
Llamas y alpacas forman parte inseparable del paisaje y la cultura de los Andes peruanos. / danicachang
Qué ver en Cusco: una ruta por la ciudad inca, sus barrios y sus grandes monumentos
Templos incas, arte precolombino, talleres de artesanos y algunos de los conjuntos arqueológicos más impresionantes de Perú forman parte de una ruta que comienza en una pequeña plaza del centro histórico.
Cusco obliga a mirar más de una vez. Bajo algunos palacios coloniales aparecen muros incas; detrás de una iglesia puede sobrevivir la estructura de un antiguo templo y, al abandonar las plazas más monumentales, las calles empedradas conducen hacia talleres donde todavía se mantienen vivos oficios transmitidos durante generaciones. Descubrir la antigua capital del Imperio inca significa precisamente eso: aprender a leer todas las ciudades que conviven dentro de una misma ciudad.

La Catedral de Cusco preside la Plaza de Armas, corazón monumental de la antigua capital inca. / PocholoCalapre
Un buen punto de partida es la Plaza de las Nazarenas, en pleno centro histórico. Aquí se encuentra Inkaterra La Casona, una mansión del siglo XVI convertida en un hotel de solo 11 suites y primera propiedad de Relais & Châteaux en Perú. Su ubicación permite comenzar buena parte de las visitas caminando: la Catedral y la Plaza de Armas quedan a apenas dos manzanas y el Museo de Arte Precolombino se encuentra prácticamente al lado.
La idea es utilizar Inkaterra La Casona, miembro de Relais & Châteaux, como hilo conductor del viaje: salir por la mañana para recorrer templos, barrios y yacimientos y regresar al final del día a su patio interior, su comedor y sus espacios de bienestar. Porque en Cusco el alojamiento puede formar parte también de la manera de entender el destino.

Suite Plaza de Inkaterra La Casona, una de las 11 habitaciones del hotel Relais & Châteaux en Cusco. / Relais & Châteaux
Plaza de las Nazarenas, un comienzo lejos del bullicio
Antes de llegar a la monumental Plaza de Armas merece la pena detenerse en la Plaza de las Nazarenas, mucho más recogida y rodeada de edificios históricos.
Aquí se encuentra el Museo de Arte Precolombino (MAP), instalado en una casa virreinal que anteriormente fue convento. Sus once salas reúnen alrededor de 450 piezas correspondientes a distintas culturas del antiguo Perú, con obras fechadas entre aproximadamente 1250 a. C. y 1532. Cerámicas, esculturas, objetos rituales y piezas textiles permiten comprender el grado de sofisticación artística alcanzado mucho antes de la llegada de los españoles.

Vista panorámica del centro histórico de Cusco, con la Plaza de Armas entre tejados coloniales y montañas. / YinYang
Es una visita especialmente interesante al inicio del viaje porque introduce símbolos, materiales y técnicas que volverán a aparecer después en los templos, yacimientos y comunidades andinas.
¿Qué ver caminando por el centro de Cusco?
Desde Plaza de las Nazarenas, las calles conducen rápidamente hasta la Plaza de Armas, corazón monumental de la ciudad. El espacio actual ocupa un lugar fundamental desde época inca y concentra algunos de los edificios religiosos más destacados de Cusco.
La Catedral alberga once capillas, siete retablos, un coro bajo trabajado en madera de cedro y más de 300 pinturas, además de esculturas y tallas. Entre sus elementos más llamativos se encuentra el altar mayor recubierto de plata y la carroza que continúa utilizándose durante la celebración del Corpus Christi.

Mercados y calles de Cusco muestran la vida cotidiana y los productos de los Andes. / olli0815
Pero buena parte del interés de este recorrido está fuera de los monumentos. Basta caminar por las calles cercanas para encontrar uno de los rasgos que mejor explican la ciudad: los muros incas convertidos en base de edificios coloniales. Grandes bloques de piedra perfectamente ensamblados sobreviven bajo fachadas, conventos y antiguas residencias.
También puede visitarse la Casa del Inca Garcilaso de la Vega, hoy Museo Histórico Regional. El edificio fue la casa natal del escritor mestizo y conserva colecciones que recorren diferentes periodos de la historia de Cusco, con textiles preincas e incas, pintura de la escuela cusqueña, esculturas, documentos y objetos de la época colonial y republicana.
Qorikancha, dos mundos en un mismo edificio
Pocos lugares muestran con tanta claridad la superposición histórica de Cusco como el Qorikancha. Considerado uno de los templos más importantes del Imperio inca, estuvo dedicado al culto solar y su nombre puede traducirse como “recinto de oro”.

Los jardines del Qorikancha ofrecen una de las mejores vistas sobre el centro histórico de Cusco. / Alan_Tow
Tras la conquista española, sobre parte de sus estructuras se levantaron la iglesia y el convento de Santo Domingo. El resultado permite observar, en un mismo conjunto, dos formas completamente distintas de entender la arquitectura.
Los muros incas, construidos con enormes bloques de piedra ajustados con extraordinaria precisión, resistieron terremotos que dañaron seriamente las construcciones posteriores. Esa convivencia entre piedra inca y arquitectura colonial convierte el Qorikancha en una parada esencial para comprender cómo se fue transformando la ciudad después de la conquista.
San Blas y la tradición de los artesanos
Desde el centro histórico se puede continuar hacia San Blas, uno de los barrios más reconocibles de Cusco. Sus calles estrechas ascienden entre antiguas casas coloniales apoyadas sobre muros de piedra y conducen hasta pequeñas plazas, talleres y tiendas de artesanía.

Artesanía y textiles llenan de color las calles de Cusco. / Photogilio
Desde hace generaciones, San Blas mantiene una estrecha relación con los oficios artesanos. Escultura, cerámica, pintura, joyería, textiles, talla de madera y arte religioso forman parte de una tradición transmitida entre familias y talleres.
Recorrer el barrio permite alejarse momentáneamente de los grandes monumentos y aproximarse a una parte más cotidiana de la ciudad. Conforme aumenta la altura, aparecen también nuevas perspectivas sobre los tejados del casco histórico y las montañas que rodean Cusco.
Sacsayhuamán, mucho más que una fortaleza
Hay que abandonar el centro para comprender la verdadera dimensión del legado inca. Una de las primeras visitas debe ser Sacsayhuamán, el gran complejo arqueológico situado sobre la ciudad.
Sus muros están formados por enormes piedras talladas y unidas con una precisión que sigue siendo uno de los elementos más impresionantes de la arquitectura inca. Aunque durante mucho tiempo se interpretó fundamentalmente como una fortaleza, el recinto desempeñó también importantes funciones ceremoniales.

Sacsayhuamán, uno de los grandes conjuntos arqueológicos incas de Cusco. / Sebastien Lecocq
Cada 24 de junio, Sacsayhuamán vuelve a ocupar un lugar central durante la celebración del Inti Raymi, la fiesta dedicada al Sol.
La excursión puede continuar por otros tres enclaves arqueológicos cercanos. Qenko conserva galerías y canales labrados directamente en la roca; Puca Pucará, cuyo nombre significa “fortaleza roja”, presenta terrazas, patios interiores, acueductos y estructuras defensivas; y Tambomachay destaca por sus fuentes, canales y corrientes de agua, tradicionalmente relacionados con rituales de la realeza inca.
Más allá de la ciudad: Maras, Moray y Chinchero
Si la estancia permite dedicar una jornada adicional a los alrededores, Cusco abre la puerta al Valle Sagrado de los Incas.

Machu Picchu, icono del legado inca. / Diegograndi
Una de las excursiones combina las salinas de Maras con Moray. En Maras, pequeños estanques escalonados aprovechan el agua salada que brota de la montaña para obtener sal. Muy cerca, Moray sorprende por sus enormes terrazas circulares excavadas en el terreno, que habrían servido para experimentar con cultivos en distintas condiciones de altitud.
Otra opción conduce hasta Chinchero, situado a más de 3.700 metros de altitud y rodeado por algunos de los grandes picos del Valle Sagrado. Además de sus restos arqueológicos, su iglesia colonial y su mercado tradicional, el pueblo conserva una fuerte identidad vinculada al tejido.
La visita al centro textil asociado a Nilda Callañaupa permite observar técnicas tradicionales de elaboración de tejidos y acercarse a conocimientos que siguen transmitiéndose entre generaciones.

Después de recorrer Cusco, la sala de terapias Yacu de Inkaterra La Casona propone tratamientos inspirados en ingredientes y tradiciones andinas. / Relais & Châteaux
Son experiencias que ayudan a entender que la cultura andina no pertenece únicamente al pasado arqueológico. Continúa presente en los textiles, los mercados, los productos agrícolas y las comunidades que habitan el territorio.
Volver a La Casona al final del día
Después de horas caminando a unos 3.400 metros de altitud, regresar a Inkaterra La Casona, propiedad de Relais & Châteaux en Cusco, cambia completamente el ritmo. Tras la gran puerta de madera, el patio central y las galerías recuperan el silencio de esta antigua residencia cusqueña.
Aquí el destino continúa presente de otra manera. El comedor, con solo seis mesas y capacidad para doce personas, propone una cocina vinculada a los sabores peruanos y novoandinos. La jornada puede continuar con la hora del té o, al caer la tarde, con el cocktail hour.

La propuesta gastronómica de Inkaterra La Casona reinterpreta productos y sabores peruanos. / Henrry Moreno
También está la sala de terapias Yacu, situada entre arcos históricos. Sus tratamientos utilizan productos elaborados con extractos botánicos locales e incluyen propuestas como la terapia de altura, el facial de quinua real, la reflexología, las piedras calientes o el tratamiento denominado Baño de la Ñusta.
La reducida escala del hotel ayuda a mantener esa sensación de refugio. Sus once suites, las chimeneas, los tejidos de inspiración andina y los detalles artesanales recuerdan constantemente dónde se encuentra el viajero, sin necesidad de convertir la estancia en una representación del pasado.

El patio central articula la vida de esta antigua casa señorial del siglo XVI. / Relais & Châteaux
Una ciudad que se descubre por capas
Cusco permite construir muchos viajes dentro de uno solo. Está la ciudad monumental de la Plaza de Armas y la Catedral; la ciudad inca del Qorikancha y Sacsayhuamán; la artesanal de San Blas y la contemporánea que continúa reinterpretando tradiciones heredadas durante siglos.
Elegir un alojamiento en pleno centro histórico, como Inkaterra La Casona, miembro de Relais & Châteaux, permite descubrir buena parte de esas capas caminando y utilizar después el hotel como base para ampliar la ruta hacia los grandes complejos arqueológicos y el Valle Sagrado.
El resultado no es únicamente una lista de lugares que visitar. Es una forma de comprender por qué, siglos después de haber sido capital del Imperio inca, Cusco continúa construyendo su identidad a partir de todas las culturas que han dejado huella en sus calles.