75 años después de las bombas atómicas, así se han reinventado Hiroshima y Nagasaki

Sin olvidar su dramático pasado, las dos ciudades niponas ofrecen rutas gastronómicas, paisajísticas y marítimas con las que mirar al futuro

Redacción Viajar
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Foto: MasterLu / ISTOCK

Este mes de agosto se han cumplido 75 años de los ataques atómicos a Hiroshima y Nagasaki. El 6 de agosto de 1945 la bomba Little Boy asoló la primera ciudad y el 9 de agosto Fat Man hizo lo mismo con la segunda. Sin embargo, ambas consiguieron renacer de sus cenizas y hoy merecen una visita no solo para comprobar cómo se rehabilitaron viejos edificios dañados por las bombas, sino también para disfrutar de nuevas rutas y lugares de recreo.

EN HIROSHIMA

La ciudad muestra las huellas de la catástrofe atómica en varios edificios. El más singular, y nombrado Patrimonio Mundial por la Unesco, es la Cúpula de la Bomba Atómica. Se ilumina de noche y se podría decir que es la ruina contemporánea más famosa del mundo. Junto a ella están el Museo de la Paz, el Montículo de la Bomba Atómica, el Monumento a la Paz de los Niños..., todos ellos situados en el Parque Conmemorativo de la Paz. Otros lugares que se reconstruyeron fueron el parque Shukkei-en (lleno de árboles ginkgo biloba, del cual hay una muestra en el Jardín Botánico de Madrid) y el castillo de las Carpas (el Hiroshima-jõ), que también merecen un paseo por ellos.

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Pero aparte de este recorrido conmemorativo, Hiroshima es una ciudad vibrante, que hoy en día ofrece muchos atractivos. Uno de ellos son las compras, que se concentran en las áreas de Kamiya-cho y Hacchobori y que tienen en la arcada de Hondori su epicentro consumista.

La arcada Hondori, distrito de compras de la ciudad.  | PicturePartners / ISTOCK

Hiroshima también ofrece rutas culinarias. Por un lado, la de las ostras, ya que la ciudad es la mayor productora de este molusco de todo Japón. Por otro lado, estaría la ruta del Sake, el codiciado licor de arroz. Y por último, hay que probar el okonomiyaki, conocido como la pizza japonesa, hecha con col, harina, calamares...

Okonomiyaki, la pizza japonesa. | kyonntra / ISTOCK

Para los amantes de los coches, el Museo Mazda, aunque actualmente está cerrado por renovación hasta octubre. La famosa marca de coches nipona tiene su origen en Hiroshima y el museo enseña modelos antiguos a la vez que nos cuenta la historia de la firma. 

Nuevos y modernos edificios han sido construidos en las últimas décadas en Hiroshima. Destacamos, por ejemplo, dos de ellos: la casa de vidrio óptico, construida en 2012 por Hiroshi Nakamura, y la Ribbon Chapel, también del afamado arquitecto japonés. 

Visita obligada también para los que se dejen caer por Hiroshima es la isla de Miyajima. Ubicada dentro de la bahía, se puede llegar a ella en barco y durante su ascensión a pie se pueden visitar varios templos sintoístas y budistas (como el Daishoin) hasta llegar a la cima del Monte Misen. En el mar se admira la famosa puerta sagrada torii, a la que se puede llegar andando cuando la marea baja.  

El gran 'torii' del santuario de Itsukushima. | Eloi_Omella / ISTOCK

Otra isla visitable no lejos de Hiroshima es la de Okunoshima, conocida como la isla de los conejos. Un lugar que también ha sabido reinventarse, ya que en su día había en ella una planta para fabricar gas mostaza y los conejos se utilizaban para experimentar con él. Hoy tiene un museo, hoteles y hay miles de conejos en libertad para poder jugar con ellos.

La isla de Okunoshima, conocida como isla de los conejos. | CHENG FENG CHIANG / ISTOCK

EN NAGASAKI

También Nagasaki cuenta con una amplia zona dedicada a la paz, donde destacan el Parque de la Paz y el Museo de la Bomba Atómica. Y también sin olvidar su doloroso pasado, es una ciudad que mira al futuro ofreciendo grandes rutas desde su puerto natural hacia sus colinas. 

Vista de la ciudad de Nagasaki. | Sean Pavone / ISTOCK

Por un lado está el gran parque de la ciudad, el Nagasaki Seaside Park, desde el que se pueden observar a los cruceros arribar a puerto mientras se degusta alguna especialidad culinaria en un restaurante. 

Entre los templos de obligada visita está el de Sōfuku-ji, ya que dos de sus edificios son tesoros nacionales de Japón. Tampoco hay que perderse el Tamazono Inari Shrine, un santuario sintoísta desde el que se contemplan impresionantes vistas. Como las que hay desde el Monte Inasa, al que se puede subir en teleférico.

Templo budista de Sōfuku-ji. | Sean Pavone / ISTOCK

Nagasaki también tiene su arcada de compras, conocida como Hamamachi. Y para comer, recomendamos el distrito chino de Shinchi.

Arcada Hamamachi. | CHENG FENG CHIANG / ISTOCK

Por último, una visita turística bastante especial, a la isla fantasma de Hashima. En su día, una mina de carbón propició la creación de toda una ciudad para los trabajadores que en ella se dejaban la vida. En los 70 se abandonó y hoy permanece como un experimento de qué le ocurre a las ciudades cuando se abandonan. 

La isla fantasma de Hashima. | linegold / ISTOCK