Al-Hijr, la hermana pequeña de Petra, abre sus puertas 2.000 años después

Es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es el lugar nabateo más grande al sur de Petra y era un lugar lleno de vida que se enmudeció para siempre. Pero esto ha cambiado ahora, porque por primera vez abre sus puertas a todo el mundo, no solo a los religiosos

Álvaro Martínez Fernández
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Foto: benedek / ISTOCK

Los Saudíes saben que su nueva baza para conseguir atraer al mayor turismo internacional de todas partes del mundo es empezar a permitir que los visitantes, tanto religiosos como no, puedan ver todos los grandes hallazgos y monumentos con los que cuenta el país.

Y eso es lo que está pasando con Al-Hijr (Madain Saleh), antiguamente conocido como Hegra, durante muchos años reservada únicamente para religiosos y que ahora ha abierto sus puertas al turismo internacional. El primer Patrimonio de la Humanidad de Arabia Saudí, concedido en 2008, es ahora una de sus principales bazas para atraer a amantes de las ‘ciudades de piedra’ de todo el mundo.

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Esta ciudad, después de Petra, es la ciudad nabatea más importante del planeta y resulta de especial importancia porque da fe de los miles de años de ocupación humana de la zona gracias a sus conocimientos hidráulicos, que servían para extraer el agua subterránea.

Y es que estos conocimientos hidráulicos permitían a los nabateos instalarse en sitios tan remotos como este, en pleno desierto. Los nabateos, además de sus conocidos pozos, también eran especialistas en canalizar el agua de las lluvias hacia cisternas que les permitieran la vida. Una vida que era nómada y que les permitía controlar el comercio de las especias. 

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Pero aquí no solo encontramos su imponente estructura enclavada en medio del desierto saudí, ya que cuenta con diversas tumbas monumentales bien conservadas con fachadas decoradas que datan del siglo I a.C. al I d.C.

No es lo único con lo que podemos fascinarnos aquí, y es que también cuenta con más de 50 inscripciones del periodo prenabateo y algunos dibujos rupestres, dando así uno de los testimonios más importantes sobre la vida de los nabateos y su civilización.

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Aquí hay, nada mas y nada menos, que 111 tumbas monumentales además de sus pozos de agua que dan fe de la sobresaliente experiencia que tenían los nabateos en relación al uso del agua.

Al-Hijr, testigo de la historia de Arabia Saudí

Este lugar arqueológico ha sido testigo del encuentro de varias influencias decorativas y arquitectónicas como la asiria, egipcia, fenicia y helenística. Además, aquí encontramos también inscripciones en diversas lenguas antiguas como la lihianita, nabatea, griega y latina.

Cañón de Saleh, en las inmediaciones de Al-Hijr | benedek / ISTOCK

Históricamente el sitio de Al-Hijr ha estado ubicado en un punto estratégico y de encuentro entre varias civilizaciones de la Antigüedad tardía, lo que servía como ruta comercial entre la Península Arábiga, el mundo mediterráneo y Asia.

Y es precisamente por eso por lo que es un testimonio excepcional de importantes intercambios culturales en la arquitectura, la decoración, el uso de la lengua y el comercio de caravanas, siendo uno de los principales ejemplos de comercio internacional de caravanas del mundo antiguo.

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Los nabateos, una civilización de la que sabemos poco

A pesar de que es una de las zonas con más relevancia de la cultura nabatea, realmente sabemos poco sobre ellos. Así lo afirma la importante arqueóloga Laila Nehmé en una entrevista concedida al Smithsonian, en la que afirma que “la razón por la que no sabemos mucho sobre ellos es porque no tenemos libros o fuentes escritas por ellos que nos cuenten como vivieron, murieron y adoraron a sus dioses”.

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Y es por eso que sitios como Al-Hijr son de una extraordinaria importancia, porque prácticamente todo lo que sabemos sobre esta civilización que se asentó en pleno desierto proviene del estudio de las zonas que habitaban.