Apoteosis salvaje: los mejores parques de Kenia para ver fauna

De la sabana infinita a los bosques tropicales, de los desiertos yermos a los montes glaciares, el milagro de la naturaleza acontece en estas reservas

Noelia Ferreiro
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Foto: Rixipix / ISTOCK

Cuna del safari propiamente dicho -ese que se apropió de aquel término swahili que significa viaje-, Kenia es un paraíso para los amantes de la fauna salvaje. En sus parques y reservas nacionales, con su variedad de hábitat y paisajes, la vida bulle en estado puro. 

Ñus que se aprietan sobre el río Mara ante las fauces de los cocodrilos, hileras interminables de búfalos avanzando entre las acacias, guepardos en carrera trepidante a la caza de las cebras, el manto rosa de los flamencos que abarrotan los lagos… y todo siempre bajo la mágica luz africana. Estos son los parques nacionales que no debes perderte:

1. Parque Nacional de Amboseli: 

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Es el parque que atesora la imagen más codiciada de Kenia: una familia de elefantes pastando plácidamente en las inmediaciones de un lago, y al fondo, el marco imponente de la montaña más alta de África, el Kilimanjaro, siempre con nieve en su cumbre.

Amboseli, cuyo nombre se debe a los remolinos de polvo (amboseli sellaman en swahili) que a menudo salpican el paisaje, es uno de los parques nacionales más visitados de Kenia.

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Casi 400 km2 de un terreno que es preeminentemente árido, pero en el que la vegetación irrumpe como un milagro gracias a los manantiales que se filtran desde la falda del monte tanzano. Cuando esto ocurre, los animales se concentran en sus alrededores, por lo que no resulta difícil ver búfalos, gacelas, ñus, cebras... y por supuesto elefantes, los grandes reyes del parque, que rozan la sobreabundancia. Por ello este lugar es aún un prodigio de la naturaleza. Imprescindible: el atardecer. Pensará que es una postal.

2. Reserva Nacional de Samburu:

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Emplazada al norte de Kenia, la Reserva Nacional de Samburu es una joya de especímenes únicos cuya peculiaridad rompe, si es que la había, la monotonía de los safaris africanos. Aquí, además de la tribu de los Samburu -emparentada con los masai, pero con una estética y filosofía diferente-, encontramos agua en abundancia: la del río Ngiro, que parte en dos el territorio, dejando al otro lado la reserva de Buffalo Springs, con la que hace las veces de frontera.

En sus orillas crece una vegetación exuberante que contrasta con el desierto semiárido de las zonas más alejadas.

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Pero Samburu es ante todo un paraíso para los amantes de los animales salvajes. Y ello porque es el hogar de los 5 grandes de Samburu: la cebra de Grevy, la jirafa reticulada, el oryx de Beisa, el avestruz de Somalia y el gerenuk. El encuentro con todos ellos está garantizado. El del leopardo, aunque no tanto, también: caza junto al río y descansa no muy lejos de sus orillas, en las copas de los árboles.

3. Reserva Nacional de Masai Mara: 

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Con 1.600 km2, se trata del más popular y visitado que es, en realidad, una prolongación del también famosísimo Serengeti de Tanzania. Ambos suponen la gran expresión de la fauna, tal es la densidad de animales salvajes que atesoran y la migración que de uno a otro -y viceversa- tiene lugar cada año.

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Masai Mara es esa Reserva Nacional que nadie debiera perderse si lo que se quiere es experimentar todo aquello que hemos visto en los documentales: por sus suaves colinas no sólo merodean los 5 grandes -león, leopardo, elefante, rinoceronte y búfalo- sino también guepardos, cebras, hipopótamos, gacelas de Thompson, impalas, dik-diks, jirafas masai, jabalíes verrugosos, chacales, hienas manchadas... Y por supuesto, los protagonistas del episodio más espectacular: los ñus, en su caótico y arriesgado cruce por el río Mara. 

4. Parque Nacional de Nakuru:

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 El Parque Nacional que acoge el hermoso lago del mismo nombre -de unos 200 km2- y las tierras que lo circundan, se oculta allá por el Valle del Rift, al oeste de Kenia.

En él encontramos una imagen maravillosa: unas aguas que parecen fluorescentes al estar plagadas de flamencos rosas, y que están bordeadas de praderas verdes y bosques de euforbio y acacias. En sus orillas, grupos de rinocerontes blancos apurando su siesta.

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Y familias de babuinos jugueteado sobre el pasto, leones trepadores avistando el paisaje desde los árboles y búfalos, cebras, cobos de agua, jirafas y jabalíes verrugosos y a jirafas... completando la escena.

El lago concentra en sus aguas carbonatadas la mayor reserva de flamencos rosados de Kenia, que acuden en busca de algas verde-azuladas. La visión, desde lejos, de un manto rosa sobre lago resulta sobrecogedora. 

5. Parque Nacional del Monte Kenia:

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 Habrá que prepararse para pasar frío porque este parque se encuentra, literalmente, en la cumbre de Kenia. No en vano alcanza los 5.199 metros de altitud, alberga doce glaciares y ofrece unas vistas sobrecogedoras.

El ascenso al Monte Kenia (la segunda montaña más alta de África) es, para muchos, una de las experiencias más gratificantes, aunque sólo los más expertos pueden llegar a los picos más altos: Baltian (5.199 m.) y Nelion (5.188 m.).

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El resto es apto para el trekking y ofrece hermosos paseos en los que apreciar la variedad de los paisajes y la fauna: elefantes, búfalos, monos y diversos antílopes. Algunos de los pocos hoteles del parque se emplazan a la vera de una charca a donde, en la noche, se acercan a beber los animales.