Almería, bajo el sol y la luz de África

La Almería de hoy dista mucho de aquel poblacho pintoresco que hace medio siglo retrató Juan Goytisolo en su libro "Campos de Níjar". En la actualidad, Almería es una de las urbes más pujantes y atrevidas del sur español. La capital andaluza más arrinconada se ha rebelado contra la adversidad y ha plantado cara a su mala suerte.

Manuel Mateo Pérez

Por el poniente y el levante de la provincia han proliferado los invernaderos agrícolas y, junto a ellos, la prosperidad. No es extraño, por tanto, que Almería haya pasado de ser una de las ciudades más deprimidas del país a encabezar el podio de las más ricas y boyantes. Por si faltaba algo, la ciudad fue sede el pasado verano de los Juegos del Mediterráneo. Así que rara ha sido la semana que no se ha inaugurado un nuevo hotel, un original restaurante o un centro cultural de aires vanguardistas.

Almería es una ciudad fácil de pasear. Todo queda cerca. De modo que lo mejor es proponerse una jornada de largos paseos y prolongados descansos. En el siglo X, Almería era uno de los puertos más pujantes de AlÁndalus. Un cronista de la época aseguraba que la mejor manera de conocer la ciudad era visitando su alcazaba y su medina. De modo que esta mañana de otoño, de cielos blancos y despejados, el viajero opta por desayunar al lado del mercado de abastos, en un puesto de churros donde preparan un dulce chocolate. En el mercado, el caminante recorre los puestos de frutas exóticas, procedentes de los invernaderos y de la cercana Costa Tropical, pero dedica su mayor atención a los puestos de pescado, donde raro es el día que no llegan las preciadas gambas rojas de Garrucha cuyo kilo pocas veces baja de los 90 €.

La avenida Federico García Lorca acaba en la Rambla de Belén, una de las arterias viales y de paseo más conocidas de la urbe. La Rambla de Belén desciende hasta el puerto, donde se alza el Cargadero de Mineral, uno de los edificios más importantes de la arquitectura industrial del pasado siglo en España. Ahora lo están restaurando y en breve acogerá un centro cultural y social. A sus pies hay escuelas de piragüismo y vela, y cerca de aquí se extiende la blanca y limpia playa del Zapillo, adornada con barecitos y restaurantes donde sirven el mejor pescado de la zona.

Intensa vida cultural
El Paseo de Almería fue en su momento el bulevar más refinado y aristocrático de la ciudad. Hoy lo sigue siendo. A mediodía hay que subir por él sin prisas, distrayendo el tiempo en sus escaparates y cafeterías donde los almerienses toman el aperitivo y el café y el pastelito de la tarde. A espaldas del Paseo, en la plaza Pablo Cazard, abre a diario la Escuela de Artes. Rara es la semana que en torno a su hermoso claustro no hay alguna exposición de pintura o escultura. Los alumnos del centro han dado vida a la plaza y a las calles aledañas. Bajo su bullicio han abierto tascas y tabernas donde alternar a mediodía, una costumbre de obligado cumplimiento.

Almería, que es una tierra cinematográfica, posee una de las instituciones culturales más activas de Andalucía. Se trata del Centro Andaluz de la Fotografía, que dirige Manuel Falces. Sus salas de exposición se reparten por buena parte de la ciudad. Así, es posible encontrar una muestra del más vanguardista de los fotógrafos norteamericanos en el claustro de la Escuela de Artes, pero también en la Alcazaba. Todas las actividades del Centro de la Fotografía son gratuitas. De modo regular esta institución organiza charlas, mesas redondas y cursos de iniciación a la fotografía abiertos a todo el mundo y dirigidos por los mayores expertos internacionales.

En la calle Real abre sus puertas el singular Museo del Aceite. En él los guías informan de cómo se elabora el aceite de oliva virgen extra de Tabernas, un zumo de aceituna de penetrante sabor que ha cobrado fama en los últimos años. Además, el Museo del Aceite es un lugar ideal para comprar productos artesanales de toda la provincia. En sus estanterías se exponen vinos de Laujar de Andarax y de Lucainena de las Torres, además del afamado queso de Fondón o las mermeladas de la Sierra de María. Muy cerca, en la calle Jovellanos, abre sus puertas Casa Puga, la taberna más clásica de la ciudad. Por ella ha pasado la historia de Almería. En su pequeño y castizo comedor se degustan tapitas de pulpo, mero adobado, gambas rojas de Garrucha y montaditos de carne a la plancha.

