Abadías y monasterios con historias de monjes corruptos y espectaculares estatuas de mármol

En Abondance se levanta la Abadía de Notre Dame de la Asunción, del siglo XI, un priorato establecido por los canónigos procedentes de la Abadía de San Mauricio de Agaune, en el Valais suizo.

Rafael Plaza
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Foto: Atlantide Phototravel/Corbis

En 1139, el priorato es elevado a la dignidad de abadía. Hacia 1436 estos monasterios estaban en la ruina, dada la corrupción de sus monjes y las orgías sexuales y gastronómicas a las que se entregaban. El Papa destituyó a estos canónicos y los reemplazó por monjes cistercienses. En 1761 Clemente XIII ordenó su cierre definitivo. Lo que queda es, además de la iglesia con sus llamativas vidrieras, un claustro de factura gótica, del siglo XIV, en el que llaman la atención sus columnatas, los medallones de la bóveda, pequeñas esculturas, restos de policromía y las planchas de pino del tejado, típicos de la arquitectura local. Las pinturas murales y las de los techos, de mediados del siglo XV, se atribuyen a Giacomo Jacquerio, pintor de la corte de Saboya. Narran escenas de la vida de la Virgen, con detalles anacrónicos de gran encanto. Para llegar a la Abadía de Hautecombe, al otro lado de Aix-les-Bains, hay que bordear el lago de Bourget por una carretera muy pintoresca. Está ubicada entre una espesa vegetación y una variada arboleda, en Saint Pierre de Curtille. Fue construida en 1137, cuando los cistercienses levantaron un monasterio que más tarde se convertirá en la necrópolis de los condes de Saboya (desde el siglo XIV hasta el XX). Convertida en ruinas tras la Revolución Francesa, el rey del Piamonte, Carlos Félix, la rescató en 1824 y mandó reconstruirla al arquitecto Ernest Melano. Hoy está habitada por la comunidad ecuménica del Chemin Neuf, fundada en el año 1973 por el arzobispo de Lyon. A la entrada de la capilla se pueden observar las espectaculares estatuas de mármol de Carlos Félix y María Cristina realizadas por Ernest Melano.