5 enclaves sobrecogedores sobre Ordesa y Monte Perdido

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido es uno de los santuarios naturales y paisajísticos más fascinantes de cuantos se pueden contemplar en España. Sus límites protegidos constituyen el tramo más puro y espectacular de los Pirineos aragoneses.

Carolina Oubernell
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Foto: Jose Angel Astor Rocha / ISTOCK

Monte Perdido

El Monte Perdido, con sus 3.355 metros de altitud, constituye el mayor macizo montañoso calcáreo de Europa. A su lado se encrespan las cumbres del Cilindro y el Pico de Añisco –el Soum de Ramond-, formando la mitológica y legendaria unión de las Tres Sorores.

Los Cuatro Ríos

Las aguas de los ríos Arazas, Bellós, Yaga y Cinca riegan los campos siempre verdes, las colchas de hierba fresca, las laderas pintadas con los colores más bellos jamás soñados. Las cascadas salvan con indolencia los barrancos, los precipicios y los farallones de roca porosa, creando paisajes que no pueden explicarse ni con todos los adjetivos de una lengua.

Aínsa

Adwo / ALAMY

Aínsa es uno de las poblaciones más bellas de España. Dos ríos la abrazan: El Cinca, que baja del Valle de la Pineta, y el Ara, del Valle de Ordesa. Acariciando la falda sur del viejo castillo, erigido allá por el siglo Once, el caminante alcanza la más bella plaza Mayor del Alto Aragón. Su recinto asimétrico, sus casonas y soportales medievales le han valido el título de conjunto histórico artístico.

Bielsa

Capital del Alto Cinca y puerta de entrada y salida del parque nacional por el oeste, Bielsa es nudo de comunicaciones entre los valles, núcleo comercial y administrativo y portal de entrada a Francia. Hoy un túnel hermana los dos países. De no ser por un par de indicaciones aduaneras ningún caminante se atrevería a diferenciar ambos paisajes. El Pirineo francés no es más que una continuación de los encantos que prodiga Ordesa y el Monte Perdido.

Valle de Chistau

Gonzalo Barcelón Moreno / ISTOCK

El valle de Chistau es uno de los espacios naturales que mejor conserva la biodiversidad del Pirineo oscense y los modos de vida tradicional de sus viejos pobladores. Aquí está Tella, un pueblo rescatado de una fábula pastoril. Sólo tiene una calle, un puñado de ermitas románicas y unas cuantas casonas medievales esculpidas en la piedra. Tella fue una villa muy dada a las leyendas brujeriles.