6 parajes extremeños, que ni soñabas que pudieran existir

El patrimonio natural de Extremadura es tan infinito, hermoso y generoso, como inexplorado. Recorremos 6 maravillas de esta tierra de conquistadores, que quizá, sea uno de las menos conocidas de nuestra geografía.

Irene González
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Foto: Estellez / ISTOCK

El tesoro de Monfragüe, las dehesas y los embalses de Extremadura, son algunos de los ecosistemas más valiosos de las tierras extremeñas, y de casi toda la península, pero no los únicos. Este territorio, que perteneció a la provincia de Roma, llamada Lusitania, posee un generoso patrimonio natural. Si los pobladores romanos dejaron un legado histórico y cultural extraordinario, que se pone en valor a diario por sus numerosas excavaciones arqueológicas y programas de conservación, su naturaleza, biodiversidad y ecosistemas, no se quedan atrás. Aunque pocos lo saben, Extremadura es una de las regiones de la Península con mayor riqueza biológica. En esta hermosa tierra los ecosistemas se han determinado por su orografía, por la sabia conservación de sus habitantes, por su variedad de clima, su escasa industrialización, sus condiciones ambientales, y su escasa densidad poblacional, entre otros muchos factores. 

Es patria de dehesas ricas en bellotas que alimentan a su fauna durante el invierno, sobre todo a los cerdos durante la montanera. Las dehesas extremeñas, cuajadas de encinares, alcornocales, quejigares, y melojares, componen uno de los paisajes más bellos de nuestra orografía. Pero también es cuna de praderas y matorrales donde los piornales, jarales, brezales, madroñales, retamares, y tomillares ofrecen alimento para las necesarias abejas. Por sus inéditas estepas sobrevuelan el sisón, la avutarda, el aguilucho cenizo durante el verano, y las grullas durante el invierno. Y en sus montes, el lobo, la chova, el gavilán o el águila real, viven a sus anchas. Pero la máxima expresión de los ecosistemas terrestres de Extremadura, es su bosque mediterráneo continental, un exuberante hábitat de encinas, alcornoques, acebuches, quejigos, melojos, arces de Montpellier, acebos, enebros y tejos. 

Un paraíso en el que conviven joyas como el lobo, el lince ibérico, el águila imperial, el ciervo, la culebra bastarda, y el azor. Otra sorpresa extremeña son sus torrenteras, gargantas, arroyos temporales y ríos, que inundan sus tierras de norte a sur. Y por supuesto sus pantanos, que convierten a Extremadura en la región española con mayor superficie de agua embalsada. En ellos se encuentran como pez en el agua, el fraile, el black-bass, el lucio y la perca. En este escenario lleno de magia, recorremos 6 parajes con encanto que, ni por asomo, soñabas que pudieran existir. 

1 Mina de la Jayona

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Es una antigua mina de extracción de hierro cuya recuperación ha generado un hábitat de enorme belleza, y con unas vistas impresionantes. Ubicada en la pacense sierra de la Jayona, en Fuente del Arco, es un tesoro geológico y natural. Tras su abandono en 1921, se ha convertido en un monumento natural por su gran espejo de falla, por las mineralizaciones de hierro, y su proceso kárstico con estalactitas. Sus galerías, pozos y estructuras mineras, resultan asombrosas.

2 Monte de Valcorchero

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La singularidad de sus afloraciones graníticas, y sus impresionantes alcornocales, hacen de esta ruta corchera, un paraje único, asombroso y de incalculable valor. El Monte de Valcorchero, que es Paisaje Protegido, se despliega en los alrededores de la Sierra del Gordo, en el término de Plasencia. Este monte, que tradicionalmente se usó como tierra de labor, pastos, leña y carboneo, guarda restos de un acueducto del XVI. Fue construido por el cantero Juan de Flandes con el objetivo de llevar hasta Plasencia las aguas desde los manantiales de Cabezabellosa.

3 Parque Natural del Alto Tajo Internacional

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Otro lugar de ensueño es el Parque Natural del Tajo Internacional, un proyecto de cooperación transfronteriza para proteger los recursos naturales, y culturales de la zona. Este impresionante espacio natural, tiene como denominador común el río Tajo en el tramo que forma la frontera natural entre España y Portugal, en la parte oeste de Extremadura. En la parte española están Zarza la Mayor, Alcántara, Brozas, Carbajo, Herrera de Alcántara, Cedillo, Valencia de Alcántara y Santiago de Alcántara, donde se encuentra el Centro de Interpretación del Parque Natural Tajo Internacional.

4 Meandro El Melero

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Se podría afirmar que es uno de los espacios naturales más bellos y singulares de nuestro país. Este espectacular meandro que forma el río Alagón, está al norte de la provincia de Cáceres. Su mirador ofrece una de las puestas de sol más bellas del mundo sobre el río, y las sierras que lo rodean. El Melero es el lugar perfecto para observar la cigüeña negra, el buitre negro y leonado, el águila calzada, o el águila culebrera. La población más cercana es la pequeña Riomalo de Abajo, desde donde sale una pista forestal que llega al propio meandro y su mirador.

5 Los Barruecos

Estellez / ISTOCK

El Monumento Natural de Los Barruecos es un paraje hechicero, donde apenas se ven árboles, sólo rocas. Este mundo de pedruscos y peñascos, que se multiplican al reflejarse en el agua de las charcas, se esconde junto a Malpartida de Cáceres. Sobre sus titánicas moles graníticas anida una de las mayores colonias de cigüeñas de Europa, que con el castañeteo de los picos, convierten al lugar en más fascinante, si cabe. Al sur de la charca del Barrueco de Abajo están los restos de una villa romana, y un conjunto de tumbas excavadas en las rocas. Al este de la misma charca, se encuentran los restos del poblado Neolítico, con pinturas y grabados rupestres, de gran valor.

6 Geoparque Villuercas-Ibores-Jara

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El Geoparque Villuercas-Ibores-Jara es el santuario de vestigios paleontológicos, biodiversidad y una portentosa naturaleza. Es el emblema del turismo sostenible, basado en la geoconservación. Es tan exclusivo, que el Plenario de la Asamblea general de la UNESCO, lo ha declarado Geoparque Mundial UNESCO. Resulta imprescindible acudir al Centro de atención al visitante en Cañamero, y subir al risco de la Villuerca. Desde sus más de 1600 metros, se contemplan las cuencas del Tajo y del Guadiana, y una increíble panorámica de sus cadenas montañosas y de sus valles.