El viajero andurrea por el barrio viejo de la capital almeriense. A la hora del almuerzo se deja tentar por las carnes rojas que sirven en el restaurante La Encina. Posee un bar a la entrada del comedor con una carta de aperitivos de lo más apetitoso donde los camareros sirven croquetas caseras y masa de morcilla.

Tesoros catedralicios
Repuestas las fuerzas, entre las calles coloniales y los edificios de grandes balconadas, el caminante lee algunos de los párrafos de Campos de Níjar . Juan Goytisolo dijo de Almería que era " la ciudad más africana de España ". A esa evocación contribuye el sol que aquí cae de una manera especial, al igual que la tortuosidad de las avenidas antiguas, de las plazas donde crecen los palmerales o de ese fascinante urbanismo popular que bebe al mismo tiempo de los postulados coloniales como de la arquitectura del Protectorado que los españoles pusieron en pie en el norte de África.

La Catedral de Almería es una mezcla extraña de fortaleza militar y templo religioso. Entrar a ella cuesta 3 €, pero habrá mereci- do la pena, aunque sólo sea por ver su interior gótico tardío y su museo catedralicio, donde se exponen piezas, enseres e imágenes de estilo renacentista y barroco. Los guías le explicarán que esa imagen tan fiera que luce el templo en su exterior era para salvaguardarse de los ataques de los piratas berberiscos.

Hoy ya no quedan bucaneros como entonces. Quizá por eso los almerienses han levantado una linda plaza a los pies de su iglesia mayor, sombreada por altísimas palmeras traídas de la cercana África. A un tiro de piedra de la Catedral está la Plaza Vieja. Comprobará que tiene un cierto regusto castellano. Bajo sus soportales abren las dependencias del Ayuntamiento. Puede salir de ella por uno de los arcos que trepa hasta la Alcazaba.

La vista más hermosa
En Almería tienen un dicho a la hora de vanagloriarse de su principal monumento: " Alcazaba tenía Almería cuando Granada era sólo alquería ". Recientemente remodelada, la Alcazaba es el gran símbolo artístico y patrimonial de la ciudad. Está abierta desde las nueve de la mañana hasta las ocho y media de la tarde, pero es aconsejable visitarla bien a primera hora o a última. El viajero ha decidido subir en ese momento en que el sol adorna lienzos, murallas, jardines y torreones con un color muy difícil de olvidar. La puerta de la Justicia da acceso a un gran jardín desde el que se advierte la vista más hermosa de la ciudad. A los pies queda el puerto; a la izquierda, la ciudad vieja, y al fondo, las montañas y las costas del mítico Cabo de Gata.

Los jardines acogen un muestrario vegetal de incalculable valor. Las acequias y los estanques recrean el ambiente arabesco que tuvo en sus mejores días. Calle arriba se halla el segundo recinto. En él se encuentra un gran estanque y los restos arqueológicos del viejo conjunto palatino. El último de los recintos fue mandado remodelar por los Reyes Católicos. La entrada a la Torre del Homenaje está adornada con un bello arco gótico. En su interior, el Centro Andaluz de la Fotografía cuelga regularmente sus obras. No conviene dejar de visitar el último de los torreones. Flanqueado por viejos cañones, desde él se divisa una panorámica del pintoresco barrio de la Chanca, un sitio que ha inspirado libros de poesía, ensayos y composiciones musicales. Ya es la hora de cenar. Y para ello nada mejor que bajar hasta Plaza Flores y encontrar mesa en el restaurante Mediterráneo. Su carta acoge deliciosas entradas, propuestas imaginativas y platos valientes. Hasta sus cocinas llegan los mejores pescados de la bahía y las jugosas carnes del interior.

Antes de retirarse al hotel a descansar, lo mejor será tomar una copa en la barra de todo un clásico. El Molly Malone se encuentra en el Paseo y es la gran taberna irlandesa de Almería, ubicada en uno de los edificios más señoriales de la ciudad.