7 paradas en la ruta por los valles encantados de Baztán y Bidasoa

El área noroccidental de Navarra es un territorio de gran valor ecológico con bosques muy frondosos de hayas y robles, donde el espíritu rural montañés caracteriza a sus habitantes, muy orgullosos de sus costumbres tradicionales y de su lengua propia.

Javier Carrión
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Foto: rmbarricarte / ISTOCK

Baztán, “la Suiza navarra”, es el valle más conocido en esta zona de los Pirineos Atlánticos por su verde manto salpicado de buenos caseríos y por ser tierra de artesanos y palacios señoriales. El valle de Bidasoa, siguiendo el curso del río alimentado por otros riachuelos y regatas hasta la frontera con Francia, no le va a la zaga por su importancia ecológica y su importancia faunística y vegetal.  En estos cursos, donde el ruido del agua es mágico, habitan nutrias, matines pescadores,  mirlos acuático y otras muchas especies, mientras los viajeros atraviesan decenas de caminos y senderos de un encanto único en la península ibérica.

Elizondo: el corazón del valle del Baztán

ISTOCK

A orillas del río Baztán, Elizondo es, además de una villa seductora, el centro económico y comercial del valle de Baztán. Tanto en su margen izquierda como en su margen derecha, a lo largo de las dos calles más antiguas del municipio (Jaime Urrutia o calle Mayor y Eguzkialde o calle del Sol), se alinean las mansiones y casas señoriales góticas que miran hacia el río. Las atraviesa un puente desde el que se toman las fotos más sugerentes del curso fluvial con unos saltos de agua que llaman la atención del visitante. En uno de sus extremos se eleva el Hostal Trinkete Antxitonea, antigua casona de 1894 recientemente rehabilitada, y al otro lado del puente se puede iniciar un paseo en dirección a la Casa Consistorial, la Casa de Cultura y la suntuosa iglesia parroquial de Santiago, el patrón de la localidad. Desde este punto parte la calle de Santiago con más palacios y con un comercio, la pastelería Malkorra, en el número 15, que ofrece un variado surtido de delicias artesanas pasteles, pastas, tartas, turrones, bollería, helados…  aunque su especialidad más destacada es el "Urrakin egiña", delicioso chocolate con avellanas.

Elgorriaga: flotando como en el Mar Muerto

Euskalduna / Wikicommos

La historia de las aguas de Elgorriaga comenzó en el siglo XIX cuando los vecinos descubrieron manchas de sal en las viviendas de sus casas y comprobaron que sus vacas siempre bebían agua salada en el mismo punto, muy próximo al actual balneario de este pueblo del valle de Malerreka. Entonces se hablaba sólo de una modesta venta situada en este enclave a la que accedían los vecinos para disfrutar de un "pic-nic de la época", quizás porque desde 1850 ya se hablaba de las aguas curativas de estos terrenos y de que algunos doctores recomendaban el baño en este lugar con un objetivo medicinal.

El impulso balneario definitivo se produjo en 1919 cuando las aguas fueron declaradas oficialmente "de utilidad pública" y la fama de los Baños de Elgorriaga alcanzó su mayor grado coincidiendo con el verano, hasta el punto de que fue visitado por el rey Alfonso XIII. Los estudios de aquella época ratificaron algo de lo que presume hoy el  actual Hotel y Balneario de Elgorriagay es que del manantial de esta zona navarra brotan las aguas "de más fuerte mineralización del mundo", aunque sus huéspedes se sorprenden todavía más cuando comprueban que pueden flotar incluso con más facilidad que en el Mar Muerto debido a su alto índice de salinidad. Los análisis han confirmados que la concentración de sales por litro es de de 312 gramos y 304 gramos de cloruro, de ahí que también se recomienda el uso de gafas para el agua cuando los visitantes acceden  a la piscina, a los baños de burbuja e hidromasaje y a los chorros del balneario.

Santesteban: para probar las delicias gastronómicas de la región

Frobles / Wikicommos

Casi unido a Elgorriaga, al pie del Monte Askin, se encuentra Santesteban, cruce de caminos entre el Bidasoa y el Ezkurra. Destaca por sus edificaciones, algunas con entramado de madera, y sus casas góticas y renacentista. Sus mayores atracciones turísticas son la Iglesia de San Pedro Apóstol, que alberga un retablo del silgo XVII, y el puente medieval. En el pueblo aún pueden verse artesanos trabajando el hierro, la madera o el vidrio y  algunos restaurantes magníficos a muy bien precio, como Casa Santamaría (no hay que perderse sus croquetas, los canutillos de crema, la tarta de hojaldre y, en general, sus verduras y el bacalao, con un toque final para la digestión: la infusión de regaliz, anís y menta), donde hay que degustar la exquisita gastronomía de la región.

