5 miradores gallegos para observar los temporales de invierno

La costa gallega es un lugar único para admirar la fuerza de la naturaleza.

Manuel Mateo Pérez
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No hay que esperar a una ciclogénesis explosiva, pero hay días de temporal donde el océano Atlántico azota las costas y donde su ímpetu es un verdadero espectáculo. He aquí cinco lugares desde donde observar con toda seguridad su fuerza.

El Alto del Príncipe

Las Islas Cíes, frente a la costa de Vigo, representa un escalón más hacia el océano Atlántico. Una vez que el barco atraca en la pequeña dársena las posibilidades de realizar excursiones por el interior de la isla se multiplican. Todas ellas están señalizadas en los paneles de la caseta de información que abre sus puertas en uno de los espacios naturales protegidos más valiosos de toda Galicia. La subida al Alto del Príncipe es una de las más conocidas y de las más bellas. Es una ruta de baja dificultad, de una hora de duración, que trepa hasta un altozano desde donde se admira la inmensidad del Atlántico.

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Cabo de Vilán

La costa da Morte es una de las rugosidades geográficas más bellas de este país. Epicentro de mitos y leyendas, de barcos naufragados y olas que devoran la osadía del hombre por dominar la naturaleza, este rincón de la Galicia alta está expuesto a los envites del océano, a los temporales sin tregua y a los vientos que obligan a los pescadores a quedarse en tierra. El Cabo de Vila y su faro es uno de esos lugares extremos desde donde observar la feracidad de la mar. En días de temporales las olas trepan por la llamada Furna dos Infernos hasta conseguir aplacarse en la ensenada de Arneliña. El pueblo de Camariñas está al lado, protegido al otro lado de una pequeña bahía y es principio de ruta de numerosos senderos hacia la costa.

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Faro de Muxía

El faro de Muxía es uno de los iconos luminosos más singulares de la Galicia marinera. Los pescadores más veteranos, cuando en las noches oscuras divisan su haz de luz, sienten que el hogar está más cerca. El faro se alza a un lado de la punta da Barca, que es el saliente más conocido y pedregoso del faro. Al lado está el santuario de Nosa Señora da Barca donde los vecinos del pueblo rezan ante la santa imagen pidiendo protección para los marineros. Da Barca es un templo en piedra, expuesto a los vientos y los temporales, donde las familias de los pescadores muertos depositan oraciones y exvotos. Desde su lonja, en días de temporal, el océano es de una belleza inenarrable. El pueblo y su puerto está protegido en el interior de la bahía. Calles estrechas, pequeñas plazas y restoranes donde sirven el mejor pescado y marisco.

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Estaca de Bares

En 1933 la Estaca de Bares, el punto geográfico más al norte de España, fue declarado Sitio Natural de Interés Nacional. Desde entonces no ha dejado de sumar títulos de protección. En este enclave simbólico se unen las aguas del océano Atlántico y del mar Cantábrico, y desde su faro y el sendero que desciende hasta los roquedales azotados por las olas se divisa la ría de Ortigueira, la de O Barqueiro y algunos de los acantilados más ciclópeos de la costa norte gallega. Además, la Estaca de Bares es un observatorio único desde donde observar el vuelo de las aves migratorias y las aves acuáticas.

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Acantilados de A Capelada

A Capelada son los acantilados más altos de España y figuran entre los mayores de Europa. Se hallan en la Sierra de la Capelada, entre los municipios de Cedeira y Ortigueira. Un bosque de eucaliptos trepan hasta este lugar situado por encima de los seiscientos cincuenta metros donde se hallan las ruinas de la denominada Vixía Herbeira, un mirador construido en piedra al lado de uno de los principales parques eólicos del norte peninsular. Desde este lugar las vistas son indescriptibles, en especial en días despejados y poco ventosos. Si por el contrario subimos a él en días de mucho viento tendremos que tener especial cuidado porque las rachas de aire nos tumban (literalmente).