5 pasos tras los Gancheros por Guadalajara

José Luis Sampedro dedicó a estos hombres recios, su novela "El río que nos lleva". En agosto se celebra la Fiesta de los Gancheros, una conmemoración al titánico esfuerzo de estos valientes que descendían por el Tajo. En aquel colosal descenso, llevaban enormes troncos cortados en sus sierras hasta llegar a Aranjuez o Toledo.

Irene González
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Foto: Raul Hernandez Balbuena / ISTOCK

Guadalajara custodia una red de cañones y hoces inimaginables. Hasta que no se está a pie de ellos, resulta imposible pensar que tanta belleza se pueda esconder en el centro de la península. Están en el Parque Natural del Alto Tajo, una de las cumbres de la biodiversidad de Castilla La Mancha, repleta de hoyas, agujas, cuchillos y monolitos entre los que se precipita el Tajo. José Luis Sampedro dedicó 9 años a documentarse y asimilar el paisaje del hoy Parque Natural, para escribir una de sus novelas más celebradas, El río que nos lleva. En ella narra la última gran maderada, la que se hizo a mediados de los años 40 del siglo pasado. Aquellos gancheros eran intrépidos y valientes, los únicos que osaban convivir con las aguas del río. Su ancestral oficio era, sin duda, muy peligroso.

El Tajo, de fuerza y bravura no se lo ponía fácil a aquellos hombres por sus crecidas inesperadas, y los pasos comprometidos que tenían que salvar. Y en este espectacular paraje natural, desde hace más de 20 años se celebra la Fiesta de los Gancheros del Alto Tajo. La tradición de los gancheros es la historia de la superación. De los pinos de estos lares salía la madera para la construcción de los palacios de Aranjuez, en un tiempo en que las vías de comunicación eran prácticamente inexistentes. Así que, la lejanía y las malas comunicaciones, obligó a los gancheros a valerse del Tajo. Los troncos de los pinares que crecían a orillas del río se dejaban secar más de un año, hasta que en marzo, con la crecida del Tajo tras el invierno, se echaban al agua ayudándose de los ganchos.

De este modo, durante siglos, la madera surcó las aguas del Tajo para llegar a Aranjuez, Toledo y Talavera de la Reina. El Tajo acarreó, a los mandos de los gancheros, madera durante cinco siglos. Estos pastores del agua movían cada año más de 50.000 troncos, con un titánico esfuerzo que se rememora cada año con la Fiesta Ganchera, declarada de interés turístico regional. Los abruptos parajes alcarreños que surca el Tajo, están cuajados de pequeñas e intensas localidades que viven con pasión su historia, y que recuerdan con fervor el esfuerzo de sus antepasados.

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Molina de Aragón

Está vigilada por un castillo-alcázar que es uno de los conjuntos fortificados más grandes de España. Destaca su gran muralla exterior, que durante la Edad Media protegía la ciudad. En Molina destacan sus palacios pero también sus iglesias, como la de Santa Clara, del siglo XII, y dos antiguos barrios, el de la Judería y el de la Morería, que parecen salidos de otra época.

Taravilla

Los más aventureros deben dejarse caer por la laguna de Taravilla, a la que se puede acceder por una pista desde el puente colgante del Martinete. El paisaje acompaña hasta la laguna sobrecoge por toda la belleza que amasa. El esfuerzo de subir un pequeño repecho hasta llegar al mirador, realmente compensa. Muy cerca se encuentra el Salto de la Poveda. En su término, está la muela del Conde, un inexpugnable cerro, con un pozo, y ruinas de murallas y castillos.

Joaquin Ossorio-Castillo / ISTOCK

Campillo de Dueñas

Campillo se asienta en una zona de extraordinaria belleza, en la ladera de la Sierra de Caldereros, rodeada de parajes de encinares y jarales. Su iglesia de Santa Catalina del siglo XVII, llama la atención por su enorme dimensión. Y espectacular su fortaleza, del siglo XII. Es el extraordinario Castillo de Zafra, que se alza sobre una atalaya rocosa que ya fue utilizada por los árabes como defensa. Su mágica ubicación le ha hecho ser escenario de Juego de Tronos.

Luzaga

En la pequeña Luzaga destaca el palacio del Señor de Montcada, virrey de Catalunya, y la preciosa iglesia románica de Nuestra Señora de la Asunción. En el mismo núcleo está el yacimiento romano de los Palacios, hallado en 1981. Tiene una necrópolis celtibérica fechada en los siglos IV-II a.C. y un conjunto termal romano de finales del siglo I d.C., con mosaicos, cerámica y vidrio.

Sacecorbo

La pequeña Sacecorbo, que no llega a 100 habitantes, se incluyó en el siglo XV al Ducado de los Medinaceli, que la tuvieron hasta 1812. Interesantes su iglesia parroquial de San Bartolomé del siglo XVII, por su gran espadaña, y su pequeña Plaza Mayor. En su término están las Cuevas de las Majadillas, que con su espectacular Sala del Tanque, hacen las delicias de los espeleólogos federados.