Amberes: la ciudad que no pasa de moda

El buen gusto marca la esencia de esta ciudad de Flandes conocida como la capital del diseño belga

Noelia Ferreiro
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Hace ya tiempo que las musas se han instalado en Flandes, esa región del norte de Bélgica que ha logrado conquistar todos los pliegues y recovecos del buen gusto con una eclosión de tendencias y un resurgir de la vanguardia. Algo se cuece en el efervescente territorio flamenco, donde la moda se respira por doquier. Especialmente en Amberes, la metrópoli que es experta en cultivar la buena vida.

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La célebre ciudad de Rubens, cosmopolita y moderna, orgullosa y altiva, ganó su reputación como impulsora del diseño a finales de los años 80, cuando los pioneros de un movimiento que la prensa británica bautizó como Los seis de Amberes conquistaron las pasarelas de París y Londres.

Una revolución

Fue la primera oleada de un concepto revolucionario: el de la nueva moda belga, que no fue tal solamente por ser moda, sino también (y principalmente) por ser rabiosamente nueva. Otras quintas de creadores han ido sumando esfuerzos hasta completar una lista con nombres tan sugerentes como Ann Demeulemeester, Martin Margiela, Dries Van Noten, Raf Simons, Bruno Pieters, Peter Pilotto...

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La Academia de la Moda, que regala cada año un acontecimiento crucial (el desfile de modelos de los estudiantes de último curso, una cantera de talentos que atrae cada vez a más de seis mil curiosos) es el eje de este fenómeno en Amberes.

Panorama efervescente

La consecuencia de todo esto es que estamos en una ciudad vibrante y única, repleta de boutiques de diseñadores pioneros y marcas renombradas, talleres de artistas plásticos en plena ebullición, instalaciones, galerías, espacios vintages y una irrefrenable actividad creativa que cristaliza en el ModeNatie, conocido como el país de la moda.

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Un edificio en pleno casco histórico, que no sólo da cobijo a la Academia de la Moda y a los alumnos de la Escuela Superior de Amberes, sino que también acoge al Flanders Fashion Institute y al Nuevo Museo de la Moda (MOMU) con sus espectaculares exposiciones.

Escena alternativa

Muy cerca, en la Nationalestraat, se concentran algunas de las tiendas insignia de la ciudad, como la de Dries Van Noten o la de Veronique Branquinho. Y un poco más allá, en Kammenstraat, compiten los locales más excéntricos de ropa alternativa y de segunda mano.

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Más bullicioso resulta Meir, la arteria comercial, en cuyos edificios de suntuosa arquitectura se han instalado las grandes marcas europeas. Suerte que cerca está la Jezustraat, plagada de salones de té, y algo más lejos, la plaza Wapper, que es todo un remanso de paz salpicado de terrazas.

Moda y arte

Modelos informales o colecciones exquisitas, tendencias casual o diseños trendy... Todo es posible en otros dos barrios: Wilde Zee y el quartier Latino. Y también en el distrito de El Sur. Si se lía, no tema: la Oficina de Turismo tiene guías con los distintos itinerarios de shopping e incluso servicios de personal shopper al alcance de los más indecisos.

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La última opción es combinar moda y arte, para lo que es ineludible el antiguo barrio de los anticuarios, reconvertidos hoy en galerías. O la Pourbus Straat, con sus nada menos que siete salas de muestras. O los más de 25 museos que jalonan esta ciudad que, pese a figurar entre las más cool de Europa, está lejos de dar la espalda a su apasionante pasado histórico.