Se acerca Halloween… y las meigas se dirigen a Ribadavia

El rincón gallego donde la magia se siente

José Miguel Barrantes Martín
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Comienza la cuenta atrás para la llegada de una de las tradiciones anglosajonas que más calado ha tenido en nuestra sociedad. La magia de Halloween se entremezcla con nuestras tradiciones del Día de Todos los Santos y da como resultado una fecha muy destacada del calendario. En Galicia, esta celebración cristiana convive con la ancestral festividad pagana de origen celta de Samaín, en la que las meigas se hacen más presentes que nunca y nos hacen sentir su halo enigmático.

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Ribadavia, el corazón de la comarca de O Ribeiro, en Orense, se convierte en los inicios de noviembre en el punto de encuentro de las meigas gallegas gracias a su célebre «Noite meiga», una velada en la que se confunde el límite entre lo espiritual y lo material. Nos sacudimos el miedo y la superstición de nuestros hombros y nos encaminamos al descubrimiento de esta preciosa localidad medieval asentada junto al río Miño.

Si las meigas existen, se reúnen ahora en Ribadavia

Como bien expresa el dicho gallego… «no creo en las meigas, pero haberlas, haylas». Una frase que conjuga perfectamente el sentir de esta región cargada de leyendas y misticismo en el que estas benévolas hechiceras son una de las principales señas de identidad. Cada noche del 31 de octubre al 1 de noviembre, Galicia celebra el Samaín para conmemorar el «Año Nuevo Celta», aunque es cierto que cada vez pierde peso en favor de otras tradiciones externas como Halloween, mezclándose en muchas ocasiones los rituales.

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El Samaín marca el fin del verano y la temporada de cosechas y anuncia la llegada de la estación invernal, la reducción de las horas de luz y la aparición del frío. Un festejo que convive estrechamente en Galicia con el magosto, la fiesta unida a la recolección de las castañas, también enraizada en la cultura celta, ligada igualmente con el culto a los muertos a través del simbolismo del encendido de una hoguera para recibir a los espíritus. El vino de la nueva temporada o el orujo suele acompañar estos días y más en una localidad como Ribadavia, tan unida al cultivo de la vid. Sea como fuere, la costumbre marca la llegada de las meigas a Ribadavia para la noche de los muertos, transformándose la villa en un lugar donde se respira profundamente un ambiente mágico y misterioso, cargado de rituales como danzas o queimadas, así como su popular pasaje del terror en el castillo de la villa.

Este año, las excepcionales circunstancias impedirán celebrar esta festividad como otros años – se cumple el vigésimo aniversario de la creación de la «Noite das meigas» -, pero no evitarán que los espíritus ronden por las calles de esta preciosa localidad.

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Corazón del vino de Ribeiro y una de las mejores juderías de España

Las meigas nos invitan a adentrarnos en una población declarada Monumento Histórico Artístico en 1947. Un poblamiento de pasado celta y romano que ancla su andadura como notable entidad en el siglo XI, cuando llegó a ser el centro más importante del antiguo reino de Galicia. Es en estas fechas cuando llegan a la villa los primeros judíos, asentándose en los siglos posteriores hasta formar una importante comunidad que nos ha legado una de las juderías más relevantes y mejor conservadas de todo el país.

Miembro de la Red de Juderías de España y paso obligado de los Caminos de Sefarad, Ribadavia presume de casco histórico, especialmente de su entorno alrededor de la plaza de la Magdalena, donde se encuentra el núcleo del entramado de calles de identidad hebrea.

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Ribadavia es una población hermosa, con un patrimonio envidiable, que además nos brinda la oportunidad de conocer sus caldos como buena capital del vino de O Ribeiro. Situada a orillas del río Avia – un afluente del vecino Miño, que discurre junto a la villa -, es un excelente punto de partida para conocer el paisaje circundante, inundado de valles donde proliferan los viñedos allá donde abarca la vista. Una característica que ya ensalzó Miguel de Cervantes en sus obras y que otorga una personalidad que se viene construyendo desde que la comunidad judía mejorara los cultivos hace ya varios siglos.

Esta villa de la provincia orensana, ubicada entre sierras y ríos, nos ofrece un paisaje digno de admirar donde la silueta de su antiguo castillo – que a pesar de su estado en ruinas es todo un símbolo para Ribadavia – se yergue desde hace casi mil años viendo cómo cada año acuden las meigas en procesión hasta este lugar para conmemorar la noche en la que la vida y la muerte se difuminan.

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