Alpes de Francia

En los valles de la Alta y Baja Saboya, las vacas, las abejas, la miel, los quesos, el Ródano o las casas rurales con encanto son la razón de vivir de sus gentes. Hay que adentrarse en las lúdicas aguas del lago Leman, el pintoresco valle de la Abondance, las bucólicas aldeas del Beaufortain, el romántico lago de Bourget, la solitaria abadía de Hautecombe o la sugestiva comarca de la Chautagne para descubrir los cálidos secretos escondidos en las verdes laderas de los Alpes bajo el afilado e inquietante Mont Blanc, el techo de Europa.

Rafael Plaza

Rousseau y Lamartine fueron atrapados aquí por sus respectivas amantes, la condesa de Warens y Julie Charles. "Necesito torrentes, rocas, pinos, bosques oscuros, montañas, caminos accidentados para recorrer, precipicios muy cercanos que me asusten... ",escribió Juan Jacobo, el coautor de la Enciclopedia , en sus Confesiones sobre los Alpes franceses. La Alta Saboya es el país de los lagos. Saboya (baja) es el país de los pescados, con sus ríos Cheran, Guiers, l‘Arc y l''Isere. Bordeando el río, entre los montes de abetos y una profusa vegetación, se divisa el gigantesco Mont Blanc, siempre nevado. El enorme contraste del verdor que rezuman las laderas y la luz de los pueblos desafían a la hiriente luminosidad del impresionante Monte Blanco.

Estamos en el techo del continente europeo. Caminar por estos valles es una experiencia realmente inolvidable. Esta es la única región de Francia donde, si el tiempo lo permite, se pueden practicar caminatas por glaciares en los macizos del Mont Blanc, la Vanoisse y los Ecrins. Los Alpes no tienen patria, a no ser que lo sean, a la vez, Francia, Italia, Alemania, Suiza, Liechtenstein, Austria y Eslovenia.

No se sabe precisar si la altura del Mont Blanc es de 4.808 ó de 4.810 metros. Pero sí se sabe con certeza que es la cumbre alpina más legendaria. Se cumplen ahora 220 años desde que fue conquistada por vez primera. El ricachón ginebrino Horace Benedict de Sausure apadrinó a un médico de Chamonix, el doctor Michel Gabriel Paccard, y a su guía, Jacques Balmat, para ascender a la cumbre del Mont Blanc, proeza que lograban el 8 de agosto de 1786.

Ubicado en la frontera con Italia, la parte más espectacular de los Alpes, una de sus principales estaciones es Chamonix, base de todas las actividades deportivas del legendario pico. Se puede ascender en funicular y en tranvía. En un tren cremallera se sube hasta el glaciar Mar de Glace (cerrado desde mediados de noviembre hasta mediados de diciembre). También se puede ascender por el teleférico hasta la Aiguile du Midi (3.842 metros). Los paisajes son impresionantes. La enorme montaña se ofrece cortada en tajadas a pico, verticales, por alguno de cuyos desfiladeros los alpinistas suben o bajan en fila india. Chamonix queda allá abajo, en lo más hondo del mundo. Pero no todo es nieve en el entorno del Mont Blanc.

Thonon, ciudad termal desde los tiempos de los romanos, a 195 kilómetros de la ciudad de Lyon, es la capital del Chablais, en la Alta Saboya. Desde esta urbe se puede contemplar, como desde un balcón, el lago Leman en toda una esplendorosa panorámica. El funicular tiene ya un siglo de vida, pues fue construido en los albores de la Belle Epoque . En Thonon hay muchas termas y fuentes de agua mineral. Está unida a la villa de Evian (a 9 kilómetros al este), cuya agua azucarada es conocida en todo el mundo. La antigua ciudad se encontraba rodeada de murallas. Hoy quedan ya muy pocas.

La iglesia de San Hipólito, del siglo XIII, fue reconstruida durante el XVII según las reglas del barroco saboyano y se está restaurando de nuevo ahora, junto a la de San Francisco de Sales. Maurice Denis, de la escuela de Matisse y Gauguin, es el autor de los frescos de este último templo. El Monasterio de la Visitación es del siglo XVII. Hoy el viejo molino del convento se ha convertido en un curioso restaurante. Sería bueno acercarse, junto al pequeño puerto, al Ecomuseo del Pescado, donde preparan las famosas percas del lago Leman.

