5 experiencias para 5 ciudades españolas Patrimonio de la Humanidad

La vuelta de tuerca de las nuevas tendencias para cuando podamos viajar

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: bluejayphoto / ISTOCK

España tiene la suerte de contar con un nutrido grupo de ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad. Ciudades cuyos cascos históricos, en la mayoría de los casos, junto con otras partes de su patrimonio han sido reconocidas con tal distinción. Son ciudades que nos atraen en sí mismas por el reclamo de pasear por sus calles y conocer sus monumentos, degustar su gastronomía o disfrutar de la idiosincrasia de su población pero, en los últimos tiempos, se están dando nuevas formas de turismo que apuestan por lo vivencial en escenarios ya ampliamente visitados.

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Es por ello que las tendencias que han cogido fuerza, en relación con las ciudades Patrimonio de la Humanidad, tienen que ver con la unión de la propia visita y nuevas fórmulas que nos sugieren experiencias diferentes a la hora de visitarlas, como las que aquí proponemos.

Córdoba a través de sus rincones con encanto

Muchos de los turistas que visitan Córdoba se ciñen al tradicional circuito de la Torre de la Calahorra, el Puente Romano, la Mezquita-Catedral y la Judería, pero la «ciudad de las tres culturas» es mucho más que eso. Una de las caras de la población andaluza que más fascinan al visitante es el ambiente de sus calles y plazas, con un encanto que tienen pocas ciudades en el mundo y que se muestra de manera especial en muchos rincones de Córdoba, fuera de las aglomeraciones de turistas.

Plaza de la Corredera | Charles03 / ISTOCK

Rincones como la Plaza de Jerónimo Páez con el Museo Arqueológico en uno de sus costados, la cuesta del Bailío con su efervescencia de buganvillas y la Plaza Capuchinos con la impresionante figura del Cristo de la Misericordia, que por la noche nos cautiva; la animada y sutil Plaza de las cañas, la intimidad de la Calleja del Pañuelo, o los relativamente poco visitados Zoco Municipal o Posada del Potro…

La Mérida alternativa, un auténtico descubrimiento

La antigua Augusta Emerita romana y todo su legado suponen la cara conocida por todos de esta increíble ciudad extremeña. El Templo de Diana, el Circo romano, el Museo Nacional de Arte Romano, el Puente Romano y, sobre todo, el Teatro Romano, con su magnífico Festival de teatro clásico, son sus baluartes de cara al turismo. Sin embargo, merece mucho la pena descubrir su lado menos conocido, con lugares sorprendentes que nos permitirán tener una experiencia muy diferente de nuestro paso por ella.

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De esta manera, nos quedaremos atónitos con el Acueducto de los Milagros, con sus 830 metros de largo y su excelente estado de conservación; o con el Puente romano de Albarregas, punto de partida de la Vía de la Plata; o bien con su Cocatedral de Santa María de Jerusalén, el mítico templo que según la leyenda albergó temporalmente parte del tesoro del Templo de Jerusalén, como la «piedra de luz» o la «mesa de Salomón»; sin olvidar la imprescindible Basílica y cripta de Santa Eulalia, el punto central de una de las primeras mártires del cristianismo.

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Salamanca desde los ojos de Cristóbal Colón, Unamuno y Santa Teresa de Jesús

El color de la piedra de las canteras de Villamayor ha dado fama internacional a esta población castellana, convirtiéndola en una de las ciudades más bellas de España, con un patrimonio excepcional y el esplendor de la ilustre e histórica Universidad de Salamanca que la confiere ese carácter estudiantil. Personajes tan importantes como Cristóbal Colón, Santa Teresa de Jesús o Miguel de Unamuno han dejado su huella en la ciudad y seguir su rastro nos puede proporcionar una experiencia charra fuera de lo común.

Salamanca, la ciudad castellana que convive entro lo nuevo y lo viejo, tiene además dos catedrales: la Vieja, de estilo románico y la Nueva, una de las más recientes representaciones de la arquitectura gótica en España. Su reflejo en el rio Tormes ofrece una de las imágenes más icónicas de la ciudad.  | Manjagui / ISTOCK

Entrar al Convento de San Esteban y sentir el lugar donde se hospedó Cristóbal Colón gracias el prior Diego de Deza, que intercedió por él ante los Reyes Católicos para promocionar su viaje a Las Indias; o recorrer el convento hasta encontrar el confesionario donde acudía Santa Teresa de Jesús para sumergirnos en su universo místico, antes de conocer la casa de Juan de Ovalle, su cuñado, que se la cedió para alojarla mientras creaba una de sus Fundaciones; o, cómo no, visitar la Casa Museo Unamuno, donde vivió durante 14 años el tres veces rector de la Universidad de Salamanca, famoso por su frase antes del estallido de la Guerra Civil «¡Vencer no es convencer!».

De San Cristóbal de la Laguna a Santa Cruz de Tenerife en tranvía

San Cristóbal de La Laguna fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999 gracias a un patrimonio único, fruto de su larga historia a través de cinco siglos. El trazado rectilíneo de esta población llama la atención nada más llegar a ella, aunque no es la única sorpresa. Asombran también lo llano de su extensión – se encuentra ubicada en una pequeña meseta -, así como su alta humedad, su microclima lluvioso y una temperatura varios grados inferior a la que nos encontramos en Santa Cruz de Tenerife.

San Cristóbal de la Laguna La importancia de esta ciudad tinerfeña radica en que es el único ejemplo de de ciudad colonial no amurallada del mundo. Su arquitectura y trazado se tomaron de ejemplo para construir las ciudades coloniales americanas. Hoy en día este trazado está intacto y se puede pasear por él como si tal cosa. | Wikipedia

Precisamente tomar el tranvía que une ambas poblaciones es una de las experiencias más atípicas entre los turistas pero más recomendables y sorprendentes que se pueden realizar tras visitar San Cristóbal de la Laguna. Las dos líneas del tranvía urbano que hacen este trayecto nos conducen por una larga cuesta de varios kilómetros que nos brinda unas vistas increíbles y nos hacen entender la influencia del Teide en la orografía de la isla. Un regalo de experiencia que nos costará el precio de un billete sencillo en tranvía.

Ibiza más allá de la fiesta: patrimonio y jazz

Normalmente asociamos la isla de Ibiza y su capital con todo el turismo asociado a las discotecas, las calas, los movimientos hippies… pero la ciudad de Ibiza tiene una parte que se acerca a otra dimensión mucho más tranquila y con una gran belleza. Su parte antigua, la Dalt Vila, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, con sus empinadas calles adoquinadas, sus casas de color blanco, sus tonos azules y sus extensas fortificaciones, forman un conjunto de indudable valor del sabor más auténtico de la población.

El casco antiguo de Ibiza es conocido como “Dalt Vila”. Rodeado de murallas, declaradas Patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1999, es una de las zonas con mayor atractivo cultural de la isla. El barrio está coronado por la Catedral de Ibiza, pero también cuenta con un multicultural ambiente que reina en lugares que no te perder perder, como la Plaza de Vila o la Plaza de Sa Carrosa. | Juergen Sack / ISTOCK

Es este espacio - en el baluarte de Santa Llúcia - uno de los lugares donde se ha venido llevando a cabo a finales de cada verano desde hace 32 años el festival Eivissa Jazz, que reúne en un espacio histórico con unas vistas increíbles a artistas de talla nacional e internacional de este estilo musical, así como de otros asociados como el soul o el blues. Un festival al que se ha sumado recientemente el Jazz Point Ibiza que se celebra en el mes de marzo, poniendo a la isla como una de las referencias anuales en los festivales de jazz de todo el mundo.