8 kilómetros, 17 islotes y curvas imposibles: esta carretera que atraviesa el mar de Noruega parece de ciencia ficción, con puentes sobre el Atlántico y olas que rompen contra su asfalto
La Carretera del Atlántico, una obra de ingeniería noruega de 36 kilómetros que serpentea sobre el océano a través de islas y escollos.

Es una de las carreteras más espectaculares del mundo. / Istock
Hace tiempo que se ha desmitificado el viaje como ejercicio único en el destino, ampliando la experiencia hasta ocupar desde el primer instante que uno sale por la puerta. El trayecto, llegar, es tan importante como estar, y luego, volverse. El vuelo, las condiciones, la carretera, el trayecto, decidir entre tierra, mar o aire y disfrutar de todo lo que pasa a través de la ventana.

Adriana Fernández
Tanto es así que, hoy en día, algunos viajes se deben, precisamente, al propio trayecto. Desde los cruceros hasta el Camino de Santiago, pasando por un viaje en autocaravana, la experiencia del “dónde” y el “cómo” es ahora igual de relevante y por eso, puestos a elegir, que el trayecto sea tan espectacular como la siguiente parada. Algunos ejemplos de España podrían ser el ascenso del Teide o la Serpiente de Sa Calobra, una de las carreteras más espectaculares que cruza la Sierra de la Tramontana, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco pero, en este caso, la Carretera del Atlántico obliga a viajar a Noruega para disfrutar de un paisaje que, para muchos, podría parecer imposible.

Esta carretera tiene curvas imposibles. / Istock
La Carretera del Atlántico
Conocida como Atlanterhavsveien, esta vía de asfalto de apenas 8 kilómetros recoge una de las imágenes más inverosímiles del país: una carretera que baila, salta y serpentea sobre el océano Atlántico apoyada en diferentes islas, conectadas entre sí, precisa y exclusivamente por este trayecto sinuoso.

Es una de las carreteras más bonitas y escénicas del mundo. / Istock
Ubicada en la costa centro oeste del país, en la provincia noruega de Møre og Romsdal, la vía completa suma 36 kilómetros de brea que conecta el pueblo pesquero de Bud y la ciudad de Kristiansund; no obstante, el tramo más codiciado corresponde a la conexión entre la península de Romsdal y la isla de Averøy, zigzagueando a través de un archipiélago de pequeños islotes y escollos, conocidos como skerries. Aquí todo responde a la épica, también la zona ‘sobrevolada’ por esta obra de ingeniería, una sección del Atlántico conocida como Mar de Hustadvika, de carácter y fama implacable, traicionera y poco profunda, y responsable de numerosos naufragios.

Puente marítimo en Noruega. / Istock
Celebrada y declarada como la Construcción Noruega del Siglo en 2005, además de condecorada con otros títulos por medios y revistas como "El Mejor Viaje por Carretera del Mundo", o Ruta Turística Nacional, según el propio gobierno, la fama de esta carretera no ha pasado desapercibida, presente hoy en grandes filmes como No Time to Die de James Bond, o la serie Succession, sin saber que su mera existencia es prácticamente un milagro.

Una carretera que te permite flotar por encima del Atlántico. / Istock
Una construcción escabrosa
El origen de este proyecto se remonta al siglo XX, con la idea de crear una línea de ferrocarril para conectar estas comunidades. Declarada un imposible no fue hasta 1970 que iniciaron los proyectos, no como vía ferroviaria, sino como la calzada que hoy representa. A lo largo de seis años, del 83 al 89, las obras de la carretera sufrieron la furia de 12 tormentas huracanadas, llegando a desplazar tramos enteros de sus planes hasta que, en 1989, se abrió oficialmente al público.
Antes de ir, apunta
Cuándo: prepara tu viaje en verano para disfrutar de días eternos con el sol de medianoche, conducción segura y aguas en calma, a menos que busques “la foto”, en ese caso otoño es tu momento, con tormentas y olas gigantes rompiendo sobre las barreras de la carretera, aunque ojo, porque si el peligro es alto pueden cerrar las carreteras.
Peajes: tanto la propia vía como el túnel submarino del Atlántico que conecta con Kristiansund son completamente gratuitos.
Miradores clave: cuenta con áreas de descanso integradas en el paisaje, como Eldhusøya o Askevågen, miradores seguros con vistas 360º.
La carretera cuenta hoy con 8 puentes que suman un total de 827 metros. El más emblemático es el Puente de Storseisundet, llamado localmente Storseisundbrua, una estructura en voladizo de 260 metros de longitud con una curva dramática y un ángulo que, desde ciertas perspectivas, hace que parezca una "carretera a ninguna parte" o una rampa que cae al vacío. La inclinación no es casualidad, ya que es esta verticalidad, de hasta un 8%, la que permite el paso de embarcaciones pesqueras locales por debajo.

Puente de la Atlantic Ocean Road. / Istock
Paradas, cultura e historia
Pese a que el gran protagonista es el asfalto, la riqueza cultural e histórica abunda a ambos lados de la carretera. Estos son algunos de los indispensables durante el trayecto:
Iglesia de madera de Kvernes (Kvernes stavkirke): ubicada en la isla de Averøy, se trata de una de las iglesias medievales de madera más famosas de Noruega, datada en la primera mitad del siglo XIV. Con un interior impresionante que diferentes maderas, la reconocerás por su aspecto, lúgubre, imponente y bastante norteño, de techos altos e inclinados y acabado espeluznante.
El Pueblo Pesquero de Bud: Hablamos de un pueblo con la estética noruega por excelencia: casas de un rojo intenso con amplios tejados a dos aguas que se suceden a los pies del mar. Se ubica en el extremo sur de la ruta y data de los siglos XVI y XVII. Este pueblo fue uno de los puestos comerciales más importantes entre Bergen y Trondheim y, además de su estética e historia, cuenta con el Fuerte de Ergan, un museo de la Segunda Guerra Mundial construido sobre fortificaciones alemanas.
Isla Histórica de Håholmen: Accesible mediante barcos tradicionales desde la misma carretera durante el verano, esta pequeña isla conserva una comunidad de edificios del siglo XVIII perfectamente restaurados que servían como puerto de comercio de pescado. Además de su estética típica, y si te gustan las curiosidades, fíjate en sus tejados, muchos de ellos acumulan líquenes y musgo debido a la humedad, dándole un aspecto aún más curioso.
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