Aix-en-Provence, conociendo la ciudad de Cézanne

Viajamos al sur de Francia para conocer la ciudad del post-impresionista Paul Cézanne.

Macarena Escrivá
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Foto: PJPhoto69 / ISTOCK

En nuestro periplo por la Provenza francesa hemos recorrido los pueblos más bonitos del Luberon, Arlés y su intrínseca relación con Van Gogh y ahora, terminamos la ruta en Aix-en-Provence, una de las ciudades más hermosas de la región y cuna de su hijo predilecto, el post-impresionista Paul Cézanne.

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Hoy en día una de las paradas imprescindibles es precisamente su atelier en la ciudad. El pintor se instaló aquí sus últimos años de vida, concibiéndolo como su taller en el campo. La propiedad estuvo rodeada de olivos y hoy conserva un jardín que invita a la relajación y estimula la creatividad. El mismo Cezánne diseñó esta casa para que le sirviera como refugio para pintar, lleno de luz, tranquilidad y espacio. Tras la muerte de su madre, vendió la mansión de Jas de Bouffan y construyó su estudio. Trajo consigo sus objetos más preciados, aquellos que aparecen en sus célebres naturalezas muertas: vajillas, cráneos, estatuas de yeso... Incluso inventó un caballete móvil que le permitía desplazarse por la estancia buscando la mejor luz. Todos los días trabajaba aquí incansable de 6 de la mañana hasta las 10, cuando se trasladaba a la ciudad y volvía a pintar. Visitarlo supone adentrarse en el universo de un genio creador, incluso puedes llegar a imaginarle moviéndose de un lado a otro de la estancia con su paleta en la mano. Sin duda alguna, se trata de un lugar mágico.

Atelier de Paul Cézanne. | Sophie Spitéri

Lo mejor es continuar hasta el centro de la ciudad. Allí te toparás con la que llaman los Campos Elíseos de Aix-en-Provence, la avenida de Cours Mirabeau. Se trata de un bulevar fabuloso, con casas del XVII y el XVIII, circundado por numerosos cafés que invitan a sentarse y simplemente ver la vida -y la gente- pasar. Llamarán tu atención las numerosas fuentes que encontrarás a tu paso por la ciudad. No en vano la llaman la ciudad de las mil fuentes. Ya en el 122 a.C. los romanos crearon el bastión de Aquae Sextiae Salluviorum y viene precisamente de este pasado romano, la importancia del agua en Aix-en-Provence. Algunas de las más importantes son la fuente de La Rotonde, construida en 1860 y rodeada de ocho leones y adornada por querubines, cisnes y cabezas de leopardo. En la parte superior presenta tres figuras alegóricas que representan la Justicia, la Agricultura y las Artes. Otra de las más celebres es la Fontaine des Neuf Canons, hoy cubierta de musgo de la que brota agua caliente con propiedades curativas.

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Conviene pasearse por el centro recorriendo la coqueta calle de Gaston de Saporta, rodeada de pequeños comercios y tiendas con encanto, tras haber visitado Le Pavillon de Vendôme o el centro de arte Hôtel du Caumont, un palacete de 1715 que fue la mansión privada más grande la ciudad. Hoy acoge exposiciones temporales de grandes artistas, como la exposición 'Chagal, du noir et blanc à la colour' que tendrá lugar desde el 1 de noviembre hasta el 24 de marzo de 2019. Recorrer sus habitaciones de estilo Versalles, tomar algo en sus salones de té o pasear por sus jardines históricos, así como acceder al visionado del documental 'Cézanne au Pais d'Aix' es casi obligatorio.

Hôtel du Caumont. | © Culturespaces / Sophie Lloyd

Aix-en-Provence también destaca por su gastronomía y tiene productos propios como los calisson, unos pequeños dulces con aroma a frutas y almendras molidas, similares al mazapán. Cuenta la leyenda como el gran rey René mandó crear este dulce como colofón a un banquete en palacio. Fue un chef italiano el que creó por primera vez los calisson con la forma de los ojos tristes y melancólicos de la reina Jeanne como pequeños abrazos (di calin soun en francés). Relatan como la reina, al probarlos, sonrió por primera vez. Merece la pena dar un paseo por sus coloridos mercados callejeros, desde el que instalan en Place Richelme, hasta los que encontrarás en la plaza del Ayuntamiento. Aix-en-Provence vive de cara al exterior, a su luz incomparable y todos los días multitud de comerciantes de frutas, pescados, dulces, quesos o flores, despliegan sus puestos para el deleite de visitantes y locales.

Mercado de Aix en Provence. | Sophie Spiteri

Descansamos en el fantástico hotel Le Pigonnet, una antigua maison adquirida en 1924 por la familia Swellen, para más tarde conventirla en hotel. Una vez más vemos la conexión con Paul Cézanne, que amaba pintar desde allí uno de sus motivos favoritos, la montaña Saint Victorie. Sus habitaciones invitan al descanso admirando sus exhuberantes jardines, por los que darse un paseo tras disfrutar de un desayuno en su delicioso restaurante. 

Hotel Le Pigonnet. | preschesmisky