5 pueblos norteños que rebosan encanto

Cambiamos el ajetreo de la ciudad por el sosiego de estos pueblos en la época de más calor. Los destinos más atractivos no están a miles de kilómetros. No hace falta ir muy lejos para olvidarnos de la canícula de la urbe. Para descubrir pueblos que rebosan encanto, solo hay que dirigir nuestros pasos al norte.

Irene González
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Foto: changered / ISTOCK

Los pueblos del norte se descubren una y otra vez. Siempre ofrecen una perspectiva nueva, unas playas irresistibles, una naturaleza exuberante y un mar tan bravío como envolvente. Encanto y mesa van muy ligados en tierras norteñas. Si España es el paraíso de la buena mesa por su calidad y su variedad, el norte posee fama de excelente gastronomía. Los caseríos norteños conservan sus tradiciones, combinan montaña y mar y guardan rincones que embelesan. El Principado de Asturias esta cuajado de localidades que destilan atractivo. Es complejo quedarse con un único pueblo, cuando la ruta costera ofrece localidades tan imponentes como Ribadesella, Lastres y Luarca. Pero, aunque resulte imposible, la recóndita Cudillero, atrapa nada más poner un pie en sus calles. Es como llegar al paraíso. Su paisaje increíble, sus señeras playas, sus verdes valles, sus ríos, cascadas, y sus vertiginosos acantilados, enamoran a primera vista, quizá por ello es Conjunto Histórico Artístico. Su municipio conjuga tres interesantes y diferentes formas de vida. La de pescadores y agricultores ubicados en la marina, la de aldeanos de los valles interiores, y la de los pastores que ocupaban las partes más altas de las montañas. Y todas son irresistibles.

Huesca es tentadora, es naturaleza y montaña infinita. En esta tierra aragonesa también es arduo decidirse por un destino, porque Aínsa y Ansón resultan sugestivos, pero nos decantamos por Panticosa, el edén de la naturaleza, un paraíso cercano a la frontera francesa, rodeado de macizos de gran altura. El verano es ideal para practicar senderismo, escalada y equitación, así como para refrescarse en cualquier rincón del desconocido y fascinante Valle de Tena, donde se ubica.

La costa vasca es otro destino tentador y auténtico, todos sus pueblos pesqueros son apetecibles. Entre ellos, Bermeo llama la atención por los vivos colores de sus fachadas y de los cascos de sus barcos. Aquí está el majestuoso monte Gaztelugatxe donde se alza su mítica ermita del siglo X.  Y muy cerca son imprescindibles la Reserva de la Biosfera del Urdaibai, y la playa de Mundaka, el santuario para surfistas.

La gallega Muxia es otro enclave irresistible. Cuenta la leyenda que la Virgen acudió hasta aquí en una barca de piedra para dar ánimos al Apóstol Santiago y que los restos de esta embarcación son hoy las gigantescas piedras, con propiedades mágicas, que yacen junto al Santuario de la Virgen de la Barca. Sus playas son idílicas y salvajes, y su mesa, la envía del mundo entero.

La Comunidad Foral de Navarra es otro territorio que enamora. En ella, Olite, a orillas del río Zidacos, se alza como un escenario de cuento con pinceladas romanas y medievales. Además, gracias a las generaciones de bodegueros, han hecho de Olite el destino perfecto para amantes de los grandes caldos. Todas están cerca, y todas son irresistibles. ¿A qué esperas?