Mis 5 lugares favoritos del mundo: destinos capaces de encoger el corazón

Solemos escribir de muchos lugares, pero no siempre nos detenemos a analizar aquellos que nos cautivaron. Aquí van mis 5 lugares favoritos del mundo (por ahora).

Unos cuantos lugares del mundo que deberías conocer.
Unos cuantos lugares del mundo que deberías conocer. / Istock / Nikada

Seguro que en algún momento de tu vida has oído hablar de las serendipias. Esta palabra, procedente del inglés “serendipity”, fue un neologismo acuñado en 1754 por el escritor y político Horace Walpole a partir de un cuento persa llamada “Los tres príncipes de Serendip”, antiguo nombre con el que también se conocía a Sri Lanka, posiblemente mi país favorito.

Una serendipia, como quizás sospechabas, significa “hallazgo afortunado”, y hace alusión a aquellos descubrimientos que realizamos de forma accidental y superan las expectativas, incluso cambian el curso de nuestro destino.

Aplicada al mundo de los viajes, la serendipia evoca todo aquello “inesperado” que se queda grabado en tu mente y tu corazón para siempre. Los siguientes lugares del mundo que aquí os comparto siguen siendo grandes serendipias porque algunas llegaron por accidente, y otras superaron todo aquello que había imaginado.

Trinidad (Cuba)

Si tuviera que elegir un lugar del mundo, ese sería Trinidad, ciudad patrimonio Unesco ubicado al sur de Cuba. Esta antigua capital azucarera, cuya actividad se detuvo alrededor de 1850 debido a sendas guerras de la independencia, es hoy un atajo al pasado en forma de calles empedradas por las que aún circulan los coches de caballos, ecos de salsa y guaguancó procedentes locales exuberantes y, por supuesto, fachadas que reúnen más de 70 colores diferentes. Como buen amante de los viajes cromáticos, Trinidad es un lugar que siempre llevaré conmigo (y al que espero volver).

Vista aérea de Trinidad, en Cuba.

Vista aérea de Trinidad, en Cuba.

/ Istock / Eloi_Omella

Templo Ramanathaswamy (Rameshwaram, India)

Debo reconocer que el pueblo de Rameshwaram, ubicado en una isla de Pamban que marca la transición de la India a Sri Lanka, no es el más llamativo del mundo. De ahí que aquel día de octubre de 2023, tras caminar entre casas de puertas forradas de conchitas y seguir los rebaños de cabras hasta el austero templo Ramanathaswamy, no tuviera grandes expectativas.

Interior del Templo Ramanathaswamy

Interior del Templo Ramanathaswamy

/ Istock / Satish Parashar

Hasta que giré cierto pasillo interior. Justo en el momento en que el sol está en lo alto, los rayos de luz juegan con los colores de las columnas que forman el mayor corredor de un templo de la India, con 197 metros de longitud custodiados por 1212 pilares de intrincados exquisitos. Posiblemente este templo no aparezca en las principales rutas viajeras de la India, pero para mí se ha convertido en un fascinante refugio en la memoria.

San Juan Chamula (México)

México siempre me gana (especialmente, a través del paladar). Pero cuando hablamos de sus emblemas, cuesta decidirse: podría volver al barrio de Coyoacán en CDMX o al de Jalatlaco en Oaxaca, pero pocos lugares se comparan a San Juan Chamula. Este pueblo ubicado a pocos kilómetros de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, es una de las cunas de la comunidad tzotzil o chamula, la cual practica diversos rituales en torno al sincretismo - mezcla de religiones cristiana e indígena -.

Iglesia de San Juan Chamula, en México.

Iglesia de San Juan Chamula, en México.

/ Istock / SL_Photography

Uno de los epicentros para contemplar estas ceremonias es el Templo de San Juan Bautista, en el pueblo de San Juan Chamula, con su pórtico de verdes y simbología que enlaza con una alfombra de ramas de ocote - pino autóctono - que se despliega hasta el interior. A medida que avanzas, descubres familias en torno a un pollo al que sacrificarán, mientras alguien grita al fondo tras sucumbir a las artes de un chamán. Un ambiente místico único que se queda entre tú y el lugar, ya que está totalmente prohibido tomar fotos del interior. Según los locales, las instantáneas roban parte del alma de las personas y, si te ven tomando buscando la foto típica de Instagram, puede que lo lamentes…

Samsen (Bangkok, Tailandia)

Últimamente se habla mucho del ‘soft travel’ o la genialidad de quedarte en un lugar y limitarte a descansar en el hotel, pasear por las calles o husmear en sus mercados. Hace unos meses, y sin saber mucho aún de ese “viaje suave”, me vi en la zona de Samsen, un área al norte de la turística calle Khao Shan de Bangkok, donde podría haberme quedado a vivir. No hay nada mejor que escribir en sus cafés, husmear en el supermercado 7-Eleven de turno, hablar con los vecinos y echar la tarde “a la fresca” tailandesa, o degustar la comida de sus austeros pero fascinantes restaurantes. Más que un lugar, un estado de la mente.

Un acantilado al que no sabría volver en Jávea

Tengo debilidad por los pueblecitos costeros de puertas azules y verdes: desde el canario Majanicho, en Fuerteventura; hasta Las Negras en Cabo de Gata, pasando por Cala S’Alguer, en Girona; o mi cercana Portixol, aquí en Alicante. Fue en esta cala en la localidad de Jávea desde la que un día mi amigo, el fotógrafo Javier Lozano, y yo emprendimos la marcha hasta perdidos acantilados junto a Creus, un sabio hombre que aún pesca en la peixquera, una plataforma hecha de cañizo que se despliega en las escarpadas bases del litoral alicantino para capturar calamar. No sabría volver a ese lugar, quizás porque allí, la mirada contemplativa se perdió en espacio y tiempo para siempre. 

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