Alcalá del Júcar, uno de los pueblos más bonitos de la Manchuela

Rumbo a Albacete para conocer uno de sus grandes reclamos turísticos

Macarena Escrivá
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Foto: Joaquin Corbalan / ISTOCK

Entre las comarcas de Albacete y Cuenca, discurre un paraje de naturaleza indómita. Grandes extensiones de viñedos y olivos dominan la vista a lo lejos y junto a ellos, parajes turísticos de lo más apetecibles. Esa es La Manchuela, una región con mucho que contar.

Una ruta del vino con D.O propia, alicientes naturales como los parajes naturales de Tranco del Lobo en Casas de Ves y el embalse del Molinar o las aguas cristalinas del río Cabriel. También hay historia, en el trazado medieval y los vestigios del Renacimiento y Barroco de Iniesta, en la grandiosidad de Alarcón y en la belleza de Alcalá del Júcar, nuestra próxima parada.

Alcalá del Júcar, Albacete | jjnogueron / ISTOCK

Cada día son más los viajeros que apuesta por destinos rurales, por pequeños pueblos con encanto donde disfrutar de una gran variedad turística y cultural y Alcalá del Júcar es perfecto para ello. Sobre la piedra caliza dibujada por el paso del río, en las Hoces del Júcar en su tramo final, antes de entrar en tierras valencianas, es donde se encuentra uno de los pueblos más pintorescos de la comarca y el mayor reclamo de La Manchuela.

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Allí, en una pronunciada garganta natural y encaramado sobre una montaña, aparece Alcalá del Júcar, un lugar donde las casas se excavan en la propia roca, las callejuelas son estrechas y empinadas y con un legado que le llevó a ser declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1982.

Alcalá del Júcar, Albacete | Joaquin Corbalan / ISTOCK

La primera forma de conocer este municipio, perteneciente a la asociación de Los Pueblos Más Bonitos de España, es cruzar su puente romano, llamado así por su apariencia y adentrarse en un recoleto entramado de calles entre las que visitar hitos a cada paso. Algunos como la humilde pero importante Iglesia de San Andrés y otros como su castillo, de época almohade y levantado entre los siglos XII y XIII, considerado por su planta y edificación, un perfecto ejemplo de arquitectura islámica.

herraez / ISTOCK

Otra de las singularidades de Alcalá del Júcar son sus casas cueva. El hecho de haber asentado el pueblo sobre un cañón, ha propiciado que estos singulares espacios, utilizados en periodo musulmán como casas de arquitectura subterránea talladas en roca, hayan persistido hasta nuestros días. Las que merece la pena visitar son Las Cuevas del Diablo, las Cuevas de Masagó y la Cueva del Duende, hoy convertidas en museos del campo y numismática, restaurantes, una bodega de vino de la Edad Media e incluso alojamientos singulares.

digicomphoto / ISTOCK

Los amantes de la naturaleza tienen una cita en sus bellos parajes. Entre los más célebres, se encuentra el Tranco del Lobo, lo que antiguamente fuera una central hidroeléctrica, hoy está circundado de flora y fauna y es ideal para rutas de senderismo o bañarse en las aguas del Júcar. También no muy lejos de allí, se encuentra el embalse del Molinar, otro enclave natural impresionante.

Río Júcar | José Antonio Luque Olmedo / ISTOCK

Si quieres elevar la experiencia a lo más alto, puedes tomar un desvío que solo te llevará unos 15 minutos en coche. En la cercana población de Casas-Ibáñez, se encuentra una sensación gastronómica, el restaurante y hotel Cañitas Maite. En el pasado congreso de Madrid Fusión, los dos chefs al frente del proyecto, Javier Sanz y Juan Sahuquillo, se alzaron con tres galardones, el 'Premio al Cocinero Revolución 2021', el premio a 'la mejor croqueta de jamón Joselito del mundo' y el de 'Mejor escabeche'.

Plato de Cañitas Maite, en Casas Ibáñez | Cañitas Maite

Lo suyo ha sido una auténtica revelación. Con apenas 23 años, han conseguido poner su pueblo en el mapa y atraer a gastrónomos de todas partes del país. Tras pasar por grandes restaurantes de España, decidieron volver a casa, renovando por completo la oferta gastronómica del hotel familiar. Con dos propuestas, una centrada en el producto y otra en tapeo divertido, han conquistado a todo el que se sienta a su mesa.

Trabajan con la mejor materia prima que adquieren de una importante red de proveedores de todo el país, con la que elaboran platos ya icónicos como su arroz de chuleta madurada, un carabinero en manteca de orza o bocados como un ninoyaki (buñuelo) de queso manchego de cabra y trufa negra.