitas que flanquean el espacio y a las que el acceso a pie entre senderos sin asfaltar otorga un toque especial que, unido a los otros ingredientes, han hecho de esta playa una de las más bellas de Francia.

Tampoco podemos olvidarnos, a la altura de Racou pero hacia el interior, del castillo de Valmy y su gran parque, desde donde se obtienen unas preciosas panorámicas de Argelès-sur-Mer y el litoral. Un precioso lugar para visitar, inundado por el verdor del bosque de la Massane, donde la vetusta torre del mismo nombre, de varios siglos de antigüedad, nos habla del gran pasado de esta comuna francesa erigiéndose como símbolo de la misma.

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Por último, y al margen de la gran masa boscosa, no hay que dejar de lado la reserva natural de Mas Larrieu, un espacio de gran valor junto al río Tec que marca el final por el norte de lo que se suele considerar el arenal de Argelès-sur-Mer.