7 experiencias de lujo en Sudáfrica

Además de los espacios naturales que marcan la foto de identidad de Sudáfrica, con escenarios perfectos para realizar safaris en busca de los “big five” (león, búfalo, rinoceronte, elefante y leopardo), el país africano ofrece experiencias de lujo en sus ciudades, una gastronomía con mucha personalidad, una vibrante vida cultural y musical, singulares escapadas enoturísticas y diversas opciones de turismo activo.

Arantxa Neyra
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1. Ciudades con encanto

Ciudad del Cabo. Hasta hace relativamente poco, Sudáfrica era famosa, sobre todo, por su naturaleza salvaje y extrema, por sus animales (los famosos Big Five) y por sus atardeceres anaranjados de documental. Pero sus ciudades, en las últimas décadas, acompasadas con el devenir político y social, se han convertido en destinos por sí mismas, con una oferta completísima de vida cultural fresca, exótica y con mucha personalidad, gastronomía de altura y alojamientos para todos los bolsillos, en casas victorianas, hostels de diseño y edificios con vistas privilegiadas. En Ciudad del Cabo, por ejemplo, raro es el que no tiene enmarcada en sus ventanas la imagen de Table Mountain, la montaña más antigua del mundo y el icono de la ciudad. Habrá quienes se conformen con verla cómodamente desde su cama, pero, sin mucho esfuerzo añadido, se puede subir hasta su cima en un teleférico y hacer caminatas con vistas de 360 grados de toda la ciudad y de sus infinitas playas: tanto del Atlántico como del Índico.

Johannesburgo o Jo’burg, como la llaman cariñosamente sus habitantes, es la otra gran urbe sudafricana, que también ha vivido una impresionante transformación en los últimos años, especialmente gracias a barrios como Maboneng, una antigua zona deprimida, donde las galerías de arte, los bares, los cafés y diferentes espacios culturales la han convertido en un ejemplo de reordenación urbana y social que se estudia en todo el globo. Pero no son las únicas. Más pequeñas y más desconocidas, Port Elizabeth, en la Sunshine Coast, bautizada como “la ciudad amigable”; Durban, con un clima privilegiado, que hace que todo el año pueda disfrutarse en la calle, y Pretoria, el centro histórico y político del país, van abriéndose cada vez más al visitante. 

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2. Gastronomía para compartir 

La gastronomía en Sudáfrica es rica y variadísma, sobre todo en regiones como el Cap Malay, donde cada una de las culturas que ha pasado por aquí ha contribuido dejando su granito de arena en la despensa en forma de exóticos condimentos indios, recetas malayas o de Java y técnicas europeas. Pero si hay algo que se come en todo el país, que une a todas las familias sudafricanas, eso es el braai, es decir, la barbacoa, donde se come generalmente carne, en forma de chuletas, costillas, boerewors (especie de salchichas) y sosaties (pinchos de cordero). A la hora de comprar, los sudafricanos son amigos de lanzarse a los mercados en los que los propios proveedores venden los productos de sus granjas. Los hay en todo el país –The Jozi Food Market, Durban Food Market, Pretoria Boeremark, Hazel Food Market (Pretoria), I Love Market (Durban), Slow Market (Stellenbosch)–... y en muchos de ellos también se puede hacer una parada para comer.

Otra cosa es si lo que se busca es una cena más formal, un fine dining en toda regla para probar la alta cocina africana del siglo XXI. Ciudad del Cabo y Johannesburgo cuentan con varios restaurantes en las listas de Los 50 Mejores (La Moette, Test Kitchen, ASH, Mamasan...) y en el resto del país hay también varios núcleos con una fuerte vocación gastronómica, como Stellenbosch, Constantia y Clarens. 

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3. Vinos de altura 

No es ningún secreto. Sudáfrica es uno de los países que produce mejores vinos en el mundo. Los más conocidos son los blancos secos (Sauvignon blanc, Riesling, Chenin blanc) y los Cabernet Sauvignon, que se producen fundamentalmente en Constantia, Stellenbosch, Franschoek, Cape Point o Darling. Pero si hay una uva que realmente define los vinos sudafricanos (y que es difícil de probar en otro lugar del mundo) esa es la Pinotage, un varietal tinto que resultó del cruce entre las cepas de Pinot noir y Cinsaut, con aromas ahumados y notas de plátano o de frutas tropicales. Al igual que en otros países productores, Sudáfrica ha encontrado en el enoturismo una forma de diversificar su oferta, ofreciendo al viajero una vuelta alrededor del mundo del vino, con restaurantes, bodegas visitables, actividades y hoteles temáticos.