Señorío de Bertiz: el paraíso de los pájaros carpinteros

ANDARA RUTAS / photo on flickr

A 6 kilómetros de Santesteban por la NA-1210, se encuentra el Parque Natural del Señorío de Bertiz, con más de 2.000 hectáreas de bosque de hayas, robles, alisedas, castaños y exuberante vegetación. El parque, a orillas del Bidasoa, cuenta con un magnífico jardín botánico repleto de especies exóticas y es todo un paraíso para cientos de aves: milano real, buitre leonado, azor común, gavilán común, busardo ratonero, tórtola turca, lechuza común, cárabo común, martín pescador y pájaro carpintero. De hecho el Señorío de Bertiz es el único lugar de España que cuenta en su hábitat con las siete especies distintas de pájaros carpinteros que habitan en la península. El acceso al parque cuesta 3 euros.

Zugarramurdi, la cueva de las brujas

Zugarramurdi: territorio de brujasLa Cueva de las Brujas, cueva del Aquelarre o, simplemente Cueva de Zugarramurdi, es una de las más famosas de España gracias a su historia pasada. Aquí tuvieron lugar durante la Edad Media celebraciones paganas cuyos integrantes fueron acusados de brujería por la Inquisición -once de ellos acabaron en la hoguera-.Este será el escenario del II Rallye Fotográfico de Zugarramurdi los días 12 y 13 de marzo que premia con 100 € a la mejor colección de fotos. Además, el día 13 de marzo las entradas se pueden adquirir por la mitad del precio. | Turismo de Navarra

Las famosas cuevas de Zugarramurdi rememoran el auto de fe de Logroño (1610), al que fueron sometidos por la Inquisición los implicados en una acusación de brujería. Unos hechos que rebasaron las fronteras de aquella época para convertirse en una "cruzada" por toda Europa. La más célebre es la cueva del Aquelarre, aunque todas las cavidades atraviesan la base del Monte Larrúm y se estructuran en diferentes niveles con escaleras de piedra que unen las galerías. Por la mayor discurre la Regata del Infierno, una de las más fotografiadas.  A 200 metros en dirección al pueblo, abre el Museo de las Brujas, inaugurado en 2007, en el que se cuenta la historia de las brujas, la mitología y las costumbres y rituales tradicionales, mediante audiovisuales, escenografías y pantallas táctiles. La entrada al museo cuesta 4,50 euros, y el acceso a las cuevas otros 4,50 euros.

Lesaka, la cuna del olentzero

Santi Agirre / Wikicommons

Encantador casco antiguo de la comarca de las Cinco Villas con hermosas plazas y rincones, casas señoriales de madera y piedra, un río acanalado y una magnífica arquitectura defensiva en la que brillan las Torres de Minyurinea, la más antigua del caserío, y la de Zabaleta. Ascendiendo a lo más alto del pueblo se llega a la bella Iglesia de San Martín de Tours (siglo XVI), monumental templo con elementos renacentistas y barrocos, y un extraordinario retablo rococó de Luis Salvador Carmona. El municipio mantiene una buena infraestructura industrial, pero al mismo tiempo guarda su viejo encanto con algunas ferrerías, molinos harineros, talleres de fabricación de sidra o carpinterías que datan del siglo XVIII.

Lesaka es la cuna del popular olentzero, el carbonero bonachón y glotón que desciende de la montaña en la Nochebuena para celebrar la Navidad. Todos los años, el día 24 de diciembre a mediodía, se celebra el  Concurso de Olentzeros en la Plaza Vieja o Plaza Zaharra con participantes de todas las edades.

Bera de Bidasoa, el refugio de la familia Baroja

mberasategi on Visualhunt.com / CC BY-NC-SA

Como las otras cuatro villas navarras Bera (Vera) de Bidasoa, fue puesto fronterizo durante la Edad Media y guarda interesantes monumentos en su núcleo más antiguo, como el original Ayuntamiento, de 1776, con sus seis arcos de piedra. En 1983, mientras se remodelaba la fachada, aparecieron restos de pinturas en las que se basó Julio Caro Baroja para realizar el boceto de los dibujos actuales del edificio. También es interesante su iglesia de San Esteban, en honor a su patrón, con un retablo principal de estilo neoclásico, aunque la mayoría de los visitantes se acercan a Itzea para descubrir la casa de los Baroja. La familia se instaló en esta vivienda en 1912 y desde esa fecha desarrollaron gran parte de su obra en estas estancias Carmen, Pío, Ricardo Baroja y Julio Caro Baroja. Este último se encargó de organizar la biblioteca familiar con más de 50.000 volúmenes. El origen de la casa se remonta a la segunda mitad del siglo XVII y destaca principalmente por su alero doble de madera. Al otro lado del río puede verse la estela funeraria que realizó Jorge Oteiza en memoria de Pío Baroja. En la actualidad, la casa no está abierta al público.