El Ayuntamiento de Thonon es de estilo sardo, desde la unión de Saboya con Francia en el año 1860. Anteriormente perteneció al Reino del Piamonte y Cerdeña. La ciudad tiene dos niveles: el barrio Rives, al borde del lago, en la parte baja, y el barrio alto , donde se ubica el centro. En el siglo XVII se produjeron a orillas del lago Leman fuertes luchas entre los protestantes suizos de Berna y los católicos franceses de la Casa de Saboya. La comarca fue protestante durante sesenta años hasta que San Francisco de Sales, hoy patrón de la ciudad, pacificó a sus gentes. De Thonon al Valle de l''Abondance se accede por una carretera muy pintoresca, llena de curvas, en compañía de paisajes espectaculares y de la mano del río. Se llega así a un hermoso valle en medio de montañas, algunas de ellas de nieves perpetuas. Muchas, de más de 2.000 metros, como las Cornettes de Bise, la Lenta o el Col de Vernaz. El monte Jorat domina el paisaje. Las peculiares viviendas de madera de varios pisos, con originales terrazas y balcones, dominan estas montañas. El monte Chauffé se levanta inmenso sobre la Chapelle d''Abondance, uno de los pueblos más típicos, en pleno corazón de la Alta Saboya.

En todos estos montes se dedican miles de hectáreas a animales como ciervos o perdices... y muy especialmente a las vacas con gafas (por la forma de su cabeza), que son las verdaderas dueñas de l''Abondance y cuya leche se utiliza exclusivamente para la producción de queso. Las gentes del lugar viven del, por y para el queso. Y, naturalmente, del turismo de invierno. El plato típico de Chablais (eberthoud ) se hace con productos locales. Entre los objetos más llamativos de la zona están las campanillas para las vacas y para las casas, construcciones cuya estructura de madera, de trazado triangular, y sus balcones pintados y esculpidos llaman la atención del viajero.

El camino desde Montblanc hasta Hauteluce es prodigiosamente pintoresco. Entramos en la comarca de Beaufortain, que agrupa a cuatro villas (Gueige, Villard y las encantadoras Hauteluce y Beaufort), cuatro embalses, 4.000 habitantes... y 4.000 vacas. La comarca del Beaufortain es un "jardín de altura ". Una comarca donde la hierba tiene un valor sagrado y las vacas son consideradas reinas. En contraste con la vaca abondance , la de aquí, llamada tarine, es más pequeña, menos corpulenta y sin antifaz , aunque también es roja. Cada verano, a partir del 15 de junio, los campesinos hacen subir a sus vacas a lo más alto de las montañas, a medida que van comiendo y crece la hierba fresca. En septiembre vuelven a bajar, huyendo de la nieve. La marcha de las vacas hacia las alturas alpinas constituye una auténtica fiesta popular. La gente, paradójicamente, se pone también triste y llora, pues va a dejar por un tiempo de oír el sonido de las campanillas de cobre, cada una con un sonido diferente. La hierba la van comiendo, tranquilamente, mientras ascienden, en pequeños parques cerrados con cables eléctricos de baja intensidad para que las vacas no los traspasen.

La comarca de Beaufortain vive de las vacas y del turismo. Las vacas se crían sólo para la carne y los quesos. A los quesos producidos con su leche se les conoce como los príncipes de los gruyere . Los de Beaufort -"uno de los mejores del mundo ", según los lugareños-, de 40 kilos cada uno, los comercializa una fábrica cooperativa que produce los quesos de los 140 agricultores de la comarca. Las aldeas del Beaufortain son una sorpresa detrás de otra. Esta comarca cons- tituye también la meca del esquí y del senderismo, cuyo punto principal es la Pierre de la Menta, donde se celebran unas carreras típicas muy populares durante cuatro días, con 10 kilómetros de fuerte desnivel. Sin duda alguna, Beaufort es el pueblo más grande de toda la comarca. Por su pequeño río Borón saltan las truchas bajo el pequeño y coqueto puente de piedra que lo atraviesa.