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4. Cita con la cultura 

La apertura del Museo Zeitz Mocaa, en Cape Town, el pasado octubre puso un punto y aparte en la historia de los museos sudafricanos. Ubicado en un antiguo silo del Waterfront, con apenas unos meses de vida ya es el museo de arte contemporáneo africano más importante de todo el continente, y junto al Wits Art Museum, en Johannesburgo, abierto en 2012, está capitaneando una revolución que no solo va de colgar el mejor arte en sus paredes sino de acercárselo a todos.  

Para los visitantes, pero también para los locales que busquen entender la historia del país, y en especial el periodo de segregación racial, hay dos citas imperdibles: The Apartheid Museum (a 8,1 km de Johannesburgo) y la isla de Robben, donde Nelson Mandela estuvo preso. 

Los que quieran remontarse al inicio de los tiempos, tienen en Maropeng, entre Pretoria y Johannesburgo, el centro de interpretación de la Cuna de la Humanidad, con restos de hace 2,5 millones de años. Otros museos interesantes son el African Art Centre (Durban). el Pretoria Art Museum y el monumento de Voortrekker (Pretoria) y el Oliewenhuis Art Museum (Bloemfontein).

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5. Deportes y turismo activo

En la mente de todos los españoles está todavía la imagen de la victoria de la selección nacional de fútbol en la Copa del Mundo de 2010 en el estadio Soccer City de Johannesburgo, que nos dio nuestra primera estrella. Es un recuerdo que tardará en borrarse. Pero no solo para nosotros, sino también para todos los sudafricanos que fueron testigos de un hecho todavía más insólito que el triunfo de La Roja: contemplar el primer Mundial de Fútbol celebrado en suelo africano. Si el soccer ya era aquí el deporte rey, desde entonces la afición es todavía mayor. Pero, además, en Sudáfrica se devociona el rugby y el críquet. Merece la pena ver algún partido en directo si coincide el calendario de la competición. 

Si lo que se quiere es practicar en vez de mirar, y cambiar los prismáticos por las gafas de buceo y las aletas, se puede aprovechar la gran riqueza de sus fondos marinos (eso sí, con neopreno) y hacer submarinismo, calzarse las botas para recorrer alguna ruta senderista o cabalgar por sus playas.

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6. Música con el corazón 

Todo el continente africano lleva la música en las venas y eso se nota no solo en los ritmos ancestrales que salen a relucir casi en cualquier situación y que nacen casi de cualquier objeto cotidiano sino también en la gran oferta de música en directo de todo tipo que hay en todas las ciudades, desde en modestos locales que programan actuaciones algunos días de la semana hasta en clubes de culto o festivales internacionales de gran prestigio. Aunque ceñirse a un solo estilo musical en este país que ha bebido (y sigue bebiendo) de influencias múltiples y ha sabido fusionarlas con su música popular (Drum&Bass, Kwaito, Afrikaans, gospel...) es ponerle vallas al campo, probablemente sea el jazz el principal protagonista, junto al marabi, un estilo sudafricano surgido a principios del siglo XX como la evolución del jazz norteamericano que nació en Johannesburgo

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7. Compras y tendencias de moda 

Ciudad el Cabo fue la Ciudad del Diseño en el año 2014, lo que ya nos da la primera pista de lo que se respira en el país. Marcas locales (capitaneadas por la diseñadora Lucilla Booyzen o Precious Moloi-Motsepe, detrás de African Fashion International) como Missibaba Bags, Kirsten Goss Jewelry, Skinny LaMinx, Pichulik... están triunfando en el papel cuché, en las pasarelas y en las calles, incluso más allá de sus fronteras, con diseños frescos, estampados atrevidos y que hacen guiños a sus raíces, y en muchos casos con materiales reciclados. Para comprobarlo en persona, solo hay que darse una vuelta por las tiendas de Bree Street, en el centro histórico; por el mercado de los sábados en The Old Biscuit Mill, en Woodstock, o por el mercado de diseñadores en el Watershed. En Johannesburgo, el Design Quarter Shopping Centre es un éxito asegurado, con tiendas y espacios para pop ups que dan a conocer a nuevas figuras del diseño sudafricano.