Aljezur, Arrifana y Monte Clérigo: el Algarve con el que soñabas existe

La Costa Vicentina en estado puro

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: ajcabeza / ISTOCK

Allí donde el océano Atlántico se encuentra con las aguas dulces del río Seixe, que se encarga de ejercer de frontera natural entre el Alentejo y el Algarve, comienza una franja litoral, salvaje en buena medida, que cubre una de las extensiones costeras protegidas mejor conservadas de Europa.

Se trata de la conocida como Costa Vicentina, un contexto en el que se enmarca un triángulo maravilloso formado por la población de Aljezur y las playas de Arrifana y Monte Clérigo, que ejemplifican espléndidamente las esencias de esta parte de Portugal y nos muestran un Algarve diferente y absolutamente arrebatador.

En Aljezur el Algarve rural toma aire

Dejamos el río Seixe y ponemos rumbo al sur en dirección hacia el cabo de San Vicente. La costa nos regala a cada paso paisajes formidables, plenos de pureza e indómitos en muchas ocasiones, arropados por la protección del Parque Natural del Sudoeste Alentejano y Costa Vicentina, considerado el tramo litoral mejor conservado de Europa.

Costa Vicentina | brytta / ISTOCK

Este sector de Portugal se revela como un territorio salvaje donde las playas ocupan un papel protagonista y los acantilados contienen de manera magistral el despliegue de arena.

Mientras, en mar abierto, las olas golpean las formaciones rocosas de la orilla formando cortinas de espuma que nos hacen recordar que nos encontramos ante algunos de los puntos más apreciados del país luso para la práctica del surf.

Costa Vicentina | mtcurado / ISTOCK

Y aún más, los pequeños pueblos que habitan estas tierras de imponente belleza nos cautivan con sus casas de fachadas blancas y sus dinteles y marcos de ventanas bordeados de un color azul atrayente, hipnótico y, al mismo tiempo, confortante.

Tal es el caso de Aljezur, un capricho rural del Algarve que mira en dirección al mar y hacia el interior con un equilibrio plausible, desde lo alto de una elevación en la que el piedemonte transita hacia el océano acompañado del río Aljezur, que forma una vega a su paso y una zona de ribera que guía nuestro camino hasta la maravillosa playa de Amoreira.

Playa de Amoreira | Nisangha / ISTOCK

Las ruinas del antiguo castillo de Aljezur y el propio nombre de esta población nos hablan de la presencia árabe en estos parajes costeros y de las luchas por la conquista de estos dominios por parte de los cristianos, de las que no faltan las leyendas, asociadas a la milenaria Fuente de las Mentiras, oculta en la parte baja frente a la fortaleza.

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En el corazón de la Costa Vicentina

Aljezur nos marca el punto donde la Costa Vicentina se revela en toda su plenitud y donde el Parque Natural combina de manera sublime las olas del mar con las dunas de arena cubiertas de vegetación. Es también el lugar donde se esconden algunos caprichos costeros que simbolizan como pocos lo que representa este tramo costero del Algarve.

Aquí baña el océano Atlántico algunas de las playas más deseadas en la porción de costa que nos encontramos antes de adentrarnos en el área de influencia del cabo de San Vicente.

Aljezur | fazon1 / ISTOCK

Al amparo de la torre circular del castillo de Aljezur, las playas de Monte Clérigo y de Arrifana enamoran a quien se adentre en ellas. La primera se ve custodiada por un pequeño agrupamiento de casas de veraneo que en los atardeceres forman parte de una postal perfecta que se ha convertido con el tiempo en una imagen icónica de la zona.

El extenso arenal se ve decorado en uno de sus flancos por afloramientos rocosos que despuntan cuando baja la marea, creando asimismo charcos de agua salada donde la vida marina hace acto de presencia. El campo dunar remata el paisaje y el oleaje hace las delicias de los surfistas, que han hecho de este lugar un punto bastante popular.

Playa de Monte Clérigo | lleerogers / ISTOCK

Por su parte, más al sur, la playa de Arrifana es la máxima expresión en este sector de lo que es un arenal abrigado por imponentes acantilados. Su medio kilómetro de extensión acaba con la escultórica «Piedra de la Aguja», convertida en icono, mientras que en el otro extremo el antiquísimo Fuerte de Arrifana, un diminuto puerto pesquero y las casitas blancas sobre el acantilado completan el conjunto.

Playa de Arrifana | Eloi_Omella / ISTOCK

También considerada un magnífico espacio para la práctica del surf, es sin duda un enclave idóneo para obtener vistas panorámicas increíbles de la Costa Vicentina y acabar de prendarse del encanto del Algarve.