Appenzell, el pueblo suizo con más vacas que personas

Encajado entre parajes alpinos e ideal para conectar con la naturaleza, este lugar guarda el secreto del queso Appenzeller, el más misterioso del país

Noelia Ferreiro
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Foto: D.R

Parece sacado de un cuento infantil. Hundido en la profundidad de un valle y custodiado por las montañas de los Alpes, Appenzell es un pueblo idílico emplazado a tan sólo dos horas en tren desde Zúrich. Un lugar atemporal con el que entrar en otra dimensión y donde las gentes (apenas 7.000 habitantes) viven al modo más tradicional. No en vano se trata del centro político, económico y cultural de Appenzell Rodas Interiores, el cantón más pequeño de Suiza y el más anclado a las costumbres ancestrales.

Appenzell, como toda la región, es una localidad eminentemente ganadera en la que, lo dicen los propios lugareños, hay más vacas que personas. Y esta es la causa (o la consecuencia) de que el lugar sea famoso por tratarse de la cuna del Appenzeller, el queso más misterioso del país, que se produce a mano desde hace más de 700 años según una antigua tradición.

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El secreto de su queso

¿A qué se debe su misterio? Sencillamente a su elaboración. Una enigmática receta que tan solo conocen dos especialistas en el mundo entero y que consiste en condimentarlo con una mezcla de más de veinticinco hierbas, raíces, hojas, flores granos y cortezas que le otorgan un sabor especial. El Appenzeller es un queso picante gracias a los cuidados que recibe durante al menos tres meses con esta salmuera de vegetales que supone un secreto estrictamente guardado. El paisaje suave y montañoso en el que se encuentra el pueblo, entre el lago de Constanza y el macizo de Säntis, contribuye a que las vacas pasten en libertad y es la base ideal para la leche cruda natural utilizada en su elaboración. Este queso aromático sólo puede producirse según la receta tradicional en los cantones de Appenzell Rodas Interiores y Rodas Exteriores y en partes de los otro cantones de San Galo y Turgovia. Por ello es único en el mundo.

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Viejas costumbres

La fabricación ancestral del Appenzeller está ligada a la esencia de Appenzel, tanto como otras viejas costumbres que siguen estando a la orden del día. Como la música de cuerdas, el Talerschwingen (un juego que consiste en lanzar una moneda a un bol de cerámica), la pintura campesina o la Fiesta del Alpfahrt, el viaje alpino, que se celebra en abril y septiembre y que sigue siendo un festejo fundamental para los agricultores de hoy. Pero más allá de su entorno de fábula y de sus curiosas tradiciones, Appenzell está considerado como uno de los pueblos más bonitos de Suiza. Su casco urbano, totalmente peatonal, es un cogollo precioso de pintorescas callejuelas, galerías, jardines, tiendas y las típicas tabernas Tafeen, donde tomar una cerveza artesanal.

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Pasear por el pueblo

Su arquitectura, la típica de los pueblos alpinos, conserva su estructura original. Una característica distintiva de la ciudad son las casas pintadas con frescos exteriores que encontramos en la calle Hauptgasse. Entre ellas,  la casa Hampi Fässler, decorada con persianas pintadas por Adalbert Fässler, el que fuera un afamado diseñador gráfico local.  

Tampoco hay que perderse el castillo de Appenzell, la iglesia Heiligkreuzkapelle o el museo Appenzell, emplazado en el propio ayuntamiento e ideal para que el visitante disfrute  de una muestra representativa sobre la historia y la cultura del lugar. Imprescindible también es pasear por Landsgemeindeplatz, la plaza donde todo pasa. Aquí se reúnen los ciudadanos del cantón, el último domingo de abril, para celebrar la Landsgemeinde (asamblea general), donde votan para elegir a sus representantes al parlamento cantonal.

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O hacer deporte

Quienes amen el senderismo, están en el lugar perfecto. Appenzell cuenta con una red de senderos tan curiosos como el Camino Para Pies Descalzos, en Gonten, o los Caminos Circulares que conducen a las capillas. Otras zonas para excursiones en Appenzell son Kronberg (1663m), accesible con una telecabina desde Jakobsbad, y el Hohe Kasten (1795 m), cuyo pico ofrece una vista espectacular al valle del Rin.

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Para los que prefieran el esquí también hay múltiples opciones. Las colinas de los pre-Alpes y el imponente Alpstein, siempre cubierto de nieve, son de lo mejor de Suiza para parcticar este deporte. Las excursiones de invierno y el esquí de fondo son también populares en las colinas de Appenzell, mientras que Ebenalp-Schwende, Kronberg y Hoher Kasten son pistas perfectas para disfrutar en familia.