Del Alto Jarama a la tierra de los Patones

La provincia de Madrid conserva una increíble extensión en la que la naturaleza permanece intacta. Aroma, olor, color y sosiego son las señas de identidad de un viaje por pueblos de pizarra y piedra. Una ruta inesperada y llena de alicientes a menos de una hora de la gran urbe.

Irene González
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Foto: Jexweber.fotos / photo on flickr

Una ruta tan bella como sorprendente por un territorio con su naturaleza intacta, sin aglomeraciones y con pueblos tan sosegados que hechizan. La magia existe a menos de una hora de la gran metrópoli donde, aunque parezca imposible, su ritmo de vida transporta a otros tiempos. Muy cerca de Madrid, en la esquina noroeste, asombra la bella Sierra del Rincón y su entorno natural. En un viajar en busca de los montes donde nace el río Jarama, se abre una ruta inesperada y cuajada de alicientes. Desde el cauce del alto Jarama hasta el pueblo de Patones, el recorrido seduce por su naturaleza, sus gentes, sus pueblos y villas y el prodigio de este torrente generoso.

Este hábitat es Reserva de la Biosfera porque durante siglos sus vecinos han utilizado con sabiduría los recursos de la tierra. Este singular rincón madrileño goza de una gran diversidad biológica, un rico patrimonio natural y una belleza paisajística sin igual. Entre bosques, puertos, sendas, paisaje y montañas, recorremos Horcajuelo de la Sierra, Prádena del Rincón, Montejo de la Sierra,  el Hayedo de Montejo, la Hiruela, Puebla de la Sierra, la presa del Atazar y Patones de Arriba. Será un paseo entre antiguos oficios y ancestrales costumbres. Pueblos de pizarra con curiosos machacaderos en las puertas de las casas que hoy sirven para sentarse pero que antaño se usaban para machacar el lino. Estas tierras encantadas escalan las faldas del alto de Bañaderos, rodean los Picos de La Morra de la Dehesa y Cabeza del Burrial, atraviesan accidentados terrenos entre bellos prados y robledales.

Casi todo este pintoresco paisaje ofrece espectaculares formaciones de esquistos que se fragmentan en delgadas capas y que se siguen utilizando en las construcciones tradicionales. Antes de adentrarnos en el mágico rincón, nos detenemos en el recinto fortificado de Buitrago de Lozoya y, cómo no, unos kilómetros más allá, la estación de seguimiento de satélites de Gandullas, merece un alto en el camino, antes del baño de naturaleza que nos espera.