Alor, la isla de los tambores mágicos

Carlos Hernández

Parece una más entre la docena de humildes cabañas fabricadas con bambú, madera y altos techos de hoja de palma. Sin embargo, sus dimensiones son ligeramente mayores y llaman aún más la atención sus puertas cerradas a cal y canto. Nadie entra y nadie parece salir de ella. Las vigas del exterior están decoradas con llamativas pinturas amorfas en tonos rojos y negros. Su interior permanece a salvo de miradas indiscretas y de ambiciosos deseos. Es la ‘casa secreta'' y en ella se guarda eltesoro más preciado del poblado: sus tambores mágicos y sagrados cuya propiedad ha pasado de padres a hijos, generación tras generación, desde hace más de 500 años.

La historia del pueblo de Bampalola, como la de sus tambores sagrados, se remonta largos siglos atrás. Mucho antes de que los colonizadores holandeses arribaran al archipiélago de Alor, en el extremo oriental de la actual Indonesia. Es un lugar remoto, aislado del mundo exterior hasta tal punto que, en la década de 1950, sus tribus todavía cortaban y portaban como trofeos las cabezas de sus enemigos. Hoy, en Bampalola ya no hay cazadores de cabezas, pero siguen conservando ancestrales tradiciones y creencias que ni el cristianismo ni el islam han conseguido enterrar.

Excepcionalmente, Ahmed nos permite acceder al interior de la ‘casa secreta''. La escasa luz permite vislumbrar el tesoro: dos tambores de bronce, con forma de relojes de arena, deteriorados por el paso del tiempo y por la fuerza devastadora de los aquí frecuentes terremotos y tsunamis. Uno de ellos supera el medio metro de altura, mientras que el otro apenas llega a los 30 centímetros. Los ‘mokos'', como son conocidos estos preciados instrumentos, están rodeados de unhalo de misterio. Las diferentes tribus que habitaban Alor los descubrieron enterrados bajo tierra y creyeron que eran regalos de sus dioses y ancestros. Nadie sabe con certeza cuál es su origen, aunque lo más probable es que fueran traídos desde la India o China por los primeros mercaderes que pisaron estas islas.

"Son mágicos y su poder es infinito..." nos dice Ahmed. "Si alguna persona daña u ofende gravemente a alguien de tu familia, estás en tu derecho de realizar un ritual para implorar al ‘moko'' que castigue al culpable". Con absoluta convicción nos cuenta que "el tambor mágico se transformará en serpiente y morderá al ofensor que aún dispondrá de unas pocas horas para presentar sus disculpas y su sincero arrepentimiento. De no hacerlo, morirá", concluye Ahmed.

Sin embargo, los ‘mokos'' no sólo se utilizan como instrumento de magia negra. Hoy son, también, un objeto de enorme valor que confiere riqueza y estatus social al que lo posee. Un tambor mágico puede llegar a venderse por cerca de 2.500 euros, una cantidad astronómica para estas latitudes. Su compra-venta suele ir siempre vinculada a los nuevos matrimonios. El pretendiente debe pagar una dote a la familia de la novia que, en muchas ocasiones, tiene que incluir al menos un ‘moko''. De esta manera, los tambores mágicos saltan de familia en familia y de isla en isla.

Hoy, los habitantes de Latefui los han sacado de su escondite secreto. En el espacio central del pequeño poblado bailan a su alrededor para celebrar la construcción de una nueva vivienda. Danzan el ‘lego lego'' y la ‘taka lele'' entorno a los tambores mágicos para que bendigan y protejan a quienes habitarán la choza.

Las mujeres lucen un peinado en el que han estado trabajando horas y largos ikats (telas que usan como vestimenta) negros con dibujos en rojo y amarillo. Los hombres portan tocados con plumas, arcos de madera y muestran orgullosos sus grandes cuchillos. Karel es el jefe del poblado y nos enseña las 30 muescas que tiene el filo de su cuchillo: "30 muescas, una por cada cabeza que mis antepasados han cortado con él". Hasta hace apenas 60 años eran frecuente los enfrentamientos entre poblados rivales: "se luchaba para quedarse con los ‘mokos'' y también con las chicas jóvenes de los enemigos. La pelea siempre terminaba con la muerte del derrotado al que se le cortaba la cabeza para lucirla como trofeo de la batalla" concluye Karel, sin ocultar su sentimiento de orgullo por el valor y la bravura de sus antepasados.

Es la historia reciente de Alor. Un archipiélago salvaje y hermoso repleto de playas blancas, aguas turquesas y frondosas selvas que siempre quedan eclipsadas por el sonido de un puñado de tambores sucios y herrumbrosos que rebosan misterio, magia e historia.

No te pierdas el vídeo de la danza el ‘lego lego'' y la ‘taka lele''.