A los pies de la fortaleza de Kotor

No hay lugar costero más protegido del mar en todo el Mediterráneo: en el fondo de un fiordo, apenas a un palmo de las aguas, se levanta la serena piedra de Kotor.

Foto: Gavin Hellier/Robert Harding World Imagery/Corbis

No hay lugar costero más protegido del mar en todo el Mediterráneo: en el fondo de un fiordo, apenas a un palmo de las aguas, se levanta la serena piedra de Kotor. Como Venecia, otra vez, en esta vertiente del Mare Nostrum. Aunque a ella la amenaza no le vino nunca de las aguas sino de la tierra. En 1979 un terremoto arremetió contra sus monumentos y dejó en sus sillares grietas como relámpagos petrificados. Y así, hermosa y herida, quedó ensimismada mirando a la bahía. Hubo un tiempo, antes de la Guerra de los Balcanes, en que la carretera unía Dubrovnik, Split y Kotor sobre la misma costa dálmata. Aislada ahora en el sur, la ciudad fundada por los cátaros en el siglo V, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es casi un escondite en pleno Adriático, un refugio de gentes diversas que pasean por su casco antiguo de trazado medieval, con plazas y calles estrechas, callejones oscuros y esculturas que aparecen sin avisar. Su fortaleza, situada a más de 200 metros de altura, es una de las grandes joyas de Montenegro, una ventana desde donde asomarse al mar y vigilar cuanto sucede en las casas y santuarios que se extienden bajo sus pies. La iglesia de San Lucas, el Palacio Drago, el de Pima, su Museo Naval, la recia catedral de San Trifón, del siglo XII, con frescos y trabajos venecianos en oro en su interior... Son los edificios que construyen la historia de esta pequeña villa que de día es extremadamente tranquila y, de noche, alegre y bulliciosa, repleta de sombrillas abiertas que cobijan terrazas en cualquier rincón. La mejor forma de involucrarse en el ambiente es haciendo lo que todo el mundo hace: comer chevapi -carne a la parrilla- y beber licor de espliego. Y, por supuesto, entonar alguna canción popular o dejarse llevar por los ritmos del tan de moda turbo-folk, mezcla de folclore y tecno, hasta que el sol amenace con devolverle la calma a Kotor.

Hotel Sind. (Muo. 381 82 301 400). A dos kilómetros de Kotor, antigua casa rehabilitada con vistas al mar (habitación doble, desde 55 €).
Bastion Restaurant. (Stara Grad. 381 82 322 116). Situado junto a la Puerta Norte que da acceso al centro histórico de la villa. Especialidades montenegrinas, sobre todo variadas preparaciones de pescado, marisco y pulpo.
Embajada de Montenegro: Velázquez, 162. Madrid. 91 563 50 45. www.visitmontenegro.org