5 espectáculos naturales para seguir disfrutando del Algarve este otoño

Pensar en el Algarve supone imaginar kilómetros y kilómetros de playas paradisíacas, pueblos de casas blancas y platos deliciosos de pescado y marisco. Pero el Algarve es mucho más y es disfrutable todo el año, más aún a merced de su clima siempre agradable y sus cielos característicamente azules.

Redacción Viajar
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Foto: ajcabeza / ISTOCK

El Algarve es naturaleza en todas sus formas y escenarios, que se pueden seguir disfrutando más allá del verano. Con sus temperaturas agradables y cielos azules, el Algarve invita a descubrir enclaves naturales como la ría Formosa, subir al pico más alto de la región, en la sierra de Monchique, o experimentar grandes dosis de relax en sus aguas salinas. Éstas son sólo algunas ideas de las muchas que sigue ofreciendo el sur de Portugal para una escapada de otoño-invierno. 

Siete Valles Colgantes, una ruta mirando al mar

European Best Destinations ha elegido este sendero como el “Mejor recorrido de Europa para practicar senderismo” y razón no les falta. Son seis kilómetros de recorrido (11,5 entre ida y vuelta) en los que el mar ha ido tallando la roca hasta crear los siete valles que dan nombre al sendero.

Turismo de algarve

Es un entorno de gran riqueza natural, donde viven diferentes especies de flora y fauna: las aves marinas habitan en las paredes de las rocas, los murciélagos eligen las cuevas y diferentes tipos de arbustos crecen en los lugares más insospechados.

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Cada paso ofrece nuevas vistas al océano Atlántico, descubre nuevas grutas, calas y playas y permite observar construcciones ligadas al mar como los faros. Además, en los alrededores, se encuentran algunas visitas imprescindibles para el turista como la playa de la Cueva Redonda, la de Marinha o la cueva de Benagil.

El spa de las salinas

Hace miles de años que la sal se convirtió en sustento para los habitantes de Castro Marim. Hoy, su producto estrella se encuentra en las cocinas de restaurantes de medio mundo y, a su vez, las salinas, ubicadas en la reserva natural de Sapal de Castro Marim, se han convertido en un atractivo turístico.

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Hay visitas guiadas para conocer cómo se produce la sal y la flor de sal, descubrir, de primera mano, el trabajo que se hace en las salinas, aprender sobre su historia y observar la relación entre el enclave y la flora y la fauna de la zona. La última novedad es un spa salino, el spa Agua Mãe.

Sapal de Castro Marim

Lo primero que destaca del spa es el sitio elegido, ya que han aprovechado una salina como piscina. Su concentración de sal provoca que sumergirse en ella sea, prácticamente, como flotar en el mar Muerto, pero en pleno Algarve. La actividad es muy relajante y la gran cantidad de minerales resulta beneficiosa para la piel. El baño se puede completar con un amplio abanico de experiencias: coberturas con arcillas salinas, relajantes, yoga o exfoliaciones con sal forman parte del repertorio de este spa tan singular

Fóia, el punto más alto del Algarve

El interior del Algarve ofrece grandes extensiones de campo, pequeñas aldeas que conservan la arquitectura y las tradiciones de antaño, una gastronomía ligada al cultivo de la tierra y a la ganadería extensiva y kilómetros de senderos que permiten disfrutar del Algarve más pausado.

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Entre ellos se encuentra el camino de 7 kilómetros del monte Fóia, en la sierra de Monchique. Situado a 902 metros de altitud es el punto más elevado de la región y el lugar perfecto para contemplar una buena panorámica ya que, en los días claros, se ve hasta el Atlántico.

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La sierra de Monchique también permite a los amantes de la ornitología pasar horas observando aves, a los senderistas, kilómetros de caminatas en un espacio verde y descubrir lugares que guardan tradiciones con siglos de antigüedad. Por ejemplo, la aldea de donde es originario el licor de madroño, tan típico del Algarve.

El atardecer más bonito del mundo en el Cabo de San Vicente

Si hay un momento mágico en el Algarve ese es el atardecer. Cuando el sol se pone en el Atlántico, multitud de personas acuden a alguno de los enclaves costeros y, aunque existen muchos lugares en los que disfrutar del espectáculo, hay algunos especialmente singulares. Uno de ellos es el cabo de San Vicente, en el extremo suroccidental del Algarve. Por su ubicación, este lugar está lleno de misticismo desde hace miles de años. De hecho, durante la época romana, se le conocía como Promontorium Sacrum y algo de experiencia mística tiene visitarlo.

D.R

Lugar de batallas y de idas y venidas, en el cabo de San Vicente, se percibe el peso de la historia. Su fortaleza del siglo XVI, levantada para protegerse de los ataques piratas, y el faro que se asoma al acantilado son buena muestra de ello. A pesar de las construcciones, la fuerza de la naturaleza gana por goleada. Cualquier hora del día es buena para visitarlo, para asombrarse de la altura de los acantilados que caen al océano, para disfrutar de las vistas y del trasiego de barcos.

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El momento mágico llega al atardecer, cuando el enorme disco rojizo desciende hacia el mar y se oculta hasta un nuevo día, regalando al visitante el atardecer más bonito del mundo.

Ría Formosa, el Atlántico más apacible

La ría Formosa doma las aguas del implacable Atlántico cuando llegan a ella. Formada por cinco islas (Cabanas, Tavira, Armona, Culatra y Barreta), multitud de canales, lagunas de agua dulce y kilómetros de playas, este espacio natural se puede disfrutar de muchas maneras. Es un remanso de paz, tanto para los turistas como para sus habitantes, aves en su mayoría. Aquí se juntan las especies marítimas autóctonas con aquellas migratorias que vienen en determinados momentos como las ánades o los flamencos.

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Y además de ser un refugio para la fauna y un paraíso para los ornitólogos, en la ría Formosa se mantienen los modos de vida de antaño. Sus pequeñas poblaciones pesqueras, como Ilha da Culatra, salpican el territorio y trasladan al visitante a otras épocas. La mejor manera de visitar la zona es en barco, ya sea con una embarcación privada o con visitas guiadas. La mayor parte de las excursiones recorren los canales, se acercan a algunas de las islas y permiten descubrir la riqueza natural del territorio y observar sus inmensos y apacibles arenales, que aparecen y desaparecen con las mareas.

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Playas como Ilha Deserta aseguran con su nombre buenas dosis de relax para todo aquel que la visita. Y quien prefiera actividades más dinámicas, hay zonas especialmente adecuadas para la práctica del snorkel.

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