5 templos egipcios fuera de Egipto

 A excepción de Abu Simbel, estos santuarios egipcios se distribuyen en diversos rincones del mundo.

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Foto: Perszing1982 / ISTOCK

¿Qué hace un templo como tú en un país como este? Es una pregunta común que puede asaltar al viajero despistado en un tour por Europa. Y, por supuesto, también es lógico sorprenderse al encontrar un templo entero, construido pieza por pieza, dedicado a Isis en la isla de Manhattan. ¿Cómo habrá llegado hasta allí? 

En la década de los 60, el mega proyecto de la construcción de la presa de Asuán, puso el peligro la integridad de valiosos monumentos del Antiguo Egipto. Situados en la región de Nibia, hasta 24 templos corrían el riesgo de verse totalmente anegados por las aguas. Si aún es posible dejarse maravillar por estas construcciones faraónicas fue gracias a un asombroso traslado llevado a cabo por la Unesco, conjugando una campaña internacional de recaudación de fondos y el trabajo de arqueólogo, ingenieros y otros operadores de la organización. 

En agradecimiento por la ayuda para preservar este valioso patrimonio, Egipto donó algunos de sus templos a diferentes gobiernos que habían colaborado en estas asombrosas tareas de rescate arquitectónico. 

Gran Templo de Abu Simbel

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 Abu Simbel es uno de los emplazamientos arqueológicos del Antiguo Egipto de mayor interés histórico. Fue levantado bajo el imperio de Ramsés II (ca. 1274 a. C.), en homenaje a la batalla de Kadesh, además de estar dedicado al culto de Amón, Ra y Ptah. El propósito de esta magnífica construcción, que duró unos 20 años, era impresionar a las poblaciones del sur y expandir la religión egipcia de la región. 

Para ello, ubicadas en la ladera de una montaña del Antiguo Valle del Nubio, cuatro estatuas colosales del faraón mirando hacia el sol naciente custodian la entrada al templo. Sus paredes se encuentran totalmente recubiertas por fascinantes jeroglíficos que relatan la biografía de Ramsés II, mientras que sus pilares están adornados con detallados motivos de arte militar que desembocan en el techo pintado con buitres alados. Esta impresionante obra de ingeniería clásica fue pensada de tal manera para que el sol iluminara todas las estatuas del santuario, excepto la del dios dios Ptah (dios del inframundo), que se mantenía siempre en la penumbra. 

 Acompañando al Gran Templo, se sitúa otro más pequeño - pero de igual belleza-, que honra a la reina Nefertari y a la diosa Hathor. 

 En 1964, la totalidad del emplazamiento fue trasladado piedra por piedra a unos 231 km al suroeste de Asuán, en la ribera occidental del lago Nasser. Actualmente, es el Museo al Aire Libre de Nubia y Asuán, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979. 

Templo de Ellesiya

En el siglo XV a. C., el faraón Tutmosis III mandó construir un templo para venerar a los dioses Amun, Horus and Satis. Esta obra perteneciente a la 18ª dinastía, se situó entre las dos primeras cataratas del río Nilo, excavándose e insertándose en la propia roca. En esta ocasión, el gobierno egipcio decidió donarlo a otro país cuna de la civilización. Así, en 1965, Italia recibió agradecida este regalo monumental de valor patrimonial incalculable. En la actualidad, tras ser completamente restaurado en los 90, se ha convertido en una de las estrellas del Museo Egipcio de Turín

Templo de Dendur

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El origen de este santuario dedicado a la diosa Isis se remonta al año 15 a. C., por orden del emperador Augusto, en época de Gayo Petronio, prefecto de Egipto. Erigido originalmente en Dendur (Nubia), tuvo que ser trasladado para que se conservase. La primera parada de sus 642 bloques fue la isla de Elefantina. Desde 1967, los magníficos relieves de Isis, Osiris, Horus, acompañados por motivos de flores de loto, se pueden observar en el MET de Nueva York; gracias a la donación que la República Árabe de Egipto hizo en 1965 al Gobierno de los Estados Unidos. 

Templo de Taffa 

Fue construido durante el periodo romano en Egipto, capricho del emperador Augusto. Aunque inicialmente fue una ofrenda en honor a la diosa Isis, en realidad, formaba parte de la fortaleza romana militar Taphis, al sur del país. Finalmente, se convirtió en un templo de culto cristiano. 

Sus 657 bloques de 250 toneladas en total, fueran trasladados en 1971 a los Países Bajos, en esta ocasión, como agradecimiento por el trabajo desarrollado por el egiptólogo Adolf Klasens en las labores de salvamento del patrimonio de Egipto. Klasens era por aquel entonces el director del Rijksmuseum van Oudheden de Leiden y, por ende, el templo se acomodó a su nueva ubicación holandesa. Actualmente, se encuentra en el ala del Museo Nacional de Antigüedades de la ciudad de Leiden.

Templo de Debod 

Berta Rubio / ISTOCK

Muy cerca de Plaza de España, un templo egipcio observa, desde las alturas, el horizonte urbano de Madrid. El templo de Debod comienza su historia en el siglo II d. C., cuando el rey de Meroe Adijalaman construyó una capilla en honor a Amón e Isis. Este santuario se amplió con nuevas estancias durante el reinado ptolemaico, para culminarse bajo la hegemonía del Imperio Romano con Augusto, Tiberio y Adriano

En los 60, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser cedió la potestad del templo nubio al régimen franquista. Una vez trasladado piedra a piedra y reconstruido de nuevo manteniendo su orientación original, desde 1972, se ha convertido en uno de los mayores atractivos de la capital.