Aínsa, o el más bello de los refugios de montaña

La legendaria comarca del Sobrarbe, en el centro del Pirineo Aragonés, es uno de los lugares preferidos por los amantes de la naturaleza y los deportes al aire libre. Su capital económica, Aínsa, esconde en sus entrañas también arte y cultura.

Silvia Roba
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Hubo reyes en el Sobrarbe y no es de extrañar. Digno de nobles es el paisaje de la comarca, delimitada por la alta cuenca del Cinca y la de su afluente, el Ésera, al norte de la provincia de Huesca, y justo encima de la sierra del Arbe, de ahí su nombre. La capital económica, Aínsa, no es solo uno de los enclaves medievales mejor conservados de España, también es un lugar privilegiado. Situado entre el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara y el Parque Natural Posets-Maladeta, es la encrucijada más importante de vías de comunicación de este sector pirenaico.

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Un consejo: antes de hacer la visita de rigor resulta obligado acercarse a su castillo, del siglo XI. La parte más antigua es la Torre del Homenaje, de cinco pisos, provista de saeteras y rodeada de un recinto amurallado. En la actualidad acoge un EcoMuseo, que pretende divulgar los valores más sobresalientes de la Naturaleza. Para sentirnos más cerca de ella, basta con contemplar las vistas que desde aquí se obtienen, con la Peña Montañesa de fondo y las Tres Sorores: el Monte Perdido, el Cilindro de Marboré y el pico Añisclo, tres montañas que, según cuenta la leyenda, son tres hermanas cristianas que quedaron petrificadas por una maldición tras casarse con tres godos.

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Solo después de admirar el entorno y de mostrar nuestros respetos a la Cruz Cubierta, que conmemora la victoria en el año 724 de las tropas cristianas de Garcí Ximénez sobre el ejército musulmán, se está preparado para pasear por Aínsa, empezando en la Plaza Mayor, construida entre los siglos XII y XIII y que cuenta con un sinfín de bodegas y restaurantes.

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Otro monumento fundamental de Aínsa es la iglesia parroquial de Santa María, ejemplo del románico del Alto Aragón. Junto a su claustro, con tres lados románicos y dos góticos, se alza la torre, del siglo XI, que tenía función religiosa y militar, dada su altura (30 metros). Y hay que visitar el Museo de Oficios y Artes Tradicionales. Artesanos hay muchos en la zona, basta con fijarse en los eróticos llamadores de las casas para darse cuenta. Son un símbolo de la comarca, como lo son las navatas que utilizaban los leñadores del Alto Cinca que en la época del deshielo bajaban sobre los troncos por el río hasta llegar al Ebro.

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GEOPARQUE PIRENAICO

Por su facilidad de acceso, la villa de Aínsa fue la elegida para ser la sede del Centro de Interpretación del Geoparque de los Pirineos, situado en la torre sudeste del castillo. Cuenta con cuatro salas que desvelan los tesoros ocultos en los más de 500 millones de años que registran las rocas de la comarca. El parque cuenta con más de cien lugares de interés geológico, mil kilómetros de senderos y trece rutas para bicicleta de montaña.

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