Hauteluce saluda al viajero con su preciosa iglesia de Saint Jacques d''Assyrie -un obispo del siglo V-, barroca, con pinturas en su fachada y un peculiar campanario. Las casas del Beaufortain mantienen un estilo propio de estas montañas, donde, no obstante, todas son distintas entre sí, en sus tejados, sus terrazas o los dibujos esculpidos en sus balcones de madera. La villa de Hauteluce se encuentra plagada de árboles. En verano y primavera atrae a muchos senderistas por lo pintoresco del lugar y las altas montañas que lo circundan. Tiene 800 habitantes y un precioso Ecomuseo que muestra sencillos útiles de la vida doméstica del pasado: cocina, ropero, vajilla, despensa, almacén de maquinaria, útiles para coser o planchar o para rezar, como un reclinatorio u oradios . Y hasta una escuela de niños con sus pupitres, sus pizarras, sus mapas, sus libros de texto...

El pueblo conserva las tradiciones. La cultura del esquí no ha entrado aquí todavía. Conserva su propio dialecto, el patois , como en otros muchos pueblos de la Alta Saboya y en muchos de los Alpes italianos. Los campesinos dicen que "la civilización del esquí no ha detronado a la civilización de la vaca ". Las viviendas típicas, de techos picudos, son de madera en la parte superior y de piedra en la inferior. El pajar está en la parte superior y las habitaciones en la parte baja. El ganado, al lado, en estancias propias, pero en la misma casa. El verde impregna a todo el valle de belleza y quietud.

Chambery, la capital de la Baja Saboya , tiene dos nombres propios: la familia Saboya y el filósofo de la Enciclopedia Jean Jacques Rousseau (1712- 1778), músico y defensor del "buen salvaje ", cuya casa de verano se alza en el Parque de la Calamina.

El Castillo de los duques de Saboya domina la villa, en pleno casco antiguo, con edificaciones medievales y renacentistas. Dos ríos riegan la ciudad: el Leysse y el Albane. La villa está levantada alrededor del Castillo que mandó construir el conde Tomás de Saboya en el año 1232. Chambery alcanzó su máximo esplendor en el siglo XIV y a mediados del XIX se incorporó al territorio francés.

La ciudad tiene un especial encanto. En el casco antiguo conviven las iglesias de los frailes franciscanos y dominicos con las casas de nobles y las casonas de arquitectura medieval. Muchas de sus callejuelas siguen empedradas. Las zonas más animadas son la calle de la Republique, la rectangular y larga Plaza de Saint Leger, plaza mayor de la ciudad donde siempre habitó la aristocracia, por la que se llega a la elegante y comercial calle de Boigne, con sus lindos so- portales, y a la medieval Croix D''Or, llena de terrazas y restaurantes, donde se ubica una de las casas más llamativas de la ciudad, levantada en su totalidad sobre el río L''Albanne. Sorprende especialmente la extravagante Fuente de los Cuatro Elefantes, que fue levantada durante el año 1838 en el boulevard de la Colonne en honor del conde de Boigne, un aventurero millonario que nació aquí y que se hizo inmensamente rico en las Indias orientales francesas.

La ciudad conserva unas hermosas calles del siglo XVII y no pocas casas típicas de esa época. Las casas están terminadas con hierro forjado y se puede penetrar en su interior para acceder a otras calles a través de antiguos y estrechos pasadizos. Chambery tiene 16 callejones de este tipo, llamados allee couverts. Se componen de tres edificios sucesivos, para pasar por una especie de pasillos cubiertos a patios interiores sorprendentemente públicos. Todos ellos dan a la gran Plaza de Saint Leger. Muchas de estas casas del siglo XVII se distinguen a primera vista por su torre interior, sus escaleras de caracol y el típico hierro forjado de puertas y ventanas. La ciudad disfruta de dos teatros: uno italiano, muy pequeñito, la Casa Castegnery, y otro con fachadas laterales adornadas con grandes frescos de dramaturgos o gentes de las bellas artes. Por no en pocos inmuebles de la ciudad pueden observarse sus famosas "engañifas pintadas " a modo de esculturas, como las de la Santa Capilla.

Hay inmuebles de melancólica antigüedad, como la panadería La Corona de Oro, de 1869, o la casa de verano de Rousseau, nacido en Ginebra en 1712 y que vino a vivir aquí en 1731. De formación protestante, el rey de Saboya le ofreció dinero si se convertía al catolicismo. Trabajó para el municipio creando el catastro, por primera vez en Europa. Tiene dedicada una pequeña calle con una estatua desde el año 1910. Además, impartió cursos de música, a la que dedicó uno de los capítulos de la Enciclopedia .

La casa de invierno de Rousseau está en el centro de la ciudad, pero a las afueras se levanta su mansión estival, hoy museo, junto a un hermoso y pequeño parque. Ambas casas se las regaló al pensador francés su amiga la condesa Louise de Warens, "a condición de que se convirtiera al catolicismo ". Rousseau gozó en ambas de la compañía de su amiga, a quien se la conocía como "la mammá ". El museo conserva pocas cosas del escritor: alguna mesa, alguna cama de dudosa originalidad, algún cuadro de poco valor, un par de imágenes de Cristo... Pero el entorno es hermoso y tranquilo, justo para poder escribir y amar en vísperas de la Revolución Francesa.

Aix-les-Bains es una ciudad termal desde cuatro siglos antes de Cristo, cuando se la conocía como "la ciudad del agua ". Aún quedan termas de tiempos del emperador Maximus, del siglo I antes de Cristo. Las termas se derrumbaron en la Edad Media. Hoy se muestran como ruinas interesantes. Pero sigue siendo la segunda estación termal de Francia desde el siglo XIX. Aix-les-Bains (6.000 habitantes) se ha erigido hoy en un animado lugar de veraneo (más de 50.000 visitantes), con su casino y su teatro de ballet y variedades al más puro estilo belle epoque .

El castillo de Seyssel data de 1645. Hay en los altos de la ciudad (Mont Revard) nada menos que seis palacetes art decó de principios del siglo pasado, además de buen número de edificios de la época. Esos palacios nacieron como hoteles y hoy son viviendas particulares. Sólo queda un palacete hotel de la época, en el centro de la ciudad: el Astoria, traspasado de lujo y nostalgia, con su espectacular hall y sus escaleras llenas de un decadente glamour. Numerosas estaciones de esquí jalonan los alrededores de una villa que, desde el siglo XI, fue priorato de los monjes de Cluny. El Casino de la villa fue inaugurado por el rey Víctor Manuel II en el año 1850.

Aix-les-Bains vive del y para el agua, con varios centros termales y de balneoterapia, último grito de este tipo de tratamientos. Ubicada en las orillas de uno de los lagos más hermosos de Francia (el Bourget) y en medio de unos pintorescos parajes, hay que recorrer -por el interior o a través de un crucero por el lago- la hermosa comarca de la Chautagne, que agrupa a ocho pueblos que rezuman encanto. Su población total no llega a los 5.000 habitantes.

El entorno resulta totalmente incomparable. La Chautagne se extiende al pie de los montes Colombier y Juva. Allá, no muy lejos, se divisa el impresionante Mont Blanc. Todos estos pueblecitos son muy pintorescos, a las orillas de un Ródano plagado de cisnes, y besados por el canal de Savières.

El lago de Bourget bordea unos pequeños puertos de recreo y diminutas playas, como las de los pueblos de pescadores Conjux y Chindrieux, para luego, ya en el canal de Savières, que permite la navegación hasta el Ródano desde la época romana, serpentear sobre el agua desde Portout hasta Chanaz, una aldea de 500 habitantes que llama la atención por sus puentes sobre el río Ródano, sus casas, su montecillo y su precioso molino de piedra y madera, donde el polaco Edouard Roswadowki elabora de forma artesanal un aceite de nueces y avellanas.

Los amantes de los vinos del lugar se toparán con las bodegas de Lucey, Jongieux, Billeume y la de la misma Saint Pierre de Curtille, muy cerca de Chanaz, donde se levanta, desde el siglo XII, la estremecedora Abadía de Hautecombe, en medio de viñas, alamedas, pequeñas montañas, praderas y bosques que la convierten en un lugar de ensueño.