8 razones por las que enamorarse de Cádiz

A través de estos ocho lugares, amarás y entenderás la Tacita de Plata.

Carolina Oubernell
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No existe en el mundo dos ciudades tan parecidas. Cádiz y La Habana son hermanas de una misma madre. La ciudad española, abierta al océano Atlántico, esconde sus secretos en ocho lugares. Conocerlos es la mejor forma de amar la Tacita de Plata.

Catedral

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Hoy es neoclásica, aunque años antes fue otra cosa. La Catedral de Cádiz tiene una cúpula mayor vestida de azulejería amarilla. Por dentro el templo es más soberbio que por fuera. Tiene capillas barrocas donde se erigen bellas tallas de la imaginería andaluza. El tesoro catedralicio está en otra sala. En él se expone la custodia del Corpus Christi, una de las mejores muestras de la orfebrería gótico flamígera en España. En este templo está enterrado el compositor gaditano Manuel de Falla.

Museo Histórico Municipal

El Museo Histórico Municipal guarda la memoria de la ciudad. En la primera planta, entre cuadros históricos, se extiende una impresionante maqueta de la ciudad tallada en marfil y maderas nobles sobre un inmenso plano azul. La maqueta fue construida pacientemente por el ingeniero militar Alfonso Ximénez, por expreso mandato del rey Carlos III. En ella reprodujo con fidelidad la disposición de la trama urbana a finales del siglo de la Ilustración.

Plaza de las Flores

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Cádiz una ciudad sensorial. Los registros oficiales le dieron el nombre de plaza del Topete, pero los gaditanos la dulcificaron con el apodo de la plaza de las Flores. En sus alrededores abren cada mañana puestos de flores frescas. Hay freidurías, cafés y tiendas tradicionales. En el centro de la plaza se alza una escultura clásica que evoca a una divinidad romana ligada al trabajo y la agricultura.

Mercado de Abastos

Los tenderos de los barrios de la Viña y Santa María vociferan la mercancía recién descargada de la lonja. En sus pilas de blanco mármol ofrecen gruesos filetes de corvina, tacos de rojo atún, finos gallos, largos calamares, jugosas urtas, gambas, cigalas y caracoles. Al mercado lo rodean tiendas familiares de bolsos y marroquinerías. Al lado de la churrería hay un tienda de discos regentada por "el Melli" donde se venden los temas de los grupos ganadores del célebre Carnaval.

La Viña

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La Viña es la quintaesencia de los barrios gaditanos. Es el barrio de los viejos pescadores, de las casas de vecindad crecidas en torno a un ancho patio. En el corazón de la barriada hay una plaza dedicada al Tío de la Tiza, célebre comparsista, mordaz, fino e irónico. La Viña es un barrio abierto, cuya sala de estar mira a las calles. A la tarde los feligreses entran en ella para orar ante Nuestra Señora de la Palma, una inmaculada con rostro de mujer buena, que con su pie da muerte a la serpiente que simboliza los maleficios del demonio.

Sacramento

Cádiz tiene una calle que parece cortar en dos la urbe atlántica y el pueblo de la bahía. Es la calle Sacramento, la calle de las esquinas redondeadas, carcomidas por el salitre y la vejez. De sus viviendas burguesas aún cuelgan balcones de fina forja, ventanales forrados de maderas exóticas, capiteles con motivos de ultramar. Los cañones que en otro tiempo defendieron esta plaza ante el ataque de piratas y berberiscos son hoy objeto de decoración en pasillos y fachadas. Torre Tavira, una de las muchas que aún otean el cielo, es una cámara oscura desde donde observar la ciudad.

Oratorio de San Felipe Neri

Su planta elíptica fue escenario de la promulgación de la Constitución de 1812, el grito liberador de un pueblo sometido a los dictados de las tropas francesas. Los gaditanos bautizaron su carta magna como la "Pepa", por haber sido sancionada un 14 de marzo, día de San José. En la cripta del oratorio, en un habitáculo desabrigado y silencioso, reposan los restos de los diputados fallecidos en 1811 y de aquellos ciudadanos que encontraron la muerte nueve años después durante la represión fernandina.

La Caleta

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La Caleta es la playa amada de Cádiz, el arco de arena canela que como un poema antillano trae los alientos de la lejana Habana. Las barcas mecidas por la marea se reflejan en los balcones del balneario romántico de La Palma. Un espigado malecón conduce a la fortaleza de San Sebastián. Cuenta la historia que aquí estuvo el templo de Kronos, sujeto a las turbulencias de las aguas. Frente a él se halla el castillo de Santa Catalina, hoy centro cultural.

Plaza de Mina

La plaza de la Mina está enaltecida por sus altos árboles, sus elegantes kioscos y los viejos bancos de madera. El Museo de Cádiz queda aquí, en uno de los edificios nobles que enmarcan la plaza. La sala dedicada a arqueología está presidida por los dos soberbios sarcófagos antropoides de época fenicia que representan a una mujer y a un hombre. Otras salas abundan en la cultura romana. Las salas dedicadas a bellas artes muestran obras de Murillo y Zurbarán, de Rubens y Van Dick.