Acariciando las nubes en el Bosque de los Tilos

Una naturaleza jurásica aguarda en la isla de La Palma, donde descansa la mayor representación de laurisilva del archipiélago canario.

Noelia Ferreiro
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Foto: LUNAMARINA / ISTOCK

La bien llamada 'isla bonita' goza de un territorio donde regresar a la época prehistórica, cuando hace miles y miles de años la cuenca mediterránea era una alfombra que tapizaba todo el norte de África y el sur de Europa. Hoy la laurisilva, esa mítica formación arbórea que es un reducto del Terciario, tan sólo se conserva en las Islas Canarias, donde la orografía escarpada atrapa literalmente las nubes y permite mantener una humedad constante. Por eso se trata de un auténtico fósil viviente que tiene su mayor representación en La Palma, concretamente en el Bosque de los Tilos.

¿Qué es lo que encontramos en el que está considerado uno de los mayores atractivos de esta isla, con permiso, tal vez, de la Caldera de Taburiente? Pues nada menos que una explosión de verdor, una jungla amable y un paraíso de la biodiversidad. Un lugar formado por insondables barrancos, en uno de los cuales especialmente profundo, el Barranco del Agua, se esconde un espectacular bosque que remite a un mundo prehistórico: un bosque formado por tilos, laureles, aceviños, madroños, fayas, brezos, palo blanco y extraordinarios helechos de tamaño descomunal. Nada extraña que este rincón, en el que pervive también una fauna endémica de gran rareza como las palomas turqué y rabiche, fuera el primer sector de La Palma catalogado como Reserva de la Biosfera, antes incluso de que este título se extendiera a todo el territorio.

Bosque de Los Tilos, La Palma. | Manuel-F-O / ISTOCK

No hay mejor plan para descubrir el Bosque de los Tilos que el de calzarse las botas para emprender largas caminatas bajo el aroma de la hojarasca fresca. Para ello hay que dirigirse al nordeste de la isla, a 24 kilómetros por carretera de la ciudad de Santa Cruz, y a solo cuatro de Los Sauces, un municipio agraciado con montaña y costa, con extensas plataneras y cultivos de ñames. Justo aquí se ubica el Centro de Visitantes, donde además de información a los senderistas, se asiste a una lección didáctica a golpe de proyecciones de vídeo.

Aquí se aprende que la ruta que atraviesa este lugar es elevada, justo para acariciar las nubes, pero que al mismo tiempo está a un solo paso del Atlántico. También que estamos ante una suerte de selva húmeda, una inmensa extensión de árboles y plantas retorcidas en busca de la luz, que forma parte del Parque Natural de las Nieves y que se extiende desde las crestas de la Caldera hasta unos 300 metros de altura aproximadamente.

Cueva en el Bosque de Los Tilos, La Palma. | LUNAMARINA / ISTOCK

Aprendida la parte teórica, habrá que disponerse a caminar, para lo que existen dos excelentes senderos: uno sencillo de 2,5 kilómetros a través del corazón del bosque;  y otro (el PR LP6), que asciende unos mil metros hasta los nacientes de Marcos y Cordero, y cuyo trayecto completo desde los Sauces llevaría algo más de siete horas.

Será cuestión de tiempo y energía decantarse por uno u otro. Por el agradable paseo del primero que discurre entre una vegetación intrincada y bajo las escarpadas paredes del barranco que apenas dejan ver el cielo. O por la larga caminata del segundo, que atraviesa hasta trece túneles excavados en la roca (no hay que olvidar linterna o frontal) y permite disfrutar de unos paisajes fabulosos: laurisilvas agarradas a rocas imposibles, canales, miradores y cascadas de nubes que, flotando sobre la frondosidad extrema, se escapan dirección al mar.

Sea cual sea la ruta elegida, y sin necesidad de ser un experto en botánica y zoología, la caminata por estos parajes, pintados de un color más propio de la cornisa cantábrica que de las Islas Canarias, propicia unas sensaciones fabulosas.