Aprender de los elefantes: inteligentes, solidarios y leales

Convivir con estos paquidermos al sur de Tailandia es una lección vital. Y están en vías de extinción por la sinrazón humana

Noelia Ferreiro
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Foto: Thirawatana Phaisalratana / ISTOCK

El mamífero más grande de la tierra es una criatura extraordinaria. Su enorme cerebro lo convierte no sólo en uno de los animales más inteligentes del planeta sino también en un ser tremendamente emocional, con un acusado sentido de la solidaridad y una imperturbable lealtad al grupo. Su apariencia imponente, fuerte, a veces intimidatoria, oculta a menudo que se trata, tal vez, del salvaje más civilizado, puesto que su conducta genera una relación de respeto y compasión en la manada.

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Convivir, ya sea por unos días, con elefantes, aprender las lecciones que nos imparten de manera involuntaria, es una experiencia fantástica y sumamente enriquecedora. Una aventura que es posible en el sur de Tailandia, en un campamento llamado Elephant Hills. Un proyecto (existen otros muchos a lo largo del país) que lleva a cabo Save the Elephant Foundation, la organización sin ánimo de lucro que se dedica a asistir y mejorar la situación de los elefantes cautivos.

Selva primigenia

Hace falta sumergirse en la jungla espesa que tapiza este rincón tailandés. Volar a Krabi o a Phuket para, tras dos horas y media por una carretera sinuosa, sumergirse de pronto en las llamadas tierras bajas, el lugar más húmedo del país.

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Aquí reside el impresionante Parque Nacional de Khao Sok, donde crece uno de los bosques lluviosos más antiguos del planeta: más de 160 millones de años atesoran sus árboles. Una auténtica reliquia de vida salvaje, salpicada de espigadas formaciones de roca caliza y atravesada por una red de senderos que son ideales para apreciar la fauna autóctona. Entre otras, más de 300 especies de aves, 38 variedades de murciélagos y una de las flores más grandes (y apestosas) de cuantas existen en el reino vegetal: la rafflesia kerrii, utilizada para remedios tailandeses.

No denigrarlos

En Khao Sok encontramos también Elephant Hills, al que además de un campamento de elefantes, podríamos considerar el primer glamping de Tailandia. Aquí el lujo consiste en pasar unos días entre simpáticos paquidermos en lo que supone un concepto único: nada de montarlos, emplearlos en espectáculos o desempeñar otras actividades que puedan denigrar al animal.

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A cambio sí ofrecen experiencias maravillosas que alientan los valores de conservación de estos mansos gigantescos: aprender como verdaderos mahouts los secretos de su alimentación y su baño (frotándolos siempre con esponjas de fibra de coco), así como interactuar con ellos mediante juegos y carantoñas.

Amenaza real

“En este santuario atendemos a razones éticas”, recalca Panthipa Wiranghmoo, una de las guías del recinto. Y esto quiere decir que el lugar está pensado para que sean los humanos quienes satisfagan las necesidades de los elefantes y no de manera contraria. Para que sean los hombres quienes asistan, como meros espectadores, a su vida en libertad.

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Y es que los elefantes asiáticos están considerados por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como un animal en peligro de extinción, a lo que contribuye un hecho desolador: de las 41.000 criaturas que aproximadamente existen en el continente, el 60% está en cautividad para su uso en la industria maderera ilegal, en el trabajo en el campo, en el turismo o en los templos.