¿Por qué en Agua Amarga la vida es mucho más dulce?

El pueblo del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar en el que te querrías quedar a vivir

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: arocas / ISTOCK

Agua Amarga es todo lo que podrías esperar en el corazón del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, en Almería. Un precioso pueblo de pasado pesquero que combina a la perfección la tranquilidad de un entorno costero que ha sido respetado y un ambiente lleno de vida, al mismo tiempo sencillo y sofisticado, durante la temporada alta.

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Esperar para volver

Hay un sentir común de quienes han veraneado en Agua Amarga que habla de un anhelo sutil de querer volver nada más marcharse. Una sensación de dejar correr el calendario, espoleándolo incluso, para que llegue cuanto antes la siguiente temporada.

La vida discurre con sabor dulce en Agua Amarga a pesar de su nombre, que dice la leyenda que procede del gusto ferruginoso del mar en este sector, en la época en la que funcionó aquí un antiguo cargadero – sus restos aún son visibles - de mineral de hierro procedente de la localidad de Lucainena de las Torres.

Hoy en día solo quedan vestigios de aquella actividad que se prolongó hasta casi la mitad del siglo XX, pero a cambio podemos disfrutar desde este punto de una vista panorámica excepcional de Agua Amarga.

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Seguramente la localidad de Aguadulce, también en la provincia de Almería, podría aludir a Agua Amarga como el antónimo perfecto a su existencia, pero más bien podríamos decir que son el «contrapunto» toponímico de dos pedanías separadas a media distancia por la incontestable presencia del cabo de Gata.

Porque Agua Amarga es justamente eso, una pedanía del municipio de Níjar, que ancla sus raíces en tiempos nazaríes comenzando entonces su primigenia andadura como embarcadero. De aquellos tiempos nace lo que posteriormente se convertiría en un enclave frecuentado anualmente en torno a la existencia de una almadraba, germen de su tradición pesquera.

Luis Rogelio

Hoy en día, aquellos aires marineros han amainado en favor de un turismo que halla aquí todo el encanto de un pequeño pueblo abrazado por colinas y acantilados que ha sabido guardar su esencia sosegando los ímpetus de la especulación costera.

Uno de los núcleos más atractivos del Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, que vive y disfruta del entorno natural como si tal cosa, dando por supuesto su privilegio, solo juzgado por su respetado acebuche milenario que, desde su posición en lo alto de la rambla de los Viruegas, contempla el transcurso de los acontecimientos con la sabiduría del que está considerado el árbol más longevo de Andalucía y uno de los más ancianos de España.

Linda Hartley

Una pedanía para dejarse perder

La calle Ensenada nos conduce directamente desde la carretera de Carboneras hasta la misma línea de playa, dejando a nuestro lado un conjunto de casas blancas, balcones floridos, pequeñas tiendas – varias ligadas a la moda -, algunos restaurantes y alojamientos.

La playa de Agua Amarga es el punto sobre el que bascula la vida durante la temporada alta. El ancho arenal abarca todo el pueblo con sus más de quinientos metros de largo. En uno de sus flancos se atisban las cuevas de la localidad mientras que en el opuesto siguen presentes los restos del antiguo cargadero de mineral. Justo en esa dirección, siguiendo la línea de costa hacia oriente, se llega hasta el sitio conocido como «Mesa Roldán», un domo volcánico – fiel muestra de la naturaleza volcánica de toda esta zona -, desde cuya cima obtenemos unas vistas formidables del litoral y el relieve que envuelve Agua Amarga.

Gabriel Villena

No muy lejos de aquí se localiza la famosa playa de los Muertos, ampliamente celebrada como una de las más bonitas de Andalucía, pero volvemos hasta la pedanía para tomar dirección a occidente y, sobrepasando las cuevas, emprender un camino que nos conduce hasta la cala de Enmedio, un rincón de arena, paz y aguas transparentes, muy apreciado por su estado virgen.

Todo en Agua Amarga confluye para dejarnos fluir con la grandeza del cabo de Gata y solo el animado ambiente del pequeño núcleo nos hace recordar que aquí los momentos se viven con intensidad.