La pequeña Alemania que está dentro de Chile: un lugar único en el mundo
¿Schafer, Weiser, Hausdorf…? ¿Sabes por qué abundan estos apellidos en las poblaciones que bordean el lago Llanquihue, en la puerta de entrada a la Patagonia chilena?

Iglesias luteranas, escuelas germánicas, restaurantes especializados en salchichas, fábricas de cerveza… y casitas de madera, por aquí y por allá, muy al estilo de la Selva Negra. Todo esto encontramos en un rinconcito de Chile, asentado donde da comienzo el sur, en la misma puerta de entrada a la Patagonia.
Se trata de la Región de los Lagos, y más concretamente, del rosario de localidades que se abrazan al lago Llanquihue, el segundo más extenso del país después del lago General Carrera. Unas poblaciones coquetas y adormiladas que recogen tal influencia alemana que hasta podría pensarse que se trata de una sucursal teutona en los Andes. Aquí donde los habitantes exhiben una fisionomía de pelo rubio y ojos azules, los apellidos más comunes son Schafer, Weiser o Hausdorf.

A paso lento, pero firme
Pero, ¿cuál es la razón de esta incongruencia bávara dentro de Chile? ¿Por qué existe esta pequeña Alemania encajada en medio de un país latino? Hay que remontarse a 1850 para entenderlo. Este año, a través de un decreto gubernamental, se incitó a la repoblación de la que por entonces era una región olvidada, azotada por los vientos gélidos y a penas conectada con el resto del país. Un panorama que, sin embargo, atrajo a un puñado de familias teutonas que comenzaron a construir sus poblaciones de manera laboriosa, siguiendo sus propios cánones culturales. Así, a paso lento pero firme, adaptando el estilo germánico a todos los aspectos de la vida, acabaron por dejar su impronta.

Pretzels y schnitzels
Hoy, en estos pueblos, no solo se escucha hablar alemán, sino que, además, se mantiene viva la llama de las costumbres y la gastronomía germana. Los pretzels (panes salados), schnitzels (filetes empanados y fritos de distintas carnes) y el famoso codillo con chucrut abundan en los menús de los restaurantes, mientras que el kuchen (un pastel de masa con fruta) es el producto estrella de las confiterías. También la arquitectura se hace eco del influjo teutón, con la madera como material principal en los embarcaderos, las iglesias y especialmente en las casas, recubiertas con las típicas tachuelas, que son como escamas gigantescas, y rematadas con tejas negras que recuerdan a las idílicas poblaciones centroeuropeas.

La fuerza de los volcanes
Puerto Varas fue el primer asentamiento de estos colonos que despejaron la selva con sus propias manos y decidieron asentarse a los pies del lago Llanquihue con la mejor de las panorámicas: a un lado, el volcán Calbuco, de cima irregular, que mostró su cólera por última vez en 2015; a otro lado, el volcán Osorno, perfecto en el trazado de su cono como si fuera el dibujo de un niño. Caminar a lo largo de la costanera es el mejor ejercicio que puede hacerse para apreciar estos colosos de la naturaleza. También el entramado de la localidad merece un paseo, sobre todo por los tranquilos barrios residenciales, adornados con bellos jardines. Una ocasión para descubrir también su exquisita gastronomía, su casino con animada vida nocturna y su interesante oferta cultural, que ya quisieran para sí muchas grandes ciudades.

La ciudad de las rosas
Pero tal vez la población con mayor sabor alemán sigue siendo Frutillar, a la que se conoce como “la Ciudad de las Rosas” porque son estas flores las que perfuman el aire con su abundante presencia. Esta población también nació al calor de los inmigrantes cuyas generaciones venideras ocupan hoy las mismas casas que miran al lago.

Para entender mejor este hecho está el Museo Colonial, donde se desgrana con todo detalle la historia de los fundadores que llegaron a este rincón del mundo en busca de una vida mejor. La que hoy parece mostrar Frutillar con poco más de 15.000 habitantes y su aire como de viejo cuento. El majestuoso teatro, construido en madera sobre la orilla con aclamada maestría arquitectónica, pone la nota cultural en una ciudad profundamente sensibilizada con la música. Puede que esto también le venga de su sangre alemana